Diario Vasco

El sexo y la cultura: o sea, el sexo

El sexo y la cultura: o sea, el sexo
/ SR. GARCÍA
  • ¿El comportamiento sexual es pura biología o fruto de nuestra cultura? Profesionales mediáticos como Valérie Tasso y Pere Estupinyá debaten en San Sebastián

  • La 'cumbre' de los sexólogos españoles estudia en Donostia vías intermedias y prácticas entre el porno de consumo y las formulaciones demasiado teóricas

Ya lo dijo Woody Allen: «Existen dos cosas muy importantes en el mundo: una es el sexo; de la otra no me acuerdo». Hablar de «sexología y cultura» es en el fondo hablar de sexo, como se ha comprobado este fin de semana en Donostia. «Pero de sexo en sentido amplio», puntualiza el escritor y sexólogo Joserra Landarroitajeuregi. «Hablamos de follar, sí, y de deseo, pero también de la relación entre hombres y mujeres y de cómo conviviremos unos y otros en el futuro. No tenemos ni idea de cómo será nuestra convivencia, pero sí sabemos que no será como hasta ahora», apunta.

La Asociación Española de Profesionales de la Sexología se ha reunido en San Sebastián con la excusa de la Capitalidad Cultural Europea. Por ese motivo ha llamado a esta 'cumbre', la XVI de las que celebran anualmente, «sexología y cultura en el siglo XXI». Por sus ponencias han desfilado numerosos especialistas, algunos especialmente mediáticos: el divulgador científico Pere Estupinyá, conocido por sus libros y programas de televisión, y la escritora y sexóloga Valérie Tasso. Los asistentes han podido comprobar los diferentes puntos de vista.

«Para mí el sexo sigue siendo básicamente biología», resume Estupinyá, un autor que para escribir sobre el tema ha experimentado en primera persona el intercambio de parejas o estuvo «atado para recibir cachetes» antes de opinar sobre el sadomaso. «Respondemos al comportamiento de las células, aunque sea enriquecido por la experiencia. Yo aporto la visión científica desde lo más pequeño: nuestro comportamiento está regulado por hormonas, estructura fisiológicas, factores psicológicos o neuronales e influencias sociales. Está bien hablar de 'pajas mentales', pero mejor contrastarlo con rigor científico».

Valérie Tasso, que en sus libros ha vivido también personalmente muchas de las experiencias que relata, se opone a ese criterio básico. «El sexo es cultura, mucho más allá que la biología. Y el acercamiento público al fenómeno sexual se mueve hoy entre el porno masivo o los sexólogos que teorizan el fenómeno de manera demasiado elitista. No pueden buscarse recetas básicas porque el sexo, al final, es una cuestión personal: cada uno debe preguntarse qué quiere, qué le satisface y qué le realiza, y obrar en consecuencia».

Tasso, bien conocida por sus colaboraciones en medios y por libros como 'Diario de una ninfómana', tiene miedo «tanto de los periodistas que buscan titulares» como de «especialistas que teorizan ajenos a las necesidades reales de los pacientes». Ella defiende la búsqueda del placer como un reto individual sin «lecciones generales».

De Tinder al maltrato

Estupinyá considera que los cambios tecnológicos, como Tinder u otras fórmulas de 'ligue' digital, «simplifican las relaciones, sí, pero sigue habiendo un código de fases que recorrer entre el conocimiento de la persona y el acto sexual. Tinder facilita la primera etapa, pero las últimas son como siempre».

Joserra Landarroitajauregi, también escritor y sexólogo, recuerda que los especialistas de la Asociación Estatal de Profesionales de la Sexología reunidos en San Sebastián se dedican a la llamada «sexología sustantiva». «La gente piensa que sexo es lo que hacemos con los genitales, pero nosotros no solo hablamos del sexo que se hace, sino del sexo que se es, de la condición de ser hombre o ser mujer».

Landarroitajauregi se muestra hoy preocupado. «Por culpa del maltrato a la mujer se ha generado un estado de alerta, de fiscalización, en lugar de promover la vertiente cómplice y gozosa de la relación. Hay que evitar los malos tratos, por supuesto, pero promoviendo los 'buenos tratos'. El deseo entre hombres y mujeres antes era pecado y ahora empieza a ser un delito, cuando es una emoción amable», afirma.

El sexólogo vasco ve un futuro apasionante con nuevas relaciones: «cada vez menos hijos, fórmulas de pareja distinta sin convivencia en común, familias que aportan hijos de anteriores relaciones, 'singles' que sí quieren sexo pero no relaciones estables, 'follamigos'... El sexo será más diverso y más fácil para que cada uno encuentre su fórmula».

Recibe nuestras newsletters en tu email

Apúntate