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Carmen Posadas presenta hoy su nuevo libro en San Sebastián.
Carmen Posadas presenta hoy su nuevo libro en San Sebastián.

Carmen Posadas (Escritora): «En el siglo XVIII se regalaban niñas esclavas como si fueran muñecas»

  • Esta tarde presenta en el Aula DV, en el Aquarium, su nuevo libro, 'La hija de Cayetana', que retrata la vida en la Corte de Carlos IV y el drama de la esclavitud en España

Después de haber perdido dos años en una novela inviable, una amiga le reveló que la duquesa de Alba, la de Goya, adoptó a una niña negra, a la que dio todo su amor y legó una considerable fortuna en su testamento. Este hecho histórico no demasiado conocido animó a Carmen Posadas (Uruguay, 1953) a enterrar la novela que tantos quebraderos de cabeza le estaba dando para embarcarse en un proyecto que va mucho más allá de la anécdota puntual. El resultado es 'La hija de Cayetana', un brillante retrato de la decadente Corte de Carlos IV, donde la poderosa duquesa de Alba se movía con libertad y temeridad; y una contundente descripción de la esclavitud en la España peninsular, un episodio de la historia que parece haber caído en el olvido. Carmen Posadas presenta su nueva novela esta tarde en Donostia (a las 19.30 horas, en el Aquarium), dentro del Aula DV.

- ¿Cómo tuvo noticia de la hija negra de la duquesa de Alba?

- Estaba escribiendo otra novela. Llevaba dos años trabajando en ella, pero me di cuenta de que me había equivocado. Tuve que tirarla a la basura y me quedé en estado de shock. Sufrí el famoso bloqueo del escritor que hasta entonces no había conocido. Un día, una amiga me dijo que la duquesa de Alba, la de Goya, había adoptado a una niñita negra. En esa época era bastante común recibir una esclavita como regalo, como quien te regala una muñeca o un perro. Tremendo. Pero ocurrió que la duquesa, que aparentemente era una mujer muy frívola y muy caprichosa, tenía un gran corazón y adoraba a esa niña hasta el punto de que la convirtió en su verdadera hija. A su muerte, que fue a los 40 años y de una forma un tanto misteriosa, le dejó una herencia que le convirtió en una mujer muy rica.

- ¿La novela que escribía anteriormente la ha tirado a la basura?

- Bueno, está en un 'pendrive', pero la tengo pánico, me da mal fario. No soy nada supersticiosa porque nací en viernes y trece, excepto con todo lo que tiene que ver con la escritura. Mejor en el cajón.

- A partir del dato comienza a tirar del hilo. ¿Cómo fue el trabajo de documentación?

- Empecé a leer todas las biografías de aquella duquesa de Alba, que por cierto no son demasiadas. Después llamé a Carlos, el actual duque, al que conozco hace mucho tiempo. Me interesaba mucho consultar el testamento de Cayetana para ver si realmente había convertido a la niña en su heredera. Pude ver el documento y, en efecto, así ocurrió.

- ¿Cómo se tomó la Casa de Alba su intención de novelar esta historia?

- Muy bien. Carlos me ayudó mucho y aprovecho para agradecérselo. Le envié la semana pasada la novela y me imagino que estará leyéndola.

- ¿La niña fue adoptada como hija?

- Como prohijada. No podía heredar los títulos, pero sí bienes y dinero. Cuando comencé a escribir la novela pensé en la verdadera madre, esa pobre mujer a la que le arrancaron su hija. Se sabe muy poco de ella, solo que vino de Cuba. Eso me permitió construir la historia de dos madres: por un lado, de la adoptiva, que es la parte glamurosa de la novela, algo así como un 'Arriba y abajo'; y por otra, de la biológica, lo que me permitió profundizar en la muy desconocida historia de la esclavitud en la España peninsular. Conocía la presencia de esclavos en las colonias, pero no tenía ni idea de que también habían estado en la península.

- Una escena que impacta en la novela es el consejo que le da otra esclava a la verdadera madre de la niña. Le dice que es mejor no poner nombre a los bebés que les van a robar.

- Sí, es algo tremendo. A mí me interesó mucho investigar sobre la esclavitud porque es el gran genocidio de la historia de la humanidad. Del siglo XVI a bien entrado el XIX, millones y millones de personas fueron arrancadas de su lugar de origen. Muchos morían en las travesías y los supervivientes eran maltratados y obligados a vivir como animales.

- Pero, según apunta, hubo diferencias entre la esclavitud de España y la del mundo anglosajón.

- Sí, ese otro dato que resultó interesante descubrir. En las colonias españolas se produjo el mestizaje y estaban permitidos los matrimonios interraciales; en las inglesas no solo es que no se podían casar, sino que era un delito. Un dato que me sorprendió es que los esclavos de las plantaciones coloniales españolas tenían derecho a unas horas a la semana que podían trabajar para su propio provecho y, si ganaban el suficiente dinero, podían comprar su libertad. También estaba permitido que los amos concedieran la libertad a los esclavos fieles, lo que no ocurría en el mundo anglosajón.

- Según destaca, entre 1450 y 1750 se contabilizan más de 800.000 esclavos en España y en Sevilla el 10% de la población era de color.

- Es un dato que a mí me dejó estupefacta. Lo he consultado con expertos y lo que me extraña es que no haya quedado rastro en la población. Carlos III repobló la zona de la Carlota con colonos alemanes y ahora hay muchas personas rubias y con ojos azules en esa zona. Pero es que apenas quedaron descendientes de aquellos esclavos negros.

- ¿Qué pudo ocurrir?

- Nadie me ha sabido dar una explicación. Solo encontré un pueblo, Gibraleón, en Huelva, donde los nativos son de piel más oscura.

- ¿Y qué ocurrió con la ahijada de la duquesa de Alba?

- No se sabe nada. Lo más probable es que hubiera vuelto a las colonias. En España, por mucho dinero que tuviera, siempre iba a ser una persona no aceptada. En Cuba, en cambio, había negros que disfrutaban de libertad e incluso eran ricos.

- La duquesa de Alba que pintó Goya aparece en el libro como una mujer poderosa, que se salta todas las convenciones. ¿Era realmente así o ha echado mano de la literatura?

- Cuando escribo novelas históricas procuro ser muy fiel a los datos documentados. No me gusta que los escritores cambien la realidad amparándose en la libertad que concede la literatura. Por ejemplo, cuando Alejandro Dumas escribe 'Los tres mosqueteros' se imagina al cardenal Richelieu como un personaje perverso, cuando realmente no lo era, y además es como ha quedado para la posteridad. Yo procuro ser muy fiel a la historia y todo lo que cuento de la duquesa está documentado. Ella era así.

- En aquella época parece que las mujeres eran más dueñas de sí mismas que en otros tiempos.

- Hablamos de una élite, no de todas las mujeres del XVIII. Pero las de clase alta sí eran mucho más libres que las del mismo estrato social del siglo XIX y hasta mediados del XX. Más libres y más cultas. La madre de Cayetana, por ejemplo, era la presidenta de la Academia de Bellas Artes. La duquesa de Alba en concreto disfrutaba de la libertad que le otorgaba su riqueza.

- La familia real de esa época no sale bien parada en el libro.

- Está más que documentado que a Carlos IV le hubiera encantado ser relojero porque esa era su vocación. Y la reina María Luisa de Parma era tremenda. Vino de Italia y, como su marido era tonto, desde el principio se puso al frente de la nave.

-Hasta el punto de que intervino directamente en el meteórico ascenso de Godoy, un personaje no muy bien tratado por la historia que ahora comienza a ser analizado con otra perspectiva. ¿Qué opina de él?

- Yo también he querido ser equilibrada con su figura, no he querido caer en los tópicos. Creo que debiéramos ponernos en su lugar: tenía 24 años cuando la reina decide convertirlo en secretario de Estado. Era un tipo inteligente y, a pesar de la responsabilidad que se le vino encima, se manejó bastante bien hasta que cayó en la vanidad y en la soberbia. A partir de entonces fue un desastre.

- Se dijo que había llegado a tan alta dignidad por ser amante de la reina, una teoría que está en cuestión.

- Esa historia proviene del conde de Floridablanca, que estaba molesto porque le habían desalojado de su cargo. Pero no es verosímil que Godoy fuera amante de la reina porque ésta le llevaba casi 20 años y además el rey la embarazó 24 veces, con lo que no estaba para muchos trotes. Lo que yo sí creo es que entre ambos existía una relación materno-filial. Godoy era el niño de sus ojos, lo que nunca pudo ser Fernando, con quien se llevaba francamente mal.

- Goya aparece como confidente personal de la duquesa. ¿Se quedó ahí la cosa?

- Creo que él estaba muy enamorado de Cayetana y que ella le daba carrete.

- Entre las curiosidades históricas que parecen en el libro llama la atención la escabrosa historia de la primera dentadura postiza, elaborada con dientes de muertos.

- Sí. Iban a los campos de batalla y extraían los dientes a los soldados más jóvenes. Es un hecho histórico. Hubo un señor, Antonio Saelices, de Medina de Rioseco, que construía estas dentaduras. La gente de aquella época apenas conservaba los dientes más allá de los 35 años. Primero se inventó la dentadura con dientes de porcelana, pero era un adorno, no servía para masticar, al contrario de la que ofrecía Saelices.

- También alude a vacuna de la viruela.

- Sí, cuya historia es muy curiosa. Se descubrió que las vaqueras contraían un tipo de viruela benigna y el científico Edward Jenner decidió inocular a la gente con costras de vaca, que introducía por la nariz. Pero fue un procedimiento que encontró mucho rechazo.

- En la novela se refleja una moda social que consistía en que las mujeres de la alta sociedad recibían a sus amantes o sus amigos en la cama a la hora del desayuno.

- Hay un libro de Carmen Martín Gaite que se llama 'Usos amorosos del siglo XVIII' que habla de ese tipo de cortejo, que estaba absolutamente aceptado.

- ¿La reina le odiaba tanto a la duquesa?

- Se odiaban mutuamente. La reina no quería que nadie le hiciera sombra, mucho menos una mujer tan poderosa como Cayetana. Y encima resulta que tuvieron un tonteo con el mismo hombre.

- María Luz estaba empeñada en averiguar si la duquesa murió envenenada. Usted aporta la respuesta en una nota al final del libro.

- Dejemos que lo descubra el lector.

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