Diario Vasco

El Ciclo de Cine Submarino «va como un rodillo» tras cuarenta ediciones

Una de las imágenes de la colección ganadora.
Una de las imágenes de la colección ganadora. / DAVID SALVATORI
  • El festival, que nació para entretener a un grupo de apasionados por el mar, se centra ahora en enseñar a los más txikis el cuidado del medio

Han pasado más de cuarenta años desde que un grupo de amigos de la sección de Subacuáticas de la Real Sociedad se reuniese por primera vez en una sala del Círculo Alemán para ver unas películas sobre el fondo marino. Tres años duró este acto sencillo y privado en un principio, hasta que se corrió la voz y empezó a interesar cada vez a más curiosos por visionar un material novedoso. «Se consiguió atraer a tanta gente que tuvimos que mudarnos», comienza Jesús Insausti, de Subacuáticas de la Real Sociedad. Este es el nacimiento de lo que hoy se conoce como Ciclo de Cine Submarino (Cimasub), que desde este lunes se desarrolla en su cuarenta edición a caballo entre el Teatro Principal y el Aquarium.

La evolución de este festival ha ido de la mano de los adelantos tecnológicos y ha servido también para descubrir un poco más un medio tan inabarcable en su profundidad como el marino. Así lo hacer ver Jesús María Castillo, también de la sección realista, que reconoce que «no tiene nada que ver» con los comienzos. «Empezamos a grabar con Súper 8 y con las máquinas fotográficas sacabas las fotos con flash gracias a unas bombillas que después tirabas en el agua para poner otra», dice entre risas.

«También se metía la cámara dentro de una especie de acuario sellado. En otros países nos llevaban bastante ventaja, para nosotros todo era error y prueba en los inicios. El cambio ha sido terrible en todos los aspectos», apunta Insausti. Hoy, con una cámara que cabe en el bolsillo como es la GoPro se realizan vídeos de gran calidad sin necesidad de invertir demasiado en un equipo.

Si algo ha dotado de prestigio al Cimasub durante su trayectoria ha sido su carácter internacional. En esta ocasión hasta ocho países se han interesado en participar en el certamen. Mucha culpa de esa disposición más allá de nuestras fronteras la tuvo Paco Pizarro, el primer director del ciclo. Como recuerda Insausti, «al principio ibamos a Madrid de embajada en embajada explicando quienes éramos y qué hacíamos. Preguntábamos si tenían alguna película para nosotros e incluso viajamos a París en alguna ocasión». Eran otros tiempos.

Una gestora al frente

Hoy, cuarenta años después, el festival «va como un rodillo», no hay necesidad de ir pidiendo los trabajos a los autores como antaño. «Goza de mucho prestigio y la gente viene muy a gusto. Realmente funciona solo en ese aspecto». En esta edición da la casualidad de que la organización del evento se lleva a cabo por una gestora que la forman miembros de Subacuáticas de la Real Sociedad, como Jesús Insausti y Jesús María Castillo, tras cinco años de dirección de Nano Cordovilla.

Esta situación ha provocado que esta edición empezara a prepararse en agosto, cuando lo habitual es hacerlo en las primeras fechas del año. Fue entonces cuando se dio el aviso de que se iniciaba el ciclo y se admitían los trabajos. En la pequeña gestora montada por verdaderos apasionados del mundo submarino no cundió el pánico. Al final, sin necesidad de llamar a nadie recibieron un total de 54 trabajos para las diferentes categorías que componen el ciclo: 23 colecciones fotográficas, tres diaporamas -montaje de fotos y música-, y 28 documentales, 15 cortos y 13 largometrajes. Obras, además, de diversas procedencias como Italia, Francia, Inglaterra, Holanda, México, Bélgica y Colombia.

La forma de enviar esas piezas tan valiosas desde todas las partes del mundo también ha cambiado sobremanera desde la primera edición hasta la actualidad. Entonces, los envíos por correo de las cintas podían sufrir retrasos, desperfectos, o simplemente no llegar nunca. «Ha habido veces en las que las obras que figuraban en la programación se perdieron o aparecieron a los meses. Han pasado muchas cosas a lo largo de estos años». Ahora, sin embargo, los quebraderos de cabeza son otros y tienen que ver con la era digital. «El follón es cuando te mandan las películas cada uno en un sistema diferente. Para descargarlas nos vuelven locos», comenta Castillo. Se congratulan, eso sí, de haber ganado en inmediatez.

Para encontrar un festival parecido al donostiarra hay que trasladarse a Marsella. El francés lleva tres ediciones más pero el Cimasub es más antiguo ya que no cuenta como referencia los tres años en los que no estaba abierto al público y dos años más que dejó de celebrarse por falta de financiación. El 'Festival Mondial de L'image Sous-Marine' marsellés gana por su actividad incesante.

Continuidad garantizada

El apartado económico ha sido precisamente uno de los caballos de batalla del ciclo guipuzcoano que a partir de este año es más optimista debido a la entrada de Real Sociedad Fundazioa. Con su aportación se garantiza la continuidad de un proyecto que va más allá de la simple proyección de películas.

Con esa intención nació hace cuatro años el Txikiciclo dirigido a escolares de centros donostiarras. «Hasta ahora el objetivo era dar a conocer el mar para ver si la gente se concienciaba un poquito, ahora ha llegado el momento de dar un paso más. Queremos que los niños vean las maravillas del mar y empiecen a amarlo y a cuidarlo», explica Insausti. Este año el Cimasub incorpora además como novedad una serie de ponencias de expertos marinos para dotarlo de un sentido más didáctico si cabe. Jaques Cousteau, al que Paco Pizarro nunca pudo conseguir traer a Donostia, pese a sus intentos, estaría orgulloso de comprobar la pasión que un grupo de amigos donostiarras sigue manteniendo por el fondo marino.

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