Diario Vasco

«Sigo haciendo el archivo en papel por temor a que un día haya un apagón informático»

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Fermín Leizaola, esta semana en su casa de San Sebastián. / MICHELENA

  • El etnógrafo Fermín Leizaola sigue en contacto con los pastores. Este año, en septiembre, coordinará la edición número 38 de la Semana de Etnografía de Aranzadi

Fermín Leizaola Calvo (Donostia, 1943) es un etnógrafo experto en patrimonio material. Actualmente director del Departamento de Etnografía de la Sociedad de Ciencias Aranzadi, fue secretario del Grupo Etniker (Sección Gipuzkoa) desde 1967 hasta 1988, colectivo que publicó el Atlas Etnográfico del País Vasco bajo la dirección de José Miguel de Barandiaran. Su primer libro fue 'Euskalerriko artzaiak' (1978), fruto de una investigación que ganó el premio de investigación 'José Miguel Barandiaran' en su primera edición de 1975.

- Una de sus iniciativas fueron las 17 exposiciones 'Zaharkiñak', en otros tantos pueblos, en las que se mostraban los objetos antiguos de los caseríos.

- Eso comenzó en 1989, pero con otro nombre. El Ayuntamiento de Andoain quería celebrar un aniversario, creo que los 250 años de la desanexión de Tolosa, y para ello planteó una exposición sobre la evolución de la localidad en esos 250 años. En la cancha del frontón se planteó hacer una exposición con los materiales que cedieran los baserritarras, y en la parte inferior del recinto, donde estaban el gimnasio y otras cosas, otra exposición sobre las empresas que entonces funcionaban allí. Así se quería mostrar el contraste entre una época y otra. Yo preparé un proyecto, que lo quise articular con el colegio de La Salle, porque había allí una persona muy interesada en estos temas. Se apellidaba Larrea. Preparé una ficha para repartir entre los chavales, con la ayuda de Garbiñe Egibar, que era profesora allí y había sido mi alumna en Magisterio. Les dije que los chavales debían ir en grupos a los caseríos, porque si iba uno solo igual no le hacían caso.

- Y así, con las fichas rellenadas por los chicos, obtuvieron información.

- Sí, a partir de ahí supimos en qué caseríos había muchas cosas interesantes. Luego pasamos por esos caseríos con un Land Rover y un remolque, acompañados de un alguacil del pueblo. Se avisó a la Ertzaintza, porque ya para entonces había robos de objetos antiguos. Al ver al alguacil se le cambiaba la cara a la 'etxekoandre', y se instalaba la confianza.

- ¿Y todo salió bien?

- Yo entonces era bastante 'inuxente'. En la exposición pusimos la procedencia de los objetos, y no me dí cuenta de que ahí andaban los chamarileros, los brocantes, los anticuarios... Tuvimos que decir que no se trataba de vender los objetos.

- En las siguientes exposiciones ya dejó de citarse la procedencia.

- No sé si en la siguiente, pero en la tercera ya sí. En un caserío de Asteasu recuperamos una mesa antigua que había estado en el gallinero y se encontraba con una capa gruesa de excrementos de gallina. Limpiamos la mesa y quedó magnífica. Entonces ocurrió que la gente le empezó a llamar al casero, interesándose por el objeto. Decidimos retirar todas las etiquetas, y a partir de entonces dejaron de tenerlas. Fue una locura. Hubo algún 'Zaharkiñak' de 2.000 piezas. ¡Recogidas en un mes! En esos 17 proyectos recogimos 24.000 piezas, que se devolvieron, excepto en dos casos. Se devolvieron más que esas 24.000, porque recogías un armario y resulta que en un cajón había un recordatorio de una persona muerta, o un escapulario, por ejemplo

- Y esas dos piezas que menciona, fueron robadas?

- Sí. En un caso apareció: era una moneda del Gobierno de Euzkadi, sin mayor valor. La había robado un alumno. Pero la otra pieza no se pudo recuperar: era un abridor de cartas de art déco. La había colocado en el centro de una mesa redonda, era complicadísimo cogerla, pero alguien lo consiguió. Decidí que no recogería más objetos 'valiosos'. La segunda edición de Zaharkiñak, la de Zerain, aquella sí que fue una locura. La Diputación, tras el éxito de Andoain, me llamó para hacer algo parecido en ese pueblo, que se estaba despoblando y había que dinamizarlo. Pasaron por la exposición 11.800 personas. El alcalde, Iñaki Berasategi, me dijo: Fermín, en mi vida he visto tanta gente en Zerain.

- Otra actividad suya, muy longeva, ha sido la Semana de Etnografía de Aranzadi.

- Este año se hará la número 38. He querido siempre que fuera una semana variada, con temas desde la lingüística a la medicina popular, pasando por la alimentación, la caza tradicional, el pastoreo... Este año se hablará de arquitectura vernacular del Valle de Baztán, de ericeras en el monte Gorbea.... Y yo voy a hablar de cerrajería. Quiero que venga también el museo de etnografía de León. Generalmente invito a alguien de fuera, para que no sea tan endogámico. Otra cosa: cuando se hacen las conferencias en euskera, el número de asistentes baja a algo menos de la mitad.

- Ponga un ejemplo de cerrajería llamativa.

- Yo abarco todo el ámbito de la vieja Vasconia. Cojo también Ribagorza, Hecho, Ansó... bajo hasta Garray, en Soria, y también ando por La Rioja y la Vega del Pas. Hay sitios donde hay cerraduras como las del sistema Fichet, que ahora está tan de moda; pero en madera, con unos dientes grandes.

- Ha mencionado la medicina popular. Es un campo que resulta hoy en día asombroso.

- Tengo una colección propia y suelo llevar objetos a las charlas. Algunos son alucinantes: pata de tejón engarzada en plata, que se les ponía a los niños contra el mal de ojo; los 'detente balas'; o los propios escapularios de la Orden de San Francisco; cruces protectoras, como ramas de espino atravesadas por una astilla de laurel...

- Qué curioso.

- No me ha tocado nunca nada, pero en el sorteo para la mili, a los comprendidos entre Iturbe y Manterola nos tocó Marina. Dos años, en vez de 18 meses. Entré en 1965, y en los meses previos empecé a hacer un trabajo sobre los elementos médico-mágicos-religiosos en todo Gipuzkoa. No tenía coche, me movía 'pedibus andandibus' o en bicicleta; y si el sitio estaba lejos, montaba la bicicleta en el furgón del tren. Así, conocí una por una las 300 y pico entidades de población de Gipuzkoa; barrios, anteiglesias...

- Y después de la mili volvió a buena parte de esos lugares.

- Claro. Lo bonito era conseguir un buen informante, que luego acababa convirtiéndose en un amigo del alma, y cuando lo pierdo... [se emociona].

- Cuando lo pierde es como perder una biblioteca.

- Sí. Tantos años que me ha aguantado encuestándole... Por ejemplo, han sido muy buenos informantes los pastores zalbiditarras Jesús Mendizabal 'Kaskagorri', que vive, y su hermano Eulogio, ya fallecido. Jesús es humilde, callado, pero muy sabio. Antes de edificar la nave-establo, algunos años tuvieron los dos hermanos sus rebaños en un caserío viejo, que acogía como podía a tantas ovejas. Tenían la cama plegable en la cocina. Hay que ver las penalidades de los pastores de antes!

- Y otros informantes han muerto.

- Sí, por ejemplo el pastor Ramón Urrutia, de Apotzaga, en Eskoriatza. Comenzamos la relación en 1959. Imagínate. Su hijo, que todavía es pastor, ya tiene 80 años.

- ¿Y ha andado solo por todos esos parajes?

- Para hacer la investigación hay que ir solo, porque si yo voy con otra persona -aunque venga encantada, y yo también con él-, ocurre que el informante se coarta al ver a ese acompañante al lado, como un pasmarote. Ojo, también socializo, porque llevo 39 años haciendo excursiones pedagógicas con la Kutxa, con Aranzadi, con Hezkide... Tengo otro informante que es un caso; es mi amigo desde hace 45 años, y ahora tiene 90 años. Desde los 22 está paralizado de cintura para arriba, y hace dos años se ha quedado ciego. Este individuo, que es de un pueblo del valle de Yerri, tiene una gran memoria fotográfica de cuando era esquilador y pellejero en la sierra de Andia. Sus hermanos le habían colocado en la habitación dos espejos, con un ángulo tal que le permitía ver la calle principal del pueblo y el monte de la Artesa, de la sierra de Andia. Igual llegaba a las seis de la tarde, eran las doce de la noche y seguía hablando con él. Me preguntaba dónde había estado yo, y cuando se lo contaba me decía: entonces habrás pasado por tal sitio, habrás visto no sé qué chabola... Sesenta años después, recordaba todo, pero también estaba al corriente de los cambios en el monte, porque se los contaban los vecinos.

- Y luego se quedaba a dormir.

-En sitios que ni yo mismo sabía de antemano. Primero iba a cenar a un restaurante, y allí pasaba las notas a limpio. Me he manejado a base de fichas.

- Alguna vez me dijo que dormía en el monte, en cuevas.

- Sí. Muchas veces en Oltza, cerca de Urbia, tras visitar a la pastora Dominica. Me quedaba a hacer noche en una cueva cercana. Pero ahora voy allá a dormir con mis nietos, y les enseño a hacer fuego con el sílex y la 'ardagaia' (yesca).

- ¿Y cómo fue su paso del papel al archivo vía ordenador?

- Yo sigo haciendo el archivo en papel. Uso el ordenador para escribir artículos, hacer power points y andar en internet. Pero sigo almacenando los datos en fichas de 10,5 x15, porque tengo el temor de que un día haya un apagón informático, porque lo va a haber. El país que tenga la tecnología necesaria lo provocará un día, y nos quedaremos en calzoncillos, sin saber cómo se hace fuego. Ya sabemos lo que ocurre en los hogares cuando se va la luz... nos quedamos hundidos del todo.

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