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Los retratos de Gabriel Celaya, Rafael Alberti y José Luis López Aranguren de la serie 'Máscaras'. / FOTOS USOZ

«Schommer quería que la fotografía llegara a la pared»

  • La muestra, organizada en colaboración con la fundación que vela por el legado del fotógrafo, resalta su faceta artística

  • Kutxa Kultur Artegunea inauguró ayer una exposición que recorre los 60 años de trabajo del artista vitoriano

Kutxa Kultur Artegunea va a dedicar su espacio todo el próximo año a la fotografía. Para abrir esta programación, los responsables de la sala, situada en la planta baja de Tabakalera, han elegido a uno de los referentes en este arte, Alberto Schommer (Vitoria 1928-Donostia 2015), pionero en España a la hora de dotar de un plus artístico a sus imágenes «porque quería que traspasaran el papel y llegaran a las paredes», como explicó ayer su sobrino Nicolás Casla, comisario de esta exposición.

La mayoría de las fotografías de 'Alberto Schommer... hacia la modernidad' ya se pudieron ver en el Museo Bellas Artes de Bilbao en 2010. Casla, que junto a sus hermanos, conserva el legado de su tío a través de la Fundación Alberto Schommer, ha añadido una serie de imágenes menos conocidas y que plasman el espíritu de artista -primero quiso ser pintor- que siempre tuvo el fotógrafo a lo largo de más de cincuenta años de trabajo plasmados en sesenta libros.

Tres grandes retratos de Gabriel Celaya, Rafael Alberti y José Luis López Aranguren reciben al espectador. Pertenecen a la serie 'Máscaras'. «La luz empleada en el estudio hacía que los ojos se convirtieran en profundos huecos negros y las arrugas de la cara dotaban a la imagen de una importante volumetría, convirtiendo la imagen en pequeños paisajes autobiográficos».

Primera etapa

Pero la exposición propiamente dicha comienza con las primeras imágenes que sacó en los años 50 en Vitoria, incluso se puede ver una que realizó un poco antes, cuando estudiaba en Hamburgo. «En estas imágenes ya se puede ver que buscaba ir más allá. En España, en esa época, se hacía una fotografía plana. Él buscaba profundidad y movimiento. Detrás había un alma creativa y ponía la fotografía al mismo nivel que la pintura y la escritura».

En esa época se topó con el libro de la exposición del MoMa 'Las familias del hombre', que ofrecía una visión general de las manifestaciones humanas, de sus singularidades y de las analogías entre diferentes grupos étnicos y culturales. Schommer también siguió ese camino y, como ejemplo, en la exposición se recogen sus familias gitanas.

En los años 60 y en los 70 realizó sus 'Retratos psicológicos', con una base surrealista: José Hierro con el busto cubierto con mariposas y libélulas, Eduardo Chillida con un gran puño o Dalí tocado con una corona son algunas de las fotografías que corresponden a esta serie que fue evolucionando para convertirse en un reflejo de la sociedad española de la Transición con 'La Iglesia española en levitación', 'Grupos políticos' y 'El desmontaje del franquismo'.

Los paisajes, los museos y retratos de pintores como Andy Warhol o Roy Lichtenstein completan el recorrido por la planta baja. Una vez se asciende al siguiente piso se encuentra «un Schommer totalmente distinto, parece otro fotógrafo, mucho más experimental». Ahí están las imágenes del Metro de Madrid, los desnudos, las 'Cascografías' y las flores de 'Transfiguraciones «con las que cerró el círculo porque volvió a la pintura, como también lo hizo Cartier Bresson».

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