Diario Vasco

«Los conflictos psicológicos de los superhéroes del cine actual son de risa»

El hernaniarra dio el salto al cine de animación en 1991 con el guion del cómic 'Balleneros'.
El hernaniarra dio el salto al cine de animación en 1991 con el guion del cómic 'Balleneros'. / SARA SANTOS
  • El dibujante, guionista y director guipuzcoano Gregorio Muro relató su experiencia en una jornada sobre el corto de animación en Euskadi

La trayectoria de este guipuzcoano, responsable creativo de la productora Bainet, es un ilustrador ejemplo de la conexión entre el mundo del cómic y el cine de animación y de la delgada línea que separa ambos universos. Muro (Hernani, 1954) se pasó al cine en 1991 con el guion del filme de animación 'Balleneros', inspirado en uno de sus cómics, y en 2002 dio el salto a la dirección con 'El Rey de La Granja', filme pionero que mezclaba dibujos y actores de carne y hueso en una experiencia que supuso un salto en el cine vasco por inusual y que nadie ha vuelto a repetir.

Muro contó ayer sus vivencias y experiencias en el Azkuna Zentroa de Bilbao, en el marco de una jornada organizada por Digipen, el Insitituto de Tecnología, en torno al cortometraje de animación en Euskadi y su enseñanza en la universidad. El primer consejo que considera necesario trasladar a los jóvenes que se adentran en el mundo de la animación es claro y rotundo. «Si te gusta algo, pelea por ello, y que sepas que nadie te va a regalar nada, que hay mucha competencia y que si quieres hacer algo importante no tienes que buscar ser el mejor sino exigirte a ti mismo, no a los demás».

Su experiencia con el mundo del largometraje de animación con el proyecto 'El rey de la granja' le dejó escarmentado. «Fue una experiencia tan agotadora que tuve que dejarlo. Me sigue gustando la animación pero es cara y en el mundo del cómic se puede dibujar más libre. Aquel filme fue algo que no se había hecho en España. En ese sentido fue pionero, una especie de Roger Rabbit con menos presupuesto. Integraba imagen real y animación. Lo combinaba todo y fue muy complejo y arriesgado». Tras años de dura labor, el filme se estrenó el mismo día que Spiderman y su taquilla se resintió, al igual que su ánimo.

Ahora frecuenta la animación pero solo en calidad de consejero y ayudante de su hijo, que ha tomado el testigo. Les viene de familia la pasión por el séptimo arte. El padre de Gregorio era proyeccionista del antiguo cine Zintzotasuna de Hernani, donde Muro pasó gran parte de su infancia y donde aprendió a proyectar. «El cine me atraía pero como no había dinero me dediqué al cine de pobres de entonces: el cómic. Lo que sí había a mano era papel, lápiz e imaginación para contar historias mediante imágenes».

Vasos comunicantes

Lo que sí tiene claro este hernaniarra es que la animación de cine y el cómic son compartimentos estancos. «Lo son de forma total. Muchos dibujantes de cómic han pasado a la animación. En Euskadi y en el estado ha sido así desde hace años». No cree, sin embargo, que sea necesario pasar por la hoja del cómic por obligación antes de dar el salto al cine animado. «No, necesariamente. Para mí fue una escala lógica dentro de mi evolución en torno al dibujo. En mi caso mi debut fue con el guión de un filme que estaba basado en uno de mis cómics. Una cosa llevó a la otra», recuerda.

Muro, que firmó el guion del filme Goomer, confiesa que hoy disfruta más en el cine viendo un filme de animación de Pixar que una megaproducción de superhéroes. «Controlan el guion hasta extremos alucinantes, poniendo varios niveles de comprensión en una misma historia. Es algo admirable. Prefiero esos filmes que los de superhéroes, que son todas iguales y tienen unos conflictos psicológicos de risa, más infantiles que los dibujos animados. Creo que, en general, hoy se ha perdido el tipo de película normal para entretener sin más, con una historia interesante».

Tampoco salva a las televisiones, que han preferido volcar todo su interés en una producción taquillera anual que genere dinero inmediato. Él, sin embargo, no deja el cómic. «Yo necesito la ficción, es algo que llevo en las venas», confiesa.

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