Diario Vasco
Ainhoa Arteta sonríe ataviada con toga y birrete.
Ainhoa Arteta sonríe ataviada con toga y birrete. / M.C.

Ainhoa Arteta recibe emocionada su doctorado honoris causa

  • El compositor Antón García Abril la presentó como «el mejor nexo de unión entre la grandeza lírica de nuestro pasado y nuestro presente»

La soprano tolosarra Ainhoa Arteta fue ayer nombrada doctora honoris causa por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, dentro del protocolo de honores establecido por dicha universidad. El padrino de la doctorada fue el compositor Antón García-Abril quien hizo una detenida glosa de los méritos de la cantante, destacando entre otros muchos de sus reconocimientos, su condición de 'Vasca Universal' y su ejemplar calidad artística y humana.

El compositor calificó asimismo a la guipuzcoana como un referente en el actual panorama de la cultura española, significando que en ella bien cabe el encuadre del texto de Pablo Neruda cuando escribió: «Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener a la primavera», ya que Arteta «representa el mejor nexo de unión entre la grandeza lírica de nuestro pasado y nuestro presente».

La tolosarra, muy emocionada, dictó su lección magistral agradeciendo a su padrino académico el honor y orgullo de haber recibido semejante 'Laudatio', y se explayó reivindicando la cultura, y la música en concreto, como fuente de la subsistencia espiritual del ser humano, dando consistencia a cómo la tenacidad es el mejor remedio contra la adversidad y a la tolerancia la pureza del método para la convivencia.

Ante sus dos hijos

La homenajeada resaltó asimismo en esta causa de honor de que era investida ante los dos seres que «son la fuente de energía de mi vida», sus hijos Sarah e Iker, presentes en el acto. Dijo que ambos, con su complicidad silenciosa, son un «inestimable apoyo» para superar sus ausencias en tan complicada carrera profesional. Arteta significó que «la famosa y alargada sombra del glamour sería insoportable sin ellos». Finalizó con la interpretación a capela de la obra de Federico Mompou 'El cantar del alma', sobre texto de San Juan de la Cruz. «Letra de un castellano, con música de un catalán que canta una vasca», terminó diciendo. Siguieron seis minutos de aplausos con el aforo puesto en pie.

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