Diario Vasco
Bogey. A la derecha, dos ejemplos del maravilloso blanco y negro del autor.
Bogey. A la derecha, dos ejemplos del maravilloso blanco y negro del autor.

Un detective para un mundo forjado en blanco y negro

  • Ponent Mon reúne en un integralla obra de Sánchez y Segura

. El humo del cigarrillo se enrosca en el aire, le recuerda el sonido de esa trompeta, la del tipo que toca en el garito de la esquina. Seguro que el barman le espera con el whisky rancio delante de su aliento, solo un hielo, claro, y se está preguntando qué pasa con Bogey, el private eyes, siempre puntual salvo que, bueno...

Irá en cuanto resuelva un pequeño asunto pendiente. La luz de su oficina está apagada y, en un rincón, espera a que su cliente aparezca. Intenta relajar el dedo, ese que roza el gatillo de la pistola desde hace un par de horas. No va a ser una reunión de negocios muy amable. Sabe que viene a matarlo. Cosas que pasan...

Blekos II, un lugar, siglo XXIX, en realidad muy parecido a cualquier otro. Los más ricos siguen dictando las normas. Hace tiempo que los coches, al fin, vuelan, pero abajo, las calles siguen siendo peligrosas, cuajadas de secretos, hábitats perfectos para los detectives privados, al menos para aquellos capaces de sobrevivir entre viñeta y viñeta en, por supuesto, blanco y negro.

Los años ochenta

Dos talentos se han reído, han charlado y han creado un personaje en 1979. En enero de 1981, en plena maravillosa locura editorial en España, en esos tiempos en que ir al quiosco suponía encontrar una docena de revistas de comics repletas de los mejores autores del mundo, autoeditan el primer álbum de Bogey con las historias 'Adiós muñeca!' y 'El hombre que floreció'. La circunstancia no pasa desapercibida para la editorial Norma y, así, en diciembre de 1981, las aventuras del detective Nicolson (que no Nicholson) irrumpen en la, entonces, revista de gran éxito 'Cimoc'.

El lector no precisa ser especialmente agudo para imaginar de qué va ese sujeto escaso de pelo, cigarrillo tan pegado a los labios como la ironía a sus soliloquios y aspecto grisáceo, toda una bendición para un husmeador profesional. La película, 'El halcón maltés', se ha estrenado cuarenta años antes, y el gran Humphrey Bogart ha llevado a la pantalla la novela de Dashiell Hammett de forma tan brutal que San Spade es, para siempre, Bogey.

Sí, la acción transcurre en un futuro impreciso del que no se dan especiales referencias; de nuevo, lo importante ocurre en el asfalto, del mismo color que una realidad alejada del optimismo pulp. Las miserias humanas transitan entre cañerías oxidadas, robots programados con tanta tosquedad como las piezas que les dan forma y policías tan estereotipados que todo lector de novela negra clásica se siente cómodo en páginas que disfrutan homenajeando aquella frase que nunca existió.

Antonio Segura, guionista (13 de junio de 1947, Valencia - 31 de enero de 2012, Valencia), creador de, entre otros, 'Sarvan', 'Hombre' o 'Kraken' y Leopoldo Sánchez (12 de agosto de 1948, Cartagena), dibujante centrado ora en la publicidad ora en la pintura. La pareja, primero compañeros de trabajo, al cabo del tiempo amigos, recuperan así para el cómic el género y lo hacen con historias cortas, condicionadas en parte por la idiosincrasia de las publicaciones de la época, pequeños entremeses que poco a poco van componiendo un menú completo. El detective cuenta en primera persona al lector lo que ocurre y lo hace con sarcasmo, dureza y humor del difícil, ese parco en palabras y que no desvía la atención del eje argumental. Desde el millonario dueño del mundo en su torre de oro, la clienta de cabellos rizados, carmín brillo diamante y piernas interminables o el chivato que a cambio de unos cuantos billetes espiará su propia vida. Todo ello es 'Bogey', un lugar futurista sin grandes panorámicas y dos relatos por encima de los demás: 'Tócala otra vez, Sam', probablemente una de las historias más poéticas y entrañables jamás escritas y dibujadas y la final, ya enmarcada en la revista 'K.O. Comics' (1984), 'Nunca jamás', seriada, de larga duración y con una concepción de la página claramente diferenciada, un extraordinario ejercicio de talento y epílogo formal a un título imprescindible.

El integral de Ponent Mon ofrece ahora la oportunidad de ver todo 'Bogey' en un solo álbum, editado con la calidad habitual del sello, y con unas páginas introductorias que permiten, además, analizar una entrevista con el dibujante, único superviviente del tándem. Es cierto que muchos son los personajes nacidos en aquellos prodigiosos y tempranos años ochenta. Algunos no han llegado hasta hoy tan airosamente, lo cual no debería sorprender. Aún entonces, época de crecimiento exponencial del cómic adulto, la genialidad era tan escasa como en 2016; releer al detective es tan sencillo y placentero como en aquel siglo XX, bajo la lluvia del XXIX. Probablemente, el detective pudo gozar de una vida mucho más larga, se marchó demasiado deprisa. Como la juventud.

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