Diario Vasco

El álbum de aquella Gipuzkoa en tránsito

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Vista de la exposición 'Gipuzkoa revelada', que reúne más de un centenar de fotografías del fondo del Museo San Telmo / Pedro Martínez

  • ‘Gipuzkoa revelada’ ofrece un recorrido a través de la evolución de la técnica fotográfica desde sus inicios hasta la década de los años veinte

  • El museo de San Telmo selecciona un centenar de imágenes de su archivo fotográfico en una exposición que ilustra la transformación del territorio entre el siglo XIX y principios del XX

Se puede recorrer desde distintas perspectivas: como un documento de la transformación urbana, económica y social del territorio; como un repaso a las técnicas pioneras en la fotografía; o como una incursión en los fondos fotográficos de San Telmo. ‘Gipuzkoa revelada’ ofrece desde este sábado y hasta el próximo 21 de mayo la posibilidad de acercarse al proceso de transformación de Donostia y del territorio entre 1855 y 1930, a través de 115 fotografías en un itinerario que, repartido en tres salas, ha huido del orden cronológico para adentrarse en lo temático: la muestra arranca con algunas primeras imágenes que se conservan de los puentes donostiarras sobre el Urumea y se cierra con imágenes del litoral. Entre un punto y otro, fotografías de origen desconocido, otras procedentes de archivos familiares cedidos al museo y una muestra de algunos de los retratistas de la época.

La directora de San Telmo, Susana Soto, presentó este viernes la exposición, junto a sus dos comisarias, Elisa Querejeta y María Millán, en un acto al que también asistieron la concejala donostiarra de Cultura, Miren Azkarate, y el director general de la Fundación Kutxa, Carlos Ruiz. Una muestra que se enmarca en la línea de actuación de «mostrar nuestro propio patrimonio», frente a la otra que mantiene el centro, con la exposición de culturas extranjeras como referencia, representada ahora mismo por ‘Waste Lands’. En este caso, ‘Gipuzkoa revelada’ constituye la primera apertura al público –limitada a 115 imágenes–, del fondo de 15.000 fotografías que acoge el museo donostiarra, cuya recopilación comenzó en 1901 con las donaciones del Ayuntamiento donostiarra, la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País, y la Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos de Gipuzkoa.

La selección incluye fotografías de Gregorio González Galarza y de su hijo Carmelo, así como de Ricardo Martín –protagonista de una reciente y exitosa muestra en el Kubo Kutxa del Kursaal, con 70.000 visitantes–, Toribio Noain Arzac ‘Urcabe’, Indalecio Ojanguren, Willy Koch, Pascual Martín, José Ortiz Echagüe, Miguel Aguirre, Hermenegildo Otero, y Leopoldo y Fréderic Ducloux, entre otros, un listado que la emparenta con el libro de Maddi Elorza, ‘Espejo de un tiempo pasado’, editado hace un lustro por la propia Kutxa. Tanto Ruiz como Azkarate coincidieron en destacar el auge del interés por la fotografía histórica, evidenciada tanto por el éxito de la dedicada a la obra de Ricardo Martín como por los 40.000 visitantes que ha recibido la de Alberto Schommer en la Sala Artegunea de Kutxa, en Tabakalera. «La fotografía histórica está de moda», indicó Ruiz. Azkarate, por su parte, aseguró que tanto la exposición que hoy se inaugura como la reciente ‘Una modernidad singular’ «van dando la imagen más completa de cuál ha sido nuestra historia, de dónde venimos y hacia dónde caminamos».

«Aquí hay mucho trabajo»

Además de ilustrar la evolución en el tiempo de las técnicas fotográficas, la exposición aúna el doble criterio de mostrar imágenes de gran valor artístico con otras convertidas en documentos de época. A través del itinerario propuesto por las comisarias, el visitante se asoma al interior de unos caseríos muy alejados de la idealización al uso, a la convivencia de lo urbano y lo rural en un mismo ámbito, y al proceso de industrialización del territorio. Unas fotografías que, tal y como apuntó María Millán, trascienden en ocasiones lo local para convertirse en imágenes universales. Y citó como ejemplo la de las mujeres lavando ropa en el Urumea, no muy diferentes de otras que pudieron obtenerse en otros ríos.

Elisa Querejeta aprovechó la presentación de la exposición fotográfica para reivindicar una forma de entender la cultura: «Aquí vemos el resultado, pero aquí hay mucho trabajo de mucha gente realizado durante mucho tiempo». Fue su manera de recordar que detrás de la actividad cultural suele ocultarse «una cadena», conformada en este caso por fotógrafos, conservadores, restauradores y cuantas personas han estado también implicadas en todo este proceso. Querejeta recalcó que «hemos enfocado la exposición sin hacer algo narrativo, cronológico, intentando que no fuera la historia de Donostia porque no trata de eso» y añadió que en el período que va de 1855 a la década de los años veinte del pasado siglo «San Sebastián tiene el mismo nivel fotográfico que París en esa misma época».

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