Diario Vasco

Schommer, la cámara como pincel

Nicolás Casla, comisario de la exposición.
Nicolás Casla, comisario de la exposición. / LUSA
  • La exposición, que se inaugura el jueves, es una antológica de los 65 años de trabajo del fotógrafo y recoge su faceta más artística

  • La fundación del artista y Kutxa presentan una retrospectiva con su obra en Tabakalera

«Intentar y trabajar lo difícil en el arte, en la cultura, con inquietud hasta el final». Ésta fue una de las frases que Alberto Schommer (Vitoria 1928-San Sebastián 2015) escribió en referencia a uno de sus últimos trabajos con flores en los que fotografía y pintura se fundían. Esa fue una consigna en toda su carrera, como se podrá apreciar en la exposición que Kutxa Kultur Artegunea inaugurará el próximo jueves dedicada a la figura del fotógrafo y que, siguiendo la estela de su afán de ir más allá en la captura de la imagen, lleva por título '... hacia la modernidad', porque la muestra es similar a la que el Museo Bellas Artes de Bilbao -donde el legado del fotógrafo está depositado- organizó hace seis años, con un importante plus, una serie de piezas experimentales.

Una de las luchas que mantuvo Schommer durante años fue impulsar un Museo Nacional de Fotografía. En vista de que su proyecto no salía adelante decidió crear una fundación con su nombre para organizar, conservar y difundir su archivo personal y artístico, y que sirviera de germen para esa futura gran fototeca estatal. Es precisamente esta entidad, ahora gestionada por sus sobrinos, la que propuso que su primera exposición después de la muerte del fotógrafo fuera en San Sebastián y más concretamente en el año de la Capitalidad. Han andado un poco apurados de tiempo, pero finalmente lo han conseguido. «La disponibilidad de Kutxa ha sido fantástica», explican sus sobrinos José y Nicolás Casla, este último comisario de la muestra.

Artista y autor

Schommer siempre mantenía, como explica su sobrino, que por encima de fotógrafo era un artista y un autor. Y es esa faceta la que se ha querido potenciar en esta muestra, con toda la segunda planta dedicada a ese tipo de imágenes mucho más libres: flores, desnudos, civilizaciones... Las realizaba entre encargos. El comisario prefiere no desvelar muchos detalles «para que el público se sorprenda».

Su obra, con una apariencia clásica, está llena de experimentación. «Compartía con su amigo Jorge Oteiza la idea de que las cosas cuando tienen una potencia creativa tienen vida propia», recuerda Nicolás Casla, que también apunta que «cuando los fotógrafos eran lineales, Alberto era trasversal, siempre buscaba la belleza de cualquier objeto como fin último. Siempre hizo lo que quiso y solo hubo una persona a la que deseaba retratar y no pudo: Picasso. Tenía una cita que le había concertado Luis Miguel Dominguín, pero el pintor murió unos días antes».

Albrecht Schommer Koch tenía un estudio de fotografía en Vitoria lo que podría inducir a pensar que su hijo Alberto Schommer tenía claro desde siempre cuál iba a ser su destino. Todo lo contrario, su propósito inicial fue ser pintor. Esa inquietud artística atravesó todo su trabajo. No fue hasta después de casarse cuando a su mujer Mercedes le dijo un día «yo soy fotógrafo», ante la sorpresa de ella. Walker Evans, William Klein e Irving Penn fueron algunos de sus primeras influencias.

Sus 'Retratos psicológicos' resultaron el reflejo de una sociedad que cambiaba entre 1970 y 1980, además de convertirlo en un referente. A su entender no resultaban tan subjetivos como se comentaba, pero sí inusuales porque estaban teatralizados y tenían muchas horas de investigación. Destacan tres series: 'La Iglesia española en levitación', 'Grupos políticos' y 'El desmontaje del franquismo'. Famoso es su retrato al ministro López Bravo sosteniendo a un bebé desnudo en sus brazos, una metáfora de la incipiente democracia que indignó a Franco, que prohibió a sus ministros posaran para el vitoriano.

Su sobrino explica que «siempre fue muy consciente de la realidad del país. 'El grito de un pueblo' proviene de la convulsión del atentado a Carrero Blanco. Mi tía, como se recoge en el acta, fue la primera en llamar a la policía pensando que era una explosión. Alberto dijo que eso era el grito de un pueblo y así tituló su primer libro en el año 1978». Después llegó 'Fermento', con el latifundio, el señorito andaluz, con un mundo mucho más controlado y algo más luminoso. Luego empezó los 'Escenarios urbanos' que se prolongaron en el tiempo. En el afán de investigar se encontró con las 'Cascografías', serie que inició en 1972. Son fotografías que se ensamblan, se encastran y adquieren volúmenes y texturas a manos del autor.

Su amada tierra vasca

Prestó especial atención a su «amada tierra vasca», a la que dedicó 12 de los 70 que realizó. Siempre decía «soy de Vitoria, trabajo en Madrid y vivo en San Sebastián. Se montaba en su 'dos caballos', acompañado por mi tía y se recorrían toda Gipuzkoa».

En 1990, acercándose a los sesenta años, decidió cerrar su estudio de Madrid «porque consideraba que su investigación formal en el retrato y en los bodegones había concluido». Se dedicó a recorrer el mundo en busca de esas imágenes que ilustraron sus libros como 'Roma-Nueva York', 'París-Berlín'. 'Civilizaciones', con unos mundos sensoriales y bordeando la escultura, es otra serie clave.

En sus últimos años Alberto Schommer cerró el círculo y volvió a su pasión inicial, la pintura. 'Transfiguración', su penúltimo libro, está centrado en flores y para el que empleó aerógrafos y pinceles e incluso rasgó negativos... «Sus primeras fotos en Vitoria eran un apoyo a sus cuadros y ese iba a ser su camino hasta que pasó el director de Publicis y le animó a ir a París de donde volvió fotógrafo».

Recibió galardones en numerosas ocasiones como el Premio Nacional de Fotografía en 2013 o la Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes en 2008. Aunque el prefería que los reconocimientos fueran a través de exposiciones donde el público pudiera ver su obra. Hay tres que encumbraron especialmente su obra: la del Centre Pompidou de París en 1991, la del Museo Bellas Artes de Bilbao de 2010 y 'Máscaras' del Museo del Prado de 2014, que le convirtió en el primer fotógrafo en mostrar su obra en la pinacoteca. Con motivo del 150 Aniversario de la Fotografía, la Sociedad Fotográfica de Japón le invitó, junto a otros catorce fotógrafos prestigiosos internacionales, a exponer en el Metropolitan de Tokio.

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