Diario Vasco

Aparece una 'haizeola' del siglo XI en uno de los escoriales de Legazpi

Se excavó esta zona de 4x4 metros. En el centro se ve una pequeña cavidad, el lugar donde se fundía el mineral. Y a la derecha, el agujero de un poste de la tejavana. Mertxe Urteaga ha marcado en negro el semicírculo que componían las paredes del horno.
Se excavó esta zona de 4x4 metros. En el centro se ve una pequeña cavidad, el lugar donde se fundía el mineral. Y a la derecha, el agujero de un poste de la tejavana. Mertxe Urteaga ha marcado en negro el semicírculo que componían las paredes del horno. / FOTOS BURDINOLA/ARKEOLAN
  • Burdinola y Arkeolan han excavado en los alrededores del monte Otañu, una zona de gran actividad metalúrgica en la Edad Media

. El pasado julio, un equipo integrado por personas de la asociación Burdinola y de la empresa Arkeolan excavaron uno de los numerosos escoriales ('zepadiak') del monte Otañu, en terreno de Legazpi. Querían encontrar los restos de alguna 'haizeola' o ferrería de viento. Lo consiguieron; ahí estaba, a tan solo 30 centímetros de profundidad. Mandaron a datar los restos a Upsala, en Suecia. Y hace pocos días ha saltado la sorpresa: pensaban que ese horno de reducción sería del siglo XII o XIII, pero ha resultado que es de la primera mitad del siglo XI.

Allá en las alturas del monte Otañu, en el paraje denominado Basaundi, trabajó el pasado julio en colaboración con tres veteranos miembros de la asociación Burdinola: Mertxe Urkiola, Fernando Martín Sukia y José Luis Ugarte. Los primeros sondeos en la zona del monte Otañu, no lejos del barrio de Brinkola, se remontan al año 1993. Entonces las tareas fueron llevadas a cabo por la empresa Arkeolan, dirigida por Mertxe Urteaga. «Se conocían unos diez 'zepadis' o escoriales, los publicados en aquel libro 'Ferrerías en Legazpi' -rememora Urteaga-. Entonces trabajé con la gran especialista, Julia Simón. Me dijo que esas escorias eran producto de una combustión a 1.300º. Luego se constituyó la asociación Burdinola, y decidimos trabajar en colaboración. Fuimos datando escoriales y todos resultaban ser medievales, de los siglos IX, X, XI, XII, XIII... Luego vino un paréntesis, hasta que vimos que José Luis Ugarte tenía localizados y descritos unos 200 escoriales, y así publicamos el monográfico del año pasado: 'Arqueología del hierro medieval. Los escoriales del distrito de Legazpi'. Ese mismo año hicimos prospecciones geofísicas y dijimos: ya que se está publicado el monográfico que describe todos esos escoriales, vamos a excavar uno de ellos. Y eso es lo que hemos hecho en julio de este año».

Se escogió el escorial de Basaundi 2, porque la prospección geofísica indicaba que allí había posibilidades de encontrar alguna estructura formada por piedras. Ese 'zepadi', originalmente, tenía forma redondeada, y un tamaño medio, pero sobre la mitad oriental del mismo se construyó una borda para animales que ha alterado la fisonomía original.

Resulta que el horno, la 'haizeola', tenía forma circular, y levantaría un metro o metro y medio sobre el terreno. La mitad era una estructura fija, de piedra, y la otra mitad se edificaba tras cada colada, a base de arcilla mezclada con piedras. La zona central, la chimenea en la que se quemaba el mineral de hierro mezclado con capas de carbón de leña, tenía 40 centímetros de diámetro. «En cada colada podían salir unos 5 o 10 kilos de hierro esponja, que pensamos que luego sería forjado en el valle, porque en aquel monte no aparecen escorias de forjado», prosigue la arqueóloga.

El horno hallado en Legazpi pertenece al llamado modelo Beecourt, de época merovingia, del siglo VII. Se parece a otros hallados en Suiza, y difiere de otros encontrados en excavaciones de Bizkaia, principalmente de las Encartaciones. «Esos hornos de Bizkaia son de menor tamaño, y como si fueran precedentes de los hornos de las ferrerías hidráulicas», comenta Urteaga. «El hallado junto al monte Otañu entronca más con la tradición centroeuropea».

Junto al horno han aparecido los agujeros de unos postes que servirían para mantener en pie una tejavana que cubriría el horno. Urteaga cree que en estos hornos de Legazpi «tenía que haber una inyección forzada casi seguro». Es decir, que habría fuelles manejados por operarios para insuflar aire y aumentar la temperatura de la combustión hasta más allá de los 1.000º. Sin inyección forzada se alcanzarían temperaturas en torno a los 900º.

Pocos kilos en cada colada

Toda esa zona está llena de escoriales, lo que indica que la actividad metalúrgica fue intensa. «Harían coladas continuamente. Unos tirarían árboles para hacer carbón vegetal, otros extraerían el mineral (óxidos de hierro) a muy poca profundidad, y primeramente lo tostarían para ganar algo en pureza. Y de cada colada saldrían pocos kilos, pero así eran las técnicas de entonces».

Mertxe Urteaga, que es fundadora y directora del Museo Oiasso de la romanización, hizo su tesis doctoral con un trabajo titulado 'La arqueología de la producción del hierro en Gipuzkoa'. Eso fue en 1987, cinco años después de licenciarse en Valladolid. «En aquella época, en arqueología, todo lo que no era paleolítico no existía. Y los romanos no habían estado en Gipuzkoa. Me tocó hacer un trabajo sobre la ferrería de Agorregi. Fui de visita un día y dónde veo que habían empezado a tirar todo lo que rodeaba el edificio principal de la ferrería. Les dije que eso no se podía hacer. La Junta de Arqueología me ponía toda clase de obstáculos. Pero estaba claro que la metalurgia era una parte principal de nuestra identidad, y había que estudiarla».

Al comienzo, Urteaga no creía en 'haizeolas'. No creía que podía haber metalurgia a base de corrientes de aire. «Me parecía forzado». Luego cambió de opinión y ahora es una de las grandes especialistas en el tema.

Otros hallazgos

En los últimos tiempos están surgiendo bastantes novedades en torno a los hornos de los montes. Además de Burdinola y Arkeolan, el dúo formado por los arqueólogos Josu Etxezarraga y Xabier Alberdi ha trabajado en varios pueblos, y el pasado septiembre presentaron un nuevo horno, el del monte Anporreta, en Mondragón, que «es el mejor conservado de Gipuzkoa», según Etxezarraga. Cree que podría ser de los siglos XII o XIII.

El propio Etxezarraga ya trabajó también en Legazpi, en el paraje de Teniola, donde localizó un horno en mal estado, y también en Berastegi y Oiartzun (Arditurri), con buenos resultados.

Por otra parte, la pasada semana, el arqueólogo de Aranzadi Alfredo Moraza llevó a cabo una visita guiada para mostrar los resultados de la excavación de la 'haizeola' de Olazar, en Andoain, junto a la regata de Ubaran, en el valle de Leitzaran. En este caso también ha habido de por medio el tesón de un grupo de vecinos, organizados en la asociación Burdina. En agosto del año pasado se halló un escorial, que daba la pista de la existencia de una antigua ferrería en la margen derecha de la regata Ubaran. Se pusieron en marcha los trabajos para localizar esta ferrería, y el primer paso fue realizar un sondeo para conocer la existencia de alguna estructura, que no arrojó resultados positivos. Aranzadi y Burdina no cejaron en el empeño y volvieron a realizar dos sondeos más con un magnetómetro, aparato que se utiliza para medir la radiación de la tierra y si ha habido actividad humana en la zona. Xabier Alberdi y Josu Etxezarraga, de Aranzadi, consiguieron localizar con este aparato dos puntos de actividad pero sin hallar estructuras.

En agosto de este año volvieron a realizar dos sondeos más, con los que se llegaba a una cota de 1,10 metros sin que tampoco se consiguiera localizar restos de ferrería alguna. En un último intento decidieron utilizar excavadoras para profundizar más y fue entonces cuando aparecieron los restos de la antigua 'haizeola'.

«Hemos hallado un taller de siderurgia que podemos datar en torno al siglo XIII aunque vemos que puede haber otras zonas todavía más antiguas», ha señalado Alfredo Moraza. En este taller se trabajó el hierro durante dos o tres siglos, según el arqueólogo de Aranzadi. «Se trata de una 'haizeola' previa a las ferrerías hidráulicas y puede que albergara en torno a media docena de hornos e incluso es probable que contara con una cubierta e incluso con alguna estancia para que descansaran las personas que trabajaban en él».

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