Diario Vasco

Cartas sobre la violencia y la memoria

El encuentro entre Fernando Aramburu y Héctor Abad Faciolince, moderado por Roberto Herrero, se celebró ayer en el Aquarium.
El encuentro entre Fernando Aramburu y Héctor Abad Faciolince, moderado por Roberto Herrero, se celebró ayer en el Aquarium. / MICHELENA
  • Héctor Abad Faciolince y Fernando Aramburu dialogan sobre el terrorismo y sus efectos

  • El debate entre el autor colombiano, cuyo padre fue asesinado, y el escritor vasco abrió ayer el ciclo 'Chejov vs Shakespeare' que promueve Donostia 2016

El escritor colombiano Héctor Abad Faciolince y el donostiarra Fernando Aramburu llevan un año cruzando cartas sobre la violencia, el olvido y el oficio de escribir. Ayer Abad y Aramburu se juntaron físicamente en el Aquarium para dialogar sobre las mismas cuestiones ante el público que llenaba el auditorio. «Durante años me cansé de ser víctima, y solo me pude curar cuando al fin escribí un libro sobre mi padre, asesinado por los paramilitares veinte años antes», confesó Héctor Abad.

La charla, moderada por el periodista Roberto Herrero, inauguraba el ciclo de debates abierto por Donostia 2016 dentro del proyecto 'Chejov vs. Shakespeare'. Durante varios meses dieciséis autores vascos e internacionales han mantenido una conversación epistolar sobre «los conflictos». Las cartas que se han intercambiado las ocho parejas de escritores saldrán a la luz próximamente editadas por Erein.

El proyecto parte de una frase del escritor israelí Amos Oz citada por el también colombiano Santiago Gamboa: «En conflictos como el de Oriente Próximo convergen dos visiones literarias: por un lado, la justicia poética de Shakespeare, en donde nadie transige, los principios y el honor prevalecen ante todo, incluso la vida, pero el escenario queda cubierto de sangre; y, por otro, la triste justicia humana de Chejov, con personajes que discuten sus desacuerdos, los resuelven y al final regresan a sus casas bastante frustrados. Pero regresan vivos».

El recuerdo del padre

Abad Faciolince (Medellín, 1 de octubre de 1958) habló de su experiencia tras el asesinato de su padre a manos de paramilitares, historia que ha contado en 'El olvido que seremos'. «En nuestro caso la primera víctima fue mi padre, el hombre que quedó en un charco de sangre. Pero mi madre y mis hermanos también lo fuimos, además con el añadido del exilio». Abad viajó a Italia. «Amnistía Internacional me 'paseaba' con un refugiado afgano y un exiliado ruso para hablar en actos de solidaridad, y terminé sintiéndome algo así como un oso panda.Veinte años después superé el dolor escribiendo el libro en el que recupero la figura de mi padre: un gran papá en el ámbito privado y un buen hombre en la esfera pública. No olvido, pero no quiere que la esencia de mi vida sea 'ser víctima'».

Abad recordó que fue invitado por el gobierno colombiano a las negociaciones de paz con las FARC en La Habana «pero no quise asistir». De todos modos apostó por el sí «en un referéndum que ha convulsionado mi país hasta el punto de que mi hermana se divorció de su marido porque este votó que no».

La necesidad de mantener la memoria ha sido una constante en las cartas cruzadas entre los dos escritores y lo fue ayer en la charla del Aquarium. «Quizás haya que pasar página, pero antes hay que leer la página», asintieron los autores cuando el moderador, Roberto Herrero, citó la frase del historiador Gaizka Fernández Soldevilla.

Aramburu reivindicó el impulso artístico del novelista. «No somos fotógrafos o periodistas que debamos retransmitir al minuto lo que pasa. Hay que dejar pasar un tiempo: el papel del novelista no es describir los hechos, sino adentrarnos en eso que antes se llamaba 'el alma humana', los motivos que han podido impulsar a la gente. Para escribir 'Patria' yo apenas me he documentado: son historias que he vivido y que he escrito como una obra literaria. Lo que ocurre es que luego hay quien viene y me dice que he escrito cosas muy parecidas a sus propias vivencias».

Tolstoi y el adulterio

«Estoy convencido de que sin compasión o empatía sería imposible escribir ficciones», dice Héctor Abad. «El autor debe salir de sí mismo y entender a sus personajes, sea el asesino o la víctima. Tolstoi está en contra del adulterio, pero escribe amorosamente de Anna Karenina. Es fácil ser compasivo con la víctima, ¿pero con el terrorista? A mi padre lo mató un sicario, y no me gustaba cómo otros escritores hablaban de los sicarios, casi justificándolos. Me parecía despreciable, pero acabé aceptando la necesidad de entender al otro».

«Hay colegas que desprecian libros, aunque estén bien escritos, porque no les gustan los personajes», explicaba Aramburu. «Yo en cambio creo que nosotros debemos describir personajes y situaciones y que sea el lector quien juzgue. Ahora me preguntan si me he puesto en el papel del militante de ETA que aparece en 'Patria', y no es así. Lo he construido en función de mi propia experiencia dentro de la suma de miradas que es una novela».

«¿Cómo se construye el personaje de un violador de niñas que luego las mata?», se preguntó en voz alta Abad. Él y Aramburu intercambiaron sus experiencias como novelistas, sin ponerse de acuerdo en qué papel debe dejarse al lector. Abad citó a Chejov: «El novelista debe contar la historia de unos ladrones de caballos sin entrar necesariamente a juzgar a los ladrones de caballos». Pero también admitió que Primo Levi «nunca entró a intentar comprender las razones de los responsables del holocausto, porque eso hubiera supuesto una traición». «Levi narra, no juzga, y no pone a pie de nota unas lecciones morales para el lector», opuso Aramburu.

«Pablo Escobar es un personaje malévolo, pero ahora es objeto de series que parecen mostrar al personaje con miradas distintas», apuntó Abad. «Que ahora se justifique su actitud con supuestos problemas de infancia no me satisface», añadió.

No solo se habló de violencia. Abad Faciolince recordó que «alguien que no sepa escribir un soneto no puede considerarse un escritor, del mismo modo que un pintor, por muy abstracto que sea, debe saber pintar una modelo desnuda, y un músico, aunque sea dodecafonista, tiene que saber componer también una música que se pueda silbar». «Estoy de acuerdo en que un escritor debe dominar el instrumento, aunque luego escriba lo que quiera», añadió el autor donostiarra.

Aramburu dijo que le gustaría ser dos personas: el que va por la vida y le ocurren cosas y el que se encierra a escribir. «Hay una contradicción: uno se encierra para contar cosas a lectores que no conoce. Mi vida está ritualizada, soy un escritor de persianas bajadas», añadió Aramburu.

Sillones de orejas

El ciclo inaugurado ayer apuesta por el tono tranquilo de la conversación. Unos sillones de orejas y unas lámparas de mesa generan un ambiente de tertulia. Un video de Angel Aldarondo y un juego artístico de Mabi Revuelta completan la atmósfera.

Hoy dialogarán, a las siete de la tarde y en el mismo escenario, la escritora Laura Mintegi y la alemana Birgit Vanderbeke. En próximas fechas habrá conversaciones de Angel Erro con el checo Patrik Ourednik (día 14), Arantxa Urretabizkaia con la galesa Menna Elfyn (día 15), Bernardo Atxaga y Bashkim Shehu (día 17), Eider Rodríguez y Belén Gopegui (día 22), Harkaitz Cano y Dubravka Ugresic (día 28), y Luisa Etxenike con Mircea Cartarescu (16 de diciembre).

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