Diario Vasco

Tres discípulos para cambiar los futuros de Nostradamus

Tres discípulos para cambiar los futuros de Nostradamus
  • Norma publica 'Arthus Trivium', el retorno de Juan Luis Landa

"En la era del milenio, cuando no haya más sitio en el infierno, los muertos saldrán de sus tumbas". 1565, Francia. Casi siempre el aire está viciado en las ciudades, una mezcla avinagrada de miedo ante el recuerdo de la peste negra y al demonio que se adentra en los cuerpos, presas fáciles a las que hay que liberar a golpe de fuego santo.

Hace diez años que un médico y astrólogo ha publicado "Les Prophéties", un libro que recoge sus visiones de lo que ha de ocurrir y que alcanza tal fama que su nombre es aún hoy leyenda: Michel de Nôtre-Dame, Nostradamus. Respetado por reyes, envidiado y temido por aquellos mismos y por la Iglesia de Roma, ha educado a tres discípulos, tres que llegarán a donde él no pueda, tres que no temerán la oscuridad, tres sombras letales que se hacen llamar Arthus Trivium, Angélique Obscura y Angulus Dante.

Es el universo construido con los guiones de Raule (Raúl Anisa, 1971, Barcelona) y los dibujos de Juan Luis Landa (1965, Errenteria) para la editorial francesa Dargaud y que ahora se presenta en castellano bajo el sello de Norma.

"Arthus Trivium" es, ante todo, bande dessinée en estado puro, escrita por quien debe buena parte de su reputación artística a "Jazz Maynard", serie de género negro que desde 2007 se publica, precisamente, para Dargaud. Sin embargo, las reglas cambian. La propuesta sitúa al lector en un escenario que combina historia real con fantasía, donde palabras como alquimia, posesión diabólica, magia, averno o nigromante se deslizan por las callejas sorteando ratas, ladrones e intrigas palaciegas. Pocas premisas pueden ofrecer tanto interés, pero todo se dispara cuando aparecen los lápices de Landa.

El talento

Juan Luis Landa no es, desde luego, un desconocido. Desde aquella incursión en el cine de animación con "Kalabaza tripontzia" de 1984, a "Gabai, gure herriaren historia" (1986) o su destacable "El ciclo de Irati" (entre otros), ya para Glénat en 1995, su importancia en el cómic vasco no hizo más que acrecentarse al mismo ritmo que la calidad de su trabajo. El hueco que quedó desde su retirada de las viñetas en 2003, así, fue demasiado grande para que nadie lo pudiera llenar. Bienvenidos a las grandes ligas.

Hoy, con "Arthus Trivium", regresa, más allá de toda duda, uno de los mayores genios del cómic europeo, en la cumbre de un talento que parece, además, no tener límites. No es una cuestión de virtuosismo, es una cuestión de emoción.

El cómic (alguna vez alguien encontrará un término que realmente defina este Arte) y no por repetirlo dejará de ser crucial insistir en ello, es contar. Es narrar una historia. A partir de ahí, guión y dibujo deberán buscar cuál es el mejor camino para lograr ese objetivo en cada caso. Cuando una de las delicadas piezas que conforman el engranaje falla, el cómic falla. Demasiadas veces el dibujo no da la talla. Pero cuando Juan Luis Landa dibuja, todo lo que hace es tan poderoso que el lector tiene que obligarse a seguir leyendo; su explosión creativa es tan absoluta que engulle. Pocos dibujantes, muy pocos son capaces de ser en sí mismos máquinas espacio-temporales. Adentrarse en sus viñetas equivale a enocionarse, supone congraciarse con el cómic, lugar donde viven artistas y más allá, Landa. "Arthus Trivium" equivale a delicadeza en cada trazo, a expresiones cuidadosamente elaboradas que no pierden, en el conjunto del diseño, ese toque de dibujo no realista que tanto caracteriza a la bande dessinée. Movimiento, ritmo narrativo, composición, una cátedra en planos picados y contrapicados (lo cual implica no solo un uso de la perspectiva correcto, sino la elección del momento para utilizarlos). Hasta ahí llega el lápiz y la tinta. Es el momento del color, o lo que es lo mismo, de la luz.

El álbum avanza y, según lo hace, el color va mutando según momentos, llegando a convertirse en un marcador invisible de capítulos. No es fácil encontrar estridencias; los ocres, verdes o azules son siempre moderados, nada que ver con el gusto americano de sobrecargar los tonos. Su empleo provoca neblinas, iluminaciones técnicamente espléndidas que encajan a la perfección en ese mundo misterioso del siglo XVI donde Nostradamus, ya anciano y, fundamentalmente sus tres discípulos, crecen en carisma merced a sus personalidades y retratos.

"Arthus Trivium" es, en definitiva, un cómic, el primero de una serie que, tras deslumbrar en Francia, está llamado a hacerlo también a este lado de la frontera. No es una profecía de Nostradamus, pero podría.

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