Diario Vasco

«En Gipuzkoa hay muy buena escuela, pero falta un tejido que absorba»

  • La industria española del videojuego es la cuarta que más consumo genera a nivel europeo, pero la octava en desarrollo

La industria de los videojuegos crece en España a un ritmo imparable. En 2015 facturó más de 1.000 millones de euros, un aumento del 8,7% con respecto al año anterior, muy por encima del sector del cine (571) o la música (161), lo que le ha convertido en el cuarto mercado europeo en su consumo. Sin embargo, esa posición cae el doble de puestos, hasta el octavo, si hablamos de desarrollo. Ayer, en Tabakalera, se plantó quizás la semilla de esos nuevos creadores.

En Gipuzkoa no hay una industria de creación, «se está intentando hacer un sector que hoy en día tampoco existe», indica Iñaki Martínez, de la empresa donostiarra de videojuegos Santa Clara Games, que apenas tiene competencia en el territorio. «Las empresas profesionales que se dediquen a crear exclusivamente videojuegos somos muy pocas. Estamos dando gritos en el desierto para que se nos conozca», advierte. «A nivel nacional no vemos inversores que quieran apostar en este sector, para ellos es una apuesta muy arriesgada no ver resultados hasta dentro de dos años, por ejemplo, no es para ganar dinero rápido, y las instituciones no lo entienden mucho todavía, les suena un poco raro hablar de videojuegos», se lamenta. Mantiene la esperanza, al menos, de que «de esto salga el germen para que algunos sigan con ideas y se junten para empezar a hace juegos, no es por falta de cantera».

Dani Artamendi, de DonostiTron, opina también que «en Gipuzkoa hay muy buena escuela, pero esos profesionales no tienen un tejido que les absorba y por eso tienen que irse a Madrid, Barcelona o más lejos, o en última instancia, dedicarse a otra cosa». Artamendi ha advertido que, debido a esa falta de inversión, «muchas de las empresas que en los últimos años querían hacer videojuegos como producto, se están orientando hacia la realidad virtual para hacer productos para terceros». Esto provoca una barrera en la creación, a la que se le une también la gran competitividad que existe proveniente de los mercados internacionales.

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