Diario Vasco

Kresala cumple medio siglo como factoría de cultura

La bandera del cincuentenario
La bandera del cincuentenario / FRAILE
  • La sociedad, que cuenta con 567 socios y mueve 1.260 personas, es referencia de la danza vasca desde 1967

  • Cine, conferencias, bailes, exposiciones, música coral, teatro y propuestas de ocio, entre las actividades que ha promovido

El presidente de Kresala, Pako Sexmilo, asegura que la discreción siempre ha formado parte de la personalidad de esta sociedad desde sus inicios, en 1967, pero «a punto de cumplir 50 años a veces nos olvidamos de que hemos hecho muchas cosas bien». No hay más que echar un vistazo a la página web para comprobar la cantidad de actividades que desarrolla la entidad y no hay más que acercarse a su sede de la calle Euskal Herria de Donostia para observar el movimiento de personas de todas edades, socios y no socios, por sus amplias instalaciones, que da vida a la entidad. Es el secreto de la supervivencia como referente cultural de Donostia y, según el presidente, el mejor aval para que un proyecto tan «grande siga funcionando al menos otros cincuenta años con el mismo espíritu y las mismas intenciones que lo hemos venido haciendo hasta ahora».

Como apunta Sexmillo, a lo largo de estos cincuenta años Kresala «ha tocado casi todas las teclas» de la cultura, desde conferencias y mesas redondas, a actividades escénicas; desde el cine y la fotografía a la música coral, y desde exposiciones de pintura a la promoción del euskera ya desde los años sesenta. Pero muy especialmente Kresala se ha distinguido como referencia de la danza tradicional vasca. No solo cuenta con un grupo de baile de adultos con más de medio centenar de componentes, sino que mantiene una Escuela de baile que da formación a 120 chavales. Pero hay mucho más: posee tres tamborradas, dos 'tribus' de Caldereros, prácticamente devolvió a la ciudad la tradición de Iñudeak eta Artzaiak, está en los coros de Santa Agueda, y en la tradición de las 'jaiotzak' o coros del día de Nochebuena, mantiene una vez al mes un ensayo coral (Kresala Abestuz), aunque no cuenta con un coro propio; su Grupo de Montaña es una de las actividades más antiguas y que más satisfacciones ha proporcionado a la entidad, lo mismo que el Club de Camping y Caravaning y que el Zinekluba, actualmente consolidado como una actividad cultural de la ciudad bajo la dirección de Alberto Arizkorreta. Y más recientemente, los cursos de cocina, dirigidos a niños y adultos bajo la coordinación de Manu Elizalde, se están convirtiendo en una actividad emergente en el calendario de Kresala. Sin olvidar la intensa actividad deportiva que ha desarrollado en tiempos pasados la sociedad y que hoy se reduce a los partidos de pelota que los socios disputan en los dos microfrontones que posee Kresala en su sede.

Sociedad abierta

Pero al margen de las actividades propias, Kresala se constituye como «una sociedad abierta y nuestras instalaciones están a disposición de las organizaciones o entidades de la ciudad que lo necesiten», señala el secretario de la Junta Directiva, Iñigo Basagoiti. «Desde los vecinos que nos piden los locales para sus reuniones hasta los jubilados de la Parte Vieja que vienen tres veces a la semana para realizar actividades físicas y hacen uso de las instalaciones gratuitamente; tampoco pedimos nada a los que quieren utilizar los locales para cualquier actividad no lucrativa en favor de la comunidad», matiza.

No es de extrañar que en 1998 la sociedad recibiera la Medalla al Mérito Ciudadano del Ayuntamiento de San Sebastián.

Como siempre suele ocurrir, detrás de una gran iniciativa hay un nombre y en el caso de Kresala es el de Jesús Aldanondo Suquía, sacerdote de la parroquia de San Vicente y preocupado en los años de la dictadura por ofrecer a los jóvenes un lugar donde canalizar sus inquietudes culturales, especialmente en una época en la que todo estaba por hacer. Se podría decir que Kresala tiene un origen religioso, ya que nace de dos entidades de la Iglesia: la Congregación de los Luises y las Hijas de María.

Jesús Aldanondo, contra viento y marea, creó, impulsó y defendió un proyecto que se constituyó formalmente en marzo de 1967 como foro de cultura y encuentro. Los primeros años no fueron fáciles porque las actividades del centro tropezaron constantemente con la censura de la dictadura, que llegó a calificar a la entidad como «nido de separatistas y revolucionarios», a pesar de que era público entonces el carácter 'religioso' de la entidad. Consecuencia de la tensión fueron los tres 'avisos' que recibió, los dos primeros en forma de advertencia y el tercero con la explosión de una bomba que dejó el bajo del local convertido en escombros.

La detención de Peces Barba

Tiempos difíciles para una sociedad que estaba comenzando a desarrollar una programación de actividades para todas las sensibilidades, aunque las conferencias y las mesas redondas eran el principal foco de atracción de aquel momento, a pesar de la criba del Gobierno Civil. Por las instalaciones de Kresala pasaron representantes del mundo político que entonces se encontraba en plena ebullición aunque de forma clandestina. A modo de anécdota, Gregorio Peces Barba fue detenido en el aeropuerto de Bilbao cuando se dirigía como conferenciante a Kresala.

Las conferencias fueron de todo tipo y entre las de más repercusión los socios recuerdan los ciclos sobre economía y salud. Más adelante, entre los años 1975-1978, se organizaron quincenas culturales en las que cabía prácticamente de todo, desde debates de rehabilitación de edificios hasta la organización de comparsas de gigantes y cabezudos, sin olvidar las salidas al monte o clases de euskera. Se formó la comisión de danza, hubo teatro y exposiciones, se organizó un coro y se constituyó la comisión de fotografía que posteriormente desembocó en el Cine Club.

Danza, montaña y cine

Kresala cuenta hoy con 567 socios, entre individuales y familiares, lo que supone un movimiento de 1.260 personas, con una lista de espera de 160 solicitudes. Aunque desarrolla un cúmulo de actividades, quizá sus tres pilares fundamentales son el Kresala Dantza Taldea, el Club de Montaña y Kresala Zinekluba. El grupo de baile se fundó en 1968 por mediación de Gene Yurre, dantzari que se estableció en Donostia y contactó con la sociedad, donde formó el grupo de baile y una academia de gimnasia. Se puede considerar que desde su inicio hasta la actualidad ha sido un grupo puntero dentro del mundo del folklore vasco. Ahora lo integran medio centenar de personas a las órdenes de Faustino Aranzabal e Idoia Ibarzabal, quienes también se encuentran al frente de la escuela de baile para niños.

Otro referente de Kresala es el Club de Montaña, que este año también cumple sus Bodas de Oro. En la actualidad se organizan salidas una vez al mes en las que participa medio centenar de personas y, además de las excursiones, los componentes de esta comisión se ocupan de organizar proyecciones de documentales sobre la especialidad.

Kresala Zinekluba es la otra gran aportación de la entidad donostiarra. La afición por el cine y la fotografía estuvo presente en sus orígenes de la sociedad y ya en los primeros años se proyectaron con gran éxito sesiones documentales y largometrajes seleccionados, como el estreno de 'Nazarín' y 'Los olvidados', de Luis Buñuel. La gran respuesta que tenía el cine determinó orientar esta actividad hacia un campo distinto y más difícil: el de cine con temática no comercial. El reto era complicado y lo asumió en 1972 Luis Bergua, quien se rodeó de un equipo para crear Filmoteca 16, que posteriormente pasaría a denominarse Cine Club Kresala. Al comienzo las sesiones se ofrecían en el salón de actos de la sociedad, «pero con el tiempo esta actividad creció y el local se quedó pequeño, por lo que no hubo más remedio que trasladarlo al salón de actos de la entonces Caja de Ahorros Municipal», recuerda Sexmilo. «Además de la película, tiene un componente especial que es el debate posterior, a veces con el propio director del filme», añade. En la actualidad es una actividad consolidada de la oferta cultural de la ciudad y se desarrolla los lunes en los Cines Trueba.

Son las actividades fundamentales, aunque las tres tamborradas de la sociedad mueven 450 personas, los Caldereros, otras 60; las Iñudes y Artzaiak, 150; los coros de Santa Águeda, 30, y el ensayo coral, otras sesenta. Hasta 2001 Kresala estuvo presente en el Carnaval con espectaculares coreografías que movían más de 400 personas. Es una actividad que se perdió.

De cara al cincuentenario, Pako Sexmilo asegura que el principal proyecto de futuro de Kresala es «que quienes nos sigan mantengan la misma ilusión de los fundadores y de los que hoy celebramos estos 50 años».

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