Diario Vasco

«La Biblia creó el concepto de guerra santa y Mahoma se inspiró en ella para su Corán»

Javier Mina presentará 'Libros para la guerra' el próximo jueves en la librería Lagun.
Javier Mina presentará 'Libros para la guerra' el próximo jueves en la librería Lagun. / PEDRO MARTÍNEZ
  • Javier Mina, escritor, En su nuevo ensayo el escritor navarro ha investigado la palabra a lo largo de la Historia como herramienta necesaria para alentar las guerras

'Libros para la guerra' lleva el subtítulo de 'Forjando espadas' y es un recorrido desde el neolítico hasta la actualidad, buscando las huellas de la palabra, hablada y escrita, como arma necesaria para alimentar las guerras. La obra se presentará en San Sebastián este jueves, a las 19.30 horas, en la Librería Lagun.

-Libros para la guerra, que no libros sobre guerras.

-No trata de literatura que haya contado de alguna manera la guerra. Me he centrado en los libros que han servido para desencadenar o alimentar conflictos armados. Me interesaba averiguar cómo la palabra podía mover la espada más allá de la arenga pronunciada a pie de obra. Y, sí, hay libros que han contribuido a la guerra, ya sea bajo la forma de tratados, literatura de entretenimiento o literatura gris. En ésta se incluirían los ultimátum, los planes estratégicos o montajes como los de las armas de destrucción masiva. En Alemania, a los pocos meses de empezar la Primera Guerra Mundial, circulaban nada menos que 17.000 títulos alentando la contienda.

-¿Cómo ha ido cambiando la relación entre palabra y guerra?

-Podríamos fijarnos en tres fechas. La iglesia católica se sirvió del púlpito como un medio de agitación de masas. Cabe señalar la intervención del papa Urbano II en 1095 cuando llamó a la guerra santa para liberar Jerusalén. El papa acuñó la consigna 'Dios lo quiere' y movilizó a millares de campesinos que lo dejaron todo para marchar sobre Tierra Santa. Casi quinientos años después Martín Lutero clavó sus 'Tesis' en la iglesia de Wittemberg y se sirvió de la imprenta para darles publicidad y emprender la guerra contra el Vaticano. Hubo una tercera fecha, cuando la información para controlar los movimientos de tropas en un escenario inmenso fue posible gracias al telégrafo. Ocurrió en la Guerra de Secesión norteamericana, momento en que también se impuso la fotografía como medio para agitar la retaguardia.

-¿Hablamos sobre todo de propaganda?

-Evidentemente. La palabra acabó convertida en propaganda incluso cuando se desconocía el concepto y a pesar de que se emplease puntualmente para arengar a la tropa. Si la escritura recoge la arenga ya está en condiciones de convertirse en combustible para alimentar conflictos venideros. Leer textos sobre la edad de oro perdida, aunque nunca haya existido, o sobre agravios más o menos inventados puede despertar la melancolía pero también alimentar las ganas de corregir las cosas con las armas en la mano, como ha ocurrido en tantos sitios comenzando por Irlanda y acabando en esta tierra nuestra que puede arrogarse el triste privilegio de haber creado, a través de la propaganda, una guerra que nunca existió y de la que se quiere borrar ahora cualquier rastro gracias a fortísimos ejercicios propagandísticos realizados día tras día, hora tras hora.

-¿Y los libros sagrados en relación con las guerras?

-Crearon el concepto de guerra santa, en la que los combatientes del bando correcto consiguen algo más que la victoria: privilegios en un 'más allá' rico en recompensas de orden espiritual y, según, el libro de que se trate, también materiales. Fue la Biblia la que creó el concepto y Mahoma se inspiró en ella para su Corán. Hoy son pocos los que defenderían una lectura literal de la primera, sobre todo en los pasajes en que Dios llama al genocidio, mientras que en el caso del Corán no está excluido que se produzcan interpretaciones sesgadas que conducen a fanatismo genocidas.

-¿Qué importancia tiene la palabra paz en los libros que han alimentado la guerra?

-La de un estado transitorio. Se pinta como una meta definitiva y se agita a la población combatiente o no con ese objetivo. La Primera Guerra Mundial fue vendida por la propaganda estadounidense como la que acabaría con todas las guerras.

-¿Las revoluciones, algunas muy sangrientas, tienen un envoltorio especial en lo que cobertura literaria se refiere?

-Se venden como una solución justa y humanitaria que trascienden el marco concreto donde se producen para convertirse en causa de la Humanidad. Ser revolucionario es no equivocarse, porque los desfavorecidos de todos los tiempos están detrás animándote. Luego pasa lo que pasa.

-Si consideramos una campaña electoral como una forma de guerra, ¿qué le ha parecido la última en los Estados Unidos?

-Guerra sucia. Si es que hay alguna que no lo sea, me refiero a las guerras. Con la particularidad de que la ha ganado quien ha sabido vender humo.

-¿Se pueden intuir las guerras con tiempo estando atento a lo que se dice o escribe?

-No. Porque depende de lo que se lea o escuche. Y de la actitud o las expectativas. Después de que Hitler lanzara por la radio el discurso anunciando que habían entrado en guerra con Polonia, muchos de los radioyentes, entre los que se encontraba el filólogo Víctor Klemperer, no consiguieron entender si había guerra o no.

-¿En las pinturas del Neolítico ya estaba el prólogo de todo esto?

-Hay pinturas rupestres en el Levante español que muestran escaramuzas. Eso tuvo que deberse al impacto que producían los choques, con la particularidad de que una vez reproducidos en la cueva, tuvieron que ejercer efectos propagandísticos. Puede que aquellas escaramuzas en defensa de sus recursos sólo sirvieran para prolongar la vida del hombre neolítico un poco más, pero era su vida, por mucho que no imaginara llegar a los cuarenta.

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