Diario Vasco
Iñaki Gabilondo, en el ensayo de ayer en Miramón, con el Orfeón y la OSE, dirigido por Sainz Alfaro.
Iñaki Gabilondo, en el ensayo de ayer en Miramón, con el Orfeón y la OSE, dirigido por Sainz Alfaro. / USOZ

Iñaki Gabilondo: «El Orfeón es, como la Real, ejemplo de nexo transversal en una sociedad como Gipuzkoa»

  • Mañana hace de narrador en 'Iván el Terrible', la obra de Prokofiev que interpreta la coral donostiarra en su concierto de socios junto a la Orquesta de Euskadi

Se declara «ilusionado y honrado» por el reto, aunque «preocupado» por un catarro que aún le quiebra la voz. Iñaki Gabilondo hará mañana de narrador en la obra 'Iván el Terrible', de Sergei Prokofiev, que el Orfeón Donostiarra y la Orquesta de Euskadi interpretan en el Kursaal bajo la dirección de José Antonio Sainz Alfaro.

Solo se puede acceder con invitación porque es el 'concierto de socios' del Orfeón, dedicado a sus fieles, entre los que se encuentra el propio Gabilondo. «Los guipuzcoanos estamos muy orgullosos del Orfeón, pero aún deberíamos estarlo más», dice el periodista donostiarra. Ayer ensayó la obra en la sede de la OSE en Miramón, hoy protagoniza un ensayo general para invitados y mañana será el concierto. En esta entrevista habla de la coral, pero también de Donostia, Trump o la Real. Gabilondo sigue en activo, y su curiosidad también.

- Durante años ha sido un embajador oficioso del Orfeón en el mundo. Mañana compartirá escenario con el coro.

- Sí, quiero mucho al Orfeón, como todos los donostiarras, y tuve la suerte de que me incorporaran a su directiva y siempre me hayan considerado de los suyos. Lo de 'Iván el Terrible' es un honor y un desafío que me llena de curiosidad: ese papel de narrador suele correr a cargo de actores profesionales, así que yo me conformo con hacerlo de la mejor manera posible. Para mí lo importante es participar en un concierto en familia... y esperar que el público sea clemente.

- Las generaciones más jóvenes ya no perciben con tanta intensidad el carácter simbólico del Orfeón.

- También pienso que los jóvenes cantan hoy menos de lo que hacíamos nosotros, o al menos de otra forma. No lo sé: a la vez percibo que sigue habiendo muchos coros en Gipuzkoa y que actividades como el certamen de Tolosa mantienen una estupenda salud, pero en las sociedades o en las calles se canta menos. Puede que sea cierto que la gente joven ha perdido la conciencia de lo que el Orfeón significa.

- Recuérdelo usted.

- El Orfeón es un ejercicio de transversalidad. Hace poco participé en un acto sobre lo que supone la Real Sociedad en Gipuzkoa, ese elemento transversal que involucra tanto a un votante del PP como de Bildu. El Orfeón es igual, un colectivo donde hay gente de todos los colores, tradiciones e ideologías. Desde hace más de cien años representa ese elemento aglutinador. Y hay otro elemento más: es un coro amateur en el que conviven amas de casa, estudiantes o bomberos, que actúa en los mejores escenarios del mundo con las principales orquestas y nunca falla. Es un milagro de permanencia y de permanencia en la excelencia. La gente se siente muy orgullosa del Orfeón, pero aún debería sentirse más.

En la 'tripa' de los ensayos

- Cantó de joven, pero no en el Orfeón Donostiarra.

- Yo canté con el Orfeón Pamplonés en mis años de estudiante en Pamplona. En el Donostiarra cantaron mi hermano Ramón y su mujer Maritxu. Yo ya solo canto en la ducha... Sí tengo paladar para la musica sinfónica-vocal, soy un gran amante de la música, y por eso es para mí una gozada participar en los ensayos con el coro y la orquesta. La música es lo que más me gusta en el mundo, y estar en las tripas de los ensayos, viendo cómo se corrigen los detalles, resulta un placer.

- ¿Cómo surgió su colaboración para el concierto de mañana?

- Mi hermano Ramón me avisó: te van a proponer este papel. Luego me llamó el presidente y acepté encantado... aunque con miedo. Yo ya había hecho de narrador en 'Pedro y el lobo', también de Prokofiev, pero en disco: me limité a grabar mi intervención en un estudio y luego fusionaron la voz con la orquesta. Esta vez es distinto.

- ¿Cómo prepara este trabajo?

-La obra ya la conocía. En los días previos he estudiado cómo se engarza el papel de narrador con la orquesta, para llevar medianamente controlados los momentos en que interviene el narrador. Espero que Sani (el director, Sainz Alfaro) no me abandone... Seguiré aplicadamente sus instrucciones.

- Perdone la frivolidad: ¿cómo viste el narrador de una obra así?

- De cosaco ruso, no... (risas). De traje negro y corbata: no voy a vestir de orfeonista.

- El Orfeón participará en los actos de clausura del 2016. En su doble mirada, desde la distancia pero donostiarra, ¿cómo ha vivido usted la Capitalidad Cultural?

- Tengo dificultad para valorarlo, precisamente por la distancia. La Capitalidad ha coincidido con una increíble explosión de Donostia desde el punto de vista turístico y de imagen. Ha sido un estadillo brutal, pero quizás se debe más a que San Sebastián está de moda desde que desapareció el terrorismo que al impulso de la Capitalidad. Tengo la sensación de que la ciudad no para. ¡Ahora con el mundial del queso! Me muero de gusto y alegría al verlo.

- Hay quien empieza a detectar los problemas del 'boom' turístico.

- En verano vi que la web de El Diario Vasco abría con la noticia de que no se podía andar por la calle... ¡por la afluencia de turistas! A todos nos inquieta el efecto rebote del turismo, una preocupación que se da en otros lugares del mundo. Pero celebremos también que tras los años duros vivamos este 'boom'.

- Sigue profesionalmente al pie del cañón.

- Estoy sorprendido de que a esta edad cada mañana tenga tantas cosas que hacer... Me siento un privilegiado: me siguen llamando de muchos sitios, se me acumulan las tareas... Aguanta la salud y vivo un momento imponente.

- La actualidad, tan intensa, mantiene vivos a los periodistas...

- Vivimos un momento decisivo en la historia de casi todo: no son 'días de labor' ni en Euskadi ni en el mundo. Estados Unidos está inaugurando un tiempo decisivo, España y Europea se asoman a una encrucijada... y el País Vasco parece ir bien al fin.

- ¿Milita en el optimismo histórico?

- No, ahora no soy muy optimista: Trump me asusta, y sus primeros nombramientos, más aún.

- ¿Mejores noticias llegan de la sociedad vasca?

- Sin duda, pero el proceso pendiente ahora es pasar de la coexistencia a la convivencia. Hemos dado un gran paso, que se nota en la calle, pero sería ingenuo pensar que un drama como el vivido en décadas se pueda despachar olímpicamente. Hemos subido al primer piso, la coexistencia, pero hay que subir otros más pisos hacia la convivencia.

- Hasta su querida Real atraviesa una buena racha.

- Conocí el otro día a Eusebio Sacristán y me gustó. La gente que lleva la Real, con el presi a la cabeza, se ve maja y respetable, sin tonterías.

Recibe nuestras newsletters en tu email

Apúntate