Diario Vasco

El Palacio Miramar busca nuevos usos

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Fachada principal y jardines del Palacio Miramar, construido en 1892 e inaugurado un año más tarde por la Reina María Cristina de Habsburgo. / USOZ

  • Las visitas guiadas y una cafetería son algunas de las alternativas que se barajan

  • El consorcio que gestiona el inmueble estudia la estrategia a seguir y la viabilidad de algunos proyectos

En septiembre del año pasado la música dejó de sonar en el Palacio Miramar. Los alumnos de Musikene se trasladaron al nuevo edificio del centro superior de música en el barrio del Antiguo, dejando libres los mil metros cuadrados que ocupaban en Miramar. Un espacio ahora en desuso, al que sus gestores quieren buscar una salida.

El consorcio que se encarga de revisar y decidir la actividad a desarrollar en el palacio, compuesto por representantes del Ayuntamiento de San Sebastián, Diputación Foral de Gipuzkoa y Gobierno Vasco, ya ha encargado estudios, con distintas ideas y proyectos, que ayuden a definir la estrategia a seguir y los posibles usos a dar al edificio.

Desde el ayuntamiento donostiarra admiten que el tema se está abordando «al más alto nivel» por parte de las tres instituciones, porque se le quiere dar una salida viable al edificio. Conscientes de que es un lugar emblemático de la ciudad, integrado en la 'postal' que representa la bahía de La Concha, fuentes municipales insisten en que el edificio tiene un gran valor arquitectónico y que hay que preservarlo, pero que sin embargo, hay que darle un uso. No quieren que se repita la situación que se da con el Palacio Artaza (Leioa), propiedad del Gobierno Vasco, que apenas es utilizado para organizar actividades (el ayuntamiento de la localidad suele alquilarlo para celebrar enlaces matrimoniales).

Conscientes de que el mantenimiento del Palacio Miramar es costoso, desde el ayuntamiento ya se trabaja en conseguir un proyecto de uso que sea económicamente viable para el equipamiento, aunque a fecha de hoy, no quieren hacer públicas las propuestas que se están analizando. Preguntados al respecto, la respuesta que se da desde Ijentea se limita a un escueto «se quiere mantener el edificio, pero con una gestión sostenible». Se insiste en que es un espacio público, por lo que la ciudadanía tiene derecho a su uso y disfrute.

En la misma línea se expresa el representante del ente foral en el consorcio, Mikel Díez Sarasola. «Queremos que se haga una reflexión participativa, teniendo en cuenta a todos los agentes institucionales, educativos, culturales y empresariales, para saber qué hacer con este equipamiento. Se va a partir de la premisa de que es un espacio público, por lo que no se pondrá todo el edificio a disposición de una actividad hotelera», matiza Diez. Eso no impediría que se acogieran ciertas actividades privadas, que además, contribuirían a su financiación. En ese sentido, no se descarta que alguna de las dependencias se pudiera transformar en un pequeño hotel, tal y como se ha diseñado en Tabakalera.

Público y abierto a la gente

En la actualidad, el Palacio Miramar es sede de los Cursos de Verano de la UPV, y aquí se ubican sus oficinas, en las que se trabaja durante todo el año. La Sociedad Eusko Ikaskuntza y Jakiunde (la Academia de las Ciencias, de las Artes y de las Letras) son los otros inquilinos del inmueble, aunque la Sociedad de Estudios Vascos podría dejar las instalaciones en breve, ya que busca nueva sede. Otra de las citas obligadas en la agenda del palacio es la inauguración del curso político, con la primera reunión del consejo del Gobierno Vasco. En palabras de Mikel Díez Sarasola, se debería apostar por mantener estas actividades, y crear otras en espacios que ahora no se utilizan. Cobraría fuerza la idea de habilitar algún tipo de establecimiento hostelero (una cafetería con terraza), dar mayor uso a los jardines, y habilitar algunas dependencias para que puedan ser visitadas por los ciudadanos. Parte de los muebles que decoraron el palacio en su época dorada está almacenado en La Cumbre, residencia de la subdelegación del Gobierno, y no se descarta que se recuperen para mostrarlos al público. «La idea es que el palacio se abra más a la ciudadanía», insiste.

Otro de los aspectos que habría que potenciar, según el representante foral en el consorcio, sería la faceta congresual del inmueble. En 2016 el palacio acogió un centenar de actos, que atrajeron a 10.000 personas (sin contabilizar la actividad generada en torno a los cursos de verano). Desde la Diputación plantearán «profesionalizar la gestión del consorcio, y que se integre en la oferta del territorio para la organización de congresos y convenciones junto a Ficoba e incluso el Kursaal. Yo creo que ahora no se vende bien como posible sede de reuniones», afirma Mikel Díez Sarasola. «Vamos a pedir que se elabore un estudio, que analice los usos futuros del Palacio Miramar, donde deberían plasmarse las posibles vías de negocio del edificio para asegurar su sostenibilidad financiera y establecer una estrategia de marketing importante para ponerlo en valor. ¿Por qué no se va a poder alquilar el edificio para la celebración de bodas, por ejemplo, como ocurre con el castillo de Abbadie de Hendaia?», se pregunta Díez.

La marcha de Musikene de Miramar ha liberado espacio, que ahora se puede destinar a distintos usos, y también ha reducido el presupuesto del edificio, ya que los gastos han descendido. El Palacio Miramar cuenta con un presupuesto algo superior a los 400.000 euros para este año. Cada institución que participa en el consorcio aporta una media de 50.000 euros. El equipamiento consigue casi financiarse en un 80% con el alquiler de sus espacios a las instituciones que tienen aquí su sede, así como con otras actividades. «Hay que hacer una reflexión profunda sobre qué hacer con el palacio, sin que suponga un incremento de las aportaciones que realizamos las instituciones, y salvaguardando su uso público», remarca Díez. «Debe ser una reflexión serena, pero no nos podemos dormir en los laureles. Para finales de verano deberíamos tener sobre la mesa distintas opciones y empezar a trabajar en ellas».

La actividad del palacio

Desde que el ayuntamiento adquiriera el Palacio Miramar en 1972, mucho se ha hablado sobre qué usos darle a este espacio. En 1980, la Comisión Municipal Permanente llegó a aprobar la «creación de un Museo de Regencia y de Bellas Artes», que mostrara «el pasado brillante» de la ciudad, pero el proyecto no salió adelante. A principios de la década de los ochenta, el Catedrático de la Escuela de Ingeniería, Ricardo Echepare, planteó la posibilidad de que el Palacio Miramar, que en ese momento permanecía cerrado y sin uso, pudiera albergar los cursos de verano de la UPV, tal y como sucedía en Santander con el Palacio de la Magdalena.

En 1985 se constituyó el consorcio para la restauración del palacio, con la participación del Ayuntamiento de San Sebastián, Diputación Foral de Gipuzkoa, Gobierno Vasco y la Universidad del País Vasco, y cada uno asumió parte de las obras de rehabilitación. El 10 de julio de 1989 los cursos de verano se trasladaron al que todavía hoy sigue siendo su sede, el Palacio Miramar. Tras la época estival, se decidió mantener abierto el palacio, y se nombró coordinador del consorcio a Vicente Gascón, para que se dedicara a las labores de gestión del inmueble.

Otra de las fechas clave en la reciente historia de este equipamiento llegó en 2001, cuando se decidió ubicar aquí, de forma provisional y hasta la construcción de su sede definitiva, el Centro Superior de Música del País Vasco, Musikene. Se habilitaron mil metros cuadrados para poder impartir clases y organizar salas de ensayo. Durante quince años, el trajín de los alumnos con sus instrumentos, las clases de música y las interminables horas de ensayo dieron vida al edificio.

Una treintena de personas trabajan a diario en el Palacio Miramar en las oficinas de los Cursos de Verano, Eusko Ikaskuntza y Jakiunde. El propio palacio cuenta con cuatro trabajadores que se encargan del mantenimiento y gestión diaria del equipamiento, que alquila sus espacios para distintas actividades. «Este espacio es ideal para albergar congresos de 200 o 300 personas», explica el coordinador del consorcio del palacio, Vicente Gascón. «Ahora nos estamos planteando tener nuevas actividades, porque los ingresos fijos se han reducido en un 30 % tras la marcha de Musikene». Desde San Sebastián Turismo, en su página web el Palacio Miramar se presenta como «un lugar ideal para la celebración de reuniones, recepciones, cócteles y cenas de gala».

Gascón reconoce que muchos ciudadanos no han accedido nunca al interior del palacio, porque «no saben que aquí se pueden organizar reuniones de empresa, presentaciones de productos, exposiciones e incluso, las familias celebran aquí enlaces matrimoniales o funerales civiles». El coordinador del consorcio de Miramar se muestra optimista con el futuro del inmueble, porque «el equilibrio entre gastos e ingresos está hecho», aunque reconoce que tendrán que ser las instituciones las que marquen «el rumbo a seguir»

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