Diario Vasco

'Romería vasca', la obra póstuma de Arteta que llegó del exilio

El cuadro póstumo de Arteta, 'Romería vasca', que el autor dejó sin terminar en los últimos detalles, entre ellos los pies de la joven de las rosquillas.
El cuadro póstumo de Arteta, 'Romería vasca', que el autor dejó sin terminar en los últimos detalles, entre ellos los pies de la joven de las rosquillas.
  • La obra se encuentra en depósito en el Museo San Telmo y hasta el 4 de diciembre se expondrá en el Museo Zumalakarregi

  • El óleo viajó de México a Gipuzkoa en 1955 donado por el debarra José Manuel Ostolaza

El cuadro 'Romería vasca' del pintor vizcaíno Aurelio Arteta forma parte de los fondos del Museo San Telmo desde 1955 en situación de depósito, ya que pertenece a la Diputación Foral de Gipuzkoa. Ahora se encuentra en el Museo Zumalakarregi, cedido temporalmente en calidad de protagonista de una muestra con motivo de las Jornadas Europeas del Patrimonio que reivindican la romería vasca y la trikitrixa, «el instrumento que llegó con el tren».

El cuadro de Arteta, que permanecerá en el museo de Ormaiztegi el hasta el 4 de diciembre, no es solo una pintura de incuestionable valor artístico y material, sino que se trata de la obra póstuma de Aurelio Arteta, la que pintaba cuando le sorprendió una trágica muerte en México D.F. el 10 de noviembre de 1940. Pero además se trata de un cuadro con una intensa historia que arranca poco antes de la trágica muerte del pintor y desemboca en su traslado a Gipuzkoa por decisión del industrial exiliado de Deba José Manuel Ostolaza, cuya localidad le recuerda como benefactor y creador de una Fundación que promovió una Escuela de Comercio y Biblioteca Pública.

La historia del último cuadro de Aurelio Arteta se inició en 1939, según la documentación a la que ha tenido acceso este periódico. Un empresario vasco afincado en México y dedicado al sector de la construcción, llamado Nicanor Arbide, encargó a Arteta que pintara un cuadro con algún motivo vasco para su colección personal, así como un retrato. Pero el artista, que había elegido como motivo una escena tradicional de la 'romería vasca', no llegó a terminar la obra, si bien solo le faltó algún pequeño detalle. Aurelio Arteta falleció en un terrible accidente de tranvía cuando un domingo se dirigía en compañía de su esposa a Xochimilco, un paraje paradisiaco cerca de la capital mexicana. Según el testimonio posterior de Indalecio Prieto, el pintor tenía la intención de pasar una temporada en el campo para reponerse de la noticia recibida del fusilamiento el día anterior de su amigo Julián Zugazagoitia.

«El de más mérito»

Tras la muerte del artista, el empresario que le encargó el cuadro no quiso hacerse cargo del mismo alegando que estaba sin terminar. En cambio, el industrial debarra José Manuel Ostolaza, también exiliado en México, vio el óleo en el estudio y no dudó en adquirirlo. Así lo explicaba en una carta Ramón Egaña, amigo del empresario de Deba, quien a su vez posteriormente gestionó el traslado del cuadro a San Sebastián: «El señor Arbide no quiso recibir el cuadro (...) sin darse cuenta de que sería el de más mérito por ser el cuadro póstumo que pintara el gran artista vasco». Egaña relata también en la misiva el motivo por el que Ostolaza se hizo cargo de la obra: «Como la viuda (del artista) necesitaba dinero y andaba queriendo vender el cuadro, don José Manuel se enteró de ello y una vez más demostró su generosidad y altruismo comprándolo y, con ello, además de ayudar a la viuda, consiguió que la obra póstuma no fuera a parar a extraños y se perdiera para nuestro querido País Vasco».

Ostolaza conoció a Arteta en Bilbao en los años veinte. «Siempre lo admiré como pintor y por la fuerza de sus compromisos como vasco y republicano», afirmó en México el industrial de Deba.

'Romería vasca' es un cuadro característico de Arteta, pero con algunas peculiaridades, según destaca el profesor Javier González de Durana, autor del libro 'Guerra, exilio y muerte de Aurelio Arteta': «En primer lugar, se trata de una escena que revisita una composición que Arteta realizó para el matrimonio Faure-Gallastegui en Biarritz en 1937, actualmente propiedad del Parlamento Vasco, en Vitoria. En segundo lugar, Arteta realiza esta obra con el pincel de la nostalgia, en un momento en el que todavía estaba vinculado sentimentalmente al indigenismo vasco, pero cuando ya empezaba a sentir un interés creciente por el indigenismo mexicano».

José Manuel Ostolaza, enamorado de este cuadro, lo conservó en su casa de México hasta su fallecimiento en esta ciudad el 23 de octubre de 1954. Aunque dejó todos sus bienes a su hermano Francisco, siempre mantuvo la idea de donar el cuadro de Arteta al Museo San Telmo. Su hermano quiso cumplir la voluntad del industrial y encomendó las gestiones correspondientes al citado Ramón Egaña. Una carta de este dirigida a la entonces Diputación Provincial de Guipúzcoa da cuenta del envío del cuadro con fecha 21 de diciembre de 1955 en la que se especifica que el traslado «se ha dilatado más de la cuenta debido a los trámites de ley que se tuvieron que gestionar, pero compensa con la salida legal del país sin temor a una decomisada (sic) o pérdida si se hubiese hecho sin llenar los requisitos legales».

Protagonista en Ormaiztegi

Gracias a todas esas precauciones la obra de Arteta ha podido formar parte del patrimonio pictórico de Gipuzkoa en el Museo San Telmo, adonde volverá en diciembre, después de haber protagonizado la muestra temporal del Museo de Zumalakarregi.

«El cuadro está recibiendo muchos visitantes», según destaca la directora del museo, Lourdes Azpiazu, quien enmara la presencia del óleo de Arteta «como pieza invitada» dentro del programa de las Jornadas Europeas del Patrimonio, que en Ormaiztegi analizan la romería vasca y «la trikitixa, el instrumento que llegó con el tren». Con tal motivo, el museo organizó una romería el pasado 15 de octubre y en el propio centro, además del cuadro de Arteta, muestra dos acordeones 'Larrinaga Guerrini' cedidos por 'Trikitrauki' de Lasarte, que son «dos joyas musicales construidas en 1915 y 1920». Tanto los instrumentos como el cuadro de Arteta son piezas que, según Lourdes Azpiazu, encajan perfectamente en el tema que este año abordan las Jornadas Europeas, centrado en las migraciones y el patrimonio cultural. Además de la exposición, el museo ha organizado un coloquio que tratará sobre el cuadro «invitado» y su donante. Un acto en el que se pondrá en valor la dimensión del pintor vizcaíno y la generosidad y el talento de José Manuel Ostolaza, así como se recordará que el día anterior se cumplieron 76 años de la trágica muerte del pintor.

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