Diario Vasco

«Aquel 6 de enero en que Tintín me ayudó a ser escritor»

El regalo que les marcó
  • Ocho personajes de la cultura recuerdan el regalo de Reyes Magos que impulsó su tarea creativa

. Un regalo de Reyes Magos puede abrir la creativa caja de los truenos. Sin los tebeos de Tintín que recibía cada 6 de enero Harkaitz Cano quizás no hubiese sido escritor. Iñaki Salvador se encontró a los 8 años con una batería que cambió su vida, aunque al final lo suyo sería el piano. Julian Iantzi nunca olvidará la bici amarilla que le llevó a la aventura, y de la aventura a la tele.

Con los Reyes no se juega. Pablo Malo recibió a los 13 años un libro de narraciones de Edgar Allan Poe y muchos años después, cuando dirigió su primer corto, el espíritu de Poe estaba ahí. Cada vez que la pintora Nisa Goiburu se enfrenta a un nuevo cuadro en su inconsciente sigue asomando el cartapacio azul de pinturas que tuvo un 6 de enero. Al cocinero y escritor Xabi Gutiérrez se le cayó un rosco de hojaldre de adolescente, jugando a ser camarero, y no ha dejado de hacer hojaldres desde entonces.

Ocho personajes de la cultura guipuzcoana se prestan a un juego para el día de Reyes: bucear en la memoria y rescatar el regalo que pudo marcar su trayectoria. El conjunto es un rompecabezas de recuerdos y sonrisas envuelto en papeles brillantes. Vamos a abrirlo.

El director de cine Pablo Malo sonríe al recordar cómo cada 6 de enero esperaba, «entre los paquetes de pijamas o jerseys, la bolsa con los tebeos de las joyas de la literatura juvenil de la Editorial Bruguera». «Poco a poco fui completando una colección que me inició en Julio Verne o Dickens y que prendió mi fuego de lector. Luego acudía a la Biblioteca Municipal, en la Plaza de la Constitución, y devoraba lo que cayera, con especial predilección por Mark Twain».

El realizador donostiarra revela que su padre «era un gran lector y nos inculcó la afición sin insistir, solo dejando libros en casa que mis hermanos y yo tomábamos siempre con ganas». Y un 6 de enero «cuando tenía 13 o 14 años» cayó el libro gordo: el volumen de narraciones extraordinarias de Edgar Allan Poe.«Fue un descubrimiento que me marcó, hasta el punto de que el espíritu gótico del autor, con sus mansiones antiguas, sus largos pasillos y su aire atormentado estaban plenamente vigentes en mi primer corto, 'El ángel de mármol', realizado en 1995».

«Yo no empecé en la tele hasta los 32 años, y nunca había pensado dedicarme a esto, así que pocos regalos de Reyes pudieron influirme», bromea Julian Iantzi, presentador de ETB. Sin embargo, sí hay un objeto que puede relacionarse con su trabajo actual. «Como sabes, yo me crié en América y hasta los 7 u 8 años no volvimos aquí. Cuando ya estábamos afincados en Lesaka llegaron los Reyes y yo estaba convencido de que me iban a traer una bici. Salimos por la mañana al balcón de los regalos y no la vi. El disgusto fue terrible. '¡Pero mira bien!', me dijeron en casa. Y resulta que allí estaba, la BH amarilla que fue mi mejor regalo».

Iantzi anduvo mucho en aquella bici, como aventurero por su pueblo. «Yo era deportista y siempre recibía un chándal o un balón. El deporte era lo mío hasta que con 32 años me presenté a un casting de ETB, entré luego en Canal 4 de Navarra y ya fui encadenando programas...». Entre ellos, ese 'Conquis' que pronto vuelve a las pantallas con un Iantzi que se prepara para otra aventura: cumplir pronto los 50.

La poeta y escritora Julia Otxoa escribe su propio relato sobre los Reyes, entre la realidad y la emoción. «Mi rey era Gaspar, y sucedió que en la noche mágica de Reyes, tendría yo cinco o seis años, le vi entrar en la habitación donde dormíamos mi hermana Cristina y yo. Solo yo le ví: se acercó y me dio un beso en la frente».

«A la mañana siguiente lo conté y por supuesto nadie me creyó. Pero lo que no sabía mi familia es que además del beso en la frente el rey Gaspar me había dejado bajo mi almohada un papel, y escrito en él, una fecha», sigue Otxoa.

«La fecha se cumplió 10 años después, cuando velé una noche entera a mi madre Ignacia: había sufrido una fuerte hemorragia debida al estrés laboral que sufría como lavandera en el hotel Europa de la calle Prim. El médico nos había aconsejado que vigiláramos su sueño por si acaso volvía la hemorragia y yo, sentada en el suelo, intentaba no dormirme mientras vigilaba el rostro sereno y dormido de mi madre. En un momento dado giré la cabeza hacia el balcón y volví a ver al rey Gaspar. Me sonrió y me dejó en el suelo un pequeño libro, una selección de poemas de Miguel Hernández», agrega la autora.

«Fue mi primera lectura poética, tenía 16 años y por segunda vez en mi vida el rey Gaspar me había visitado», concluye su historia, tan mágica como el 6 de enero.

Al escritor Harkaitz Cano el primer recuerdo que le asalta al hablar de su oficio y de los Reyes Magos es Tintín. «Sus cómics me marcaron durante años. Eran otros tiempos y para completar la colección había que ir poco a poco, así que cada Navidad me pedía una nueva historia de Tintín, hasta que la culminé», recuerda el autor.

«También podría hablar sobre una pizarra en la que hice mis primeros garabatos», rememora Cano. «Mi madre era andereño y a mí me gustaba 'dar clases'... incluso sin audiencia», bromea. Pero ya en la adolescencia, «con 13 o 14 años», dos regalos marcaron al escritor: el disco 'Eremuko dunen atzetik dabil' de Itoiz y 'Obabakoak' de Bernardo Atxaga.

«El disco me interesó enseguida, pero veía el libro, tan gordo y con una portada no demasiado atractiva, y no me decidía a leerlo». Hasta que un día, «escudriñando el libreto del disco, me di cuenta de que las canciones tienen letra, y las letras un autor... y de que casualmente el autor de algunas de las letras del disco era el mismo que el autor de 'Obabakoak'». Así empezó a leer el volumen de Atxaga «que releí varias veces y se acabó convirtiendo en un libro fetiche para mí».

La soprano donostiarra advierte que tiene «memoria de pez». Y así, confiesa que «hubo en mi niñez regalos importantes que marcaron mi senda musical, como el piano o el primer tocadiscos, pero no recuerdo si me los trajeron los Reyes Magos o directamente mis aitas», dice la cantante.

Sin embargo, asegura que el día de Reyes le recuerda cada año «un texto algo gamberro que encontré buscando repertorio para el disco 'Begirada bi, dos miradas'. Quería canciones a dúo y me encontré con la partitura de 'Erregeak datoz-Vienen los Reyes', que en su segunda estrofa cuenta en euskera el paso de sus Majestades por Donosti».

El texto dice, traducido del euskera, «tres reyes vienen por la calle Mayor, con la tripa llena de vino y sin poder mantenerse en pie. Melchor agarra del brazo a Gaspar, para que éste no caiga de bruces». Ainhoa Zubullaga ríe al recordarlo. «¡No sé si los Reyes ese año anduvieron de txikiteo además de beberse todo lo que la gente les pone en casa, junto al agua para los camellos, para reponer fuerzas...».

La artista plástica Nisa Goiburu no duda sobre qué objeto debe mencionar un día como hoy. «Yo era un cría y una mañana de Reyes me encontré con un maravilloso cartapacio azul, con sus pinturas perfectamente alineadas, que aún hoy, en el recuerdo, me sigue pareciendo mágico». Goiburu tenía desde niña «una inclinación por la naturaleza, por la estética y por las artes plásticas, y las pinturas guardadas en el cartapacio eran como una reproducción del mundo con sus colores limpios». Aunque el 'regalo' definitivamente inolvidable llegó cuando ella solo tenía 3 años. «La mañana del 6 de enero nos levantamos y una señora nos enseñó un bebé que supuestamente los Reyes habían dejado en el balcón: era mi hermano, que había nacido unas horas antes en casa, como ocurría entonces...».

Para Iñaki Salvador, músico y pianista, es curiosamente una batería el regalo que quedó fijado en su memoria. «Yo tenía 8 años, así que hablamos de 1970. Me encantaban las baterías, y encontrarme la mañana del 6 de enero con una 'Baby Twist' en casa fue algo brutal, único, mágico. Tengo una foto de ese año, dando un 'concierto' con mis tres hermanos. Luego llegaría a casa el primer piano, pero en esa imagen estoy aporreando la batería mientras mi hermano Eduardo toca la guitarra. Él terminaría siendo bajista y hoy es profesor de la Musika Eskola de Donostia».

Xabier Gutiérrez, jefe de investigación en el restaurante Arzak, novelista y cineasta, asocia el día de Reyes «a una pequeña anécdota que me terminaría marcando».

«Yo tenía 14 o 15 años. Mi aita celebraba a tope la Navidad, era miembro de la Asociación Belenista y cuidaba cada detalle. El día de Reyes trajo un gran roscón de hojaldre. En casa nos habíamos juntado un montón de gente, con tíos, primos... Empecé a hacer tonterías, cogí la bandeja del rosco como un camarero y se me cayó al suelo. Fue todo un drama familiar. Salvamos lo que pudimos y para compensar prometí que el año siguiente yo mismo haría el roscón de hojaldre».

«Durante el año hice varias pruebas y el 6 de enero quedó estupendo. Quién me iba a decir que acabaría trabajando en las cocinas y haciendo del hojaldre una de las elaboraciones más repetidas, hasta hoy», concluye Gutiérrez.

Recibe nuestras newsletters en tu email

Apúntate