Diario Vasco

«Si el periodismo tiene valor, la gente pagará»

Thompson posa tras la entrevista.
Thompson posa tras la entrevista. / Virginia Carrasco
  • El consejero delegado del New York Times analiza en su libro 'Sin palabras' la relación entre el poder, la prensa y la ciudadanía tras la llegada de Trump a la Casa Blanca

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Mark Thompson (Londres, 1957) ha llegado a lo más alto de dos de los medios de comunicación más prestigiosos del mundo. Director general de la BBC desde 2004 hasta 2012, el periodista británico fue elegido en ese último año como presidente y consejero delegado del New York Times (NYT), un medio que le ha tocado pilotar en tiempos muy convulsos tras la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca. Thompson analiza en su libro 'Sin palabras. ¿Qué ha pasado con el lenguaje de la política?' (Debate) cómo el lenguaje público sigue siendo la fuerza que mueve el mundo, como ha demostrado el nuevo presidente de Estados Unidos, alzado al poder gracias, entre otras virtudes, a su dominio de la palabra.

¿Qué papel debe tomar la prensa ante Trump?

Creo que la función de la prensa y de los medios en general es informar sobre lo que ocurre en el mundo, así que debemos seguir haciendo nuestro trabajo como periodistas profesionales. Punto. Sería un error concebirnos como una especie de oposición política a este Gobierno o al que sea, aunque Donald Trump sí que haya caracterizado esa relación como si fuera una batalla. De hecho, su asesor Stephen K. Bannon describió a los medios del 'establishment' como la oposición. Cada uno tiene derecho a elegir qué hacer, pero desde nuestro punto de vista, el Gobierno es uno más de los aspectos que cubrimos. A mí me enorgullece el hecho de que publicamos artículos que demuestran que estamos haciendo un trabajo objetivo. La semana pasada informamos sobre los comentarios misóginos que había recibido la asesora Kellyanne Conway y los comparamos con los que se le hicieron de Hillary Clinton. Es una pieza en favor de alguien que está cerca de Trump.

¿Cree que es el momento en que el NYT...?

El fracasado NYT, según Trump (risas)

¿Es el momento de que el periódico contrate más periodistas o cambie sus coberturas?

Ciertamente en nuestra redacción hay más dinero disponible debido a las nuevas circunstancias. En un momento normal, gastaríamos más en una campaña electoral, pero ahora queremos dar una buena cobertura porque sabemos que con Trump tenemos una gran historia en sí misma. Además, hay una competencia saludable con el Washington Post, la CNN y otros medios. Queremos ofrecer la mejor cobertura posible y si es posible, ganar a nuestros competidores.

¿Ha hablado ya con el presidente?

Sí. Cuando Donald Trump vino a la sede del periódico, poco antes de Navidad, pude conversar con él durante 75 minutos en una comida 'oficial'. Le pregunté si pensaba apoyar y defender la primera enmienda de la Constitución de Estados Unidos, que garantiza la libertad de prensa, y su respuesta fue: 'Yo creo que vosotros estaréis bien'.

¿Qué impresión general sacó de su conversación?

No me atrevo a analizar su visión política. Lo que sí diría es que respondió abiertamente a todas las preguntas que le formulamos. Durante 30 años he entrevistado a políticos norteamericanos y británicos o he estado presente en muchas entrevistas y cuando hablas 75 minutos con un político sueles quedarte con una imagen bastante completa de cómo ve el mundo. Pero en el caso de Donald Trump no me resulta fácil conectar las diferentes piezas del puzle de nuestra conversación. Sobre todo hablando de política exterior, no parece tener unos instintos naturales muy profundos. Pero hay que tener en cuenta que es la primera vez que un presidente electo se acerca a la prensa durante 75 minutos, es un punto a su favor. Está claro que se siente cómodo con los medios, que tiene décadas de experiencia.

Usted ha analizado el lenguaje de Donald Trump, a veces contradictorio, a veces violento... ¿Cree que ese lenguaje es el que mejor encaja con la ciudadanía 'furiosa' de estos últimos años?

La forma en que él habla funciona y le resulta creíble a muchos norteamericanos. Es una parte sustancial de las razones por las que ganó las elecciones. Eso sí, por cada americano que lo encuentra atractivo y veraz siempre habrá otro al que le parezca violento y amenazante. Su lenguaje es muy polarizante, pero es cierto que ha encontrado una forma de hablar y, digamos, una técnica editorial, a través de su móvil, que le funciona muy bien en las redes sociales, en los medios digitales y en este nuevo ciclo de noticias de 24 horas al día.

Esa forma de comunicar de Trump también encaja bien con aquella frase que pronunció, durante la campaña del 'brexit', el exministro británico Michael Gove: "La gente está harta de los expertos".

Sí. Yo diría que se ha abierto una brecha entre la experiencia vital y el idioma de las élites tecnócratas en muchos países y un número notable de ciudadanos. Muchos se sienten alienados, resentidos... Piensan que su voz no se escucha y por lo tanto ansían una nueva manera de hablar de política, o de apoyar a nuevos partidos, como se está viendo en muchos países. Concretamente, en el sur de Europa esos nuevos partidos (Podemos, Syriza, Movimiento Cinco Estrellas) dan voz a esas sensaciones desde la izquierda. En el norte, son los partidos antiinmigración los que adoptan esta actitud (Alternativa para Alemania o el Partido por la Libertad de Holanda). Trump también es una fuerza profundamente disruptiva. Todas estas fuerzas políticas se erigen como la voz de aquellos que han estado marginados.

La BBC es un gran ejemplo de televisión pública fuera del Reino Unido y sin embargo, usted propone cambios porque cree que algunas cosas no se hacen bien. ¿Qué papel tienen hoy en día las televisiones públicas?

En primer lugar, una parte del público, en el Reino Unido y fuera, piensa que la televisión y la radio públicas ya no hacen falta, que en un mundo tan digitalizado existen tantas opciones que los medios públicos no son necesarios. Yo creo que son más necesarios que nunca.

Los medios, en general, están sufriendo una grave crisis...

Con los problemas de la publicidad en los medios tradicionales el periodismo, a escala nacional o local, se encuentra en peligro. Existe el riesgo de que una pequeña cantidad de medios internacionales, como la CNN o el NYT, sigan floreciendo porque llegan a audiencias globales, mientras los medios pequeños pueden tener problemas para sobrevivir. Sería muy grave que desaparecieran porque mucha gente perdería su voz. Por eso, creo que tiene sentido una cierta intervención pública para salvar los medios pequeños, pero eso no quiere decir que se vuelva a los años 50. Hay que modernizarse.

Usted es un adalid de que los medios digitales cobren por sus contenidos.

El modelo del NYT es muy poroso, en el sentido de que permitimos consultas de muchos tipos, pero a los usuarios que se acercan a la versión gratuita tratamos de hacerles más fieles hasta que se conviertan en abonados. Nuestra estrategia básica es 'primero la suscripción', pero claro, nos gusta que cualquier persona consulte nuestro periódico y nos encanta recibir dinero a través de ese modelo. Eso sí, creo firmemente en cobrar por los contenidos de la web y estamos demostrando que funciona. Cuando lanzamos este modelo en 2011 muchos predijeron que no funcionaría, que la disposición para pagar sería cero porque mucha gente llevaba muchos años accediendo de forma gratuita. De hecho, en el propio New York Times pensaron entonces que como mucho podrían alcanzar los 200.000 abonados digitales. Pues ahora estamos llegando a los dos millones y tenemos que aspirar a lograr 10 millones o más. También creo firmemente que pocos periódicos han intentado con seriedad implantar el pago de la edición digital. Todos dicen que sí, que lo hacen, pero creo que no se lo han tomado completamente en serio. Es verdad que no es fácil, no puedes poner un día un cartelito en un escaparate y decir a partir de ahora vas a tener que pagar por algo que hasta ahora era gratis. Si el lunes era gratis y el martes pagando, la gente dice: 'No gracias'. Para afrontar ese cambio, hacen falta destrezas digitales muy sofisticadas porque no puedes pedirle a tu plantilla que de un día para otro pase de un funcionamiento tradicional a uno para el digital. El New York Times lo intentó dos o tres veces antes de que el modelo funcionase. Lo que se hizo en 2011 fue lanzar el modelo de pago como si la empresa dependiese de ello. A mí me parece que sí, que era cierto que dependíamos de ello. Y entonces funcionó. Pero la gran pregunta es: ¿El periodismo que estamos haciendo ahora de verdad merece que alguien pague por ello? Porque si tiene valor, la gente pagará.

¿Y qué consejos daría para que el periodismo alcance la calidad suficiente para que la gente quiera pagar por él?

Primero, hay que tratar a nuestros lectores como adultos, no se puede dar por sentado que no les interesan las noticias serias ni que tienen poco tiempo para leer. Hay que tomarles en serio. Segundo, el reto no es la monetización, sino el compromiso. Si logras capturar la atención de tus lectores en un móvil, si la gente entra en el medio día tras día y si te considera indispensable, la monetización viene sola porque de ahí sale dinero. Lo que cuenta de verdad es el compromiso y la gran amenaza es que tu medio pierda lealtad y atención cuando ya no tengas esa plataforma única del papel. Y en tercer lugar, debemos reinventar el periodismo para que vuelva a ser una carrera profesional coherente. El periodismo debe mantenerse como una profesión en la que las viejas generaciones entregan sus conocimientos a las nuevas. Resumiendo, las amenazas son la falta de interés o el desprecio a la audiencia por parte de los periodistas, que puede matar a un medio; la falta de atención; y la trivialización del periodismo, de manera que parezca que el periodismo lo puede hacer cualquiera, jóvenes sin formación con sueldos ínfimos. Y las soluciones son: tomar a nuestra gente en serio, y eso es lo bueno que tiene un sistema por suscripción, que piensas en ellos como tu público, no como tus anunciantes; centrarse en lograr la lealtad de la audiencia y reconstruir el periodismo como profesión.

¿Cómo pueden políticos y medios volver a acercarse a la ciudadanía?

Siempre se ha pensado que el periodismo está del lado del pueblo, pero si los periodistas empezamos a portarnos como si fuéramos parte del mismo grupo elitista que los políticos, el público nos tratará así. Tampoco los periodistas y los políticos debemos echarnos la culpa entre nosotros. Tenemos que ser muy exigentes en lo que pedimos a los políticos, pero al mismo tiempo, tenemos que instarles a que expliquen lo que quieren hacer y tenemos que darles el suficiente espacio para que puedan hablar con el público. Lo que a veces hacemos los periodistas es que solo permitimos que los políticos respondan nuestras preguntas, pero no que nos cuenten lo que van a hacer.

¿Cómo afronta el debate sobre la libertad de expresión, en tiempos de 'trols' en internet y de amenazas desde fuera?

Estoy radicalmente del lado de la libertad de expresión. La censura como remedio resulta casi siempre peor que la enfermedad. Lo que tal vez debemos hacer es enseñar mejor a los jóvenes sobre cómo discriminar entre la información fiable, seria, y las mentiras, la distorsión y la manipulación. Tenemos que intentar crear una generación de usuarios serios más que tratar de censurarles, pero estamos viviendo un periodo peligrosísimo en el que muchos gobiernos occidentales querrían hacer lo que hacen los chinos y los rusos, que es resolver el problema estrangulando técnicamente a los medios y a los usuarios.

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