Diario Vasco

Actores, entre la vocación y la supervivencia

Amaia Irazabal, durante un descanso de los ensayos de la obra 'Ladydi' de Ados Teatroa.
Amaia Irazabal, durante un descanso de los ensayos de la obra 'Ladydi' de Ados Teatroa. / LUSA
  • Cinco intérpretes relatan su experiencia en una profesión marcada por la precariedad

  • Un informe de Aisge presenta un negro panorama para los intérpretes vascos, agravado por la falta de producción audiovisual

Hace diez días la delegación de Donostia de la Fundación de Artistas Intérpretes Sociedad y Gestión (Aisge), que aglutina a los profesionales de Euskadi, Navarra, Asturias, Cantabria y La Rioja, presentó un informe con unos datos que mostraban un panorama muy pesimista para los actores profesionales. Entre la avalancha de cifras se desvelaba que siete de cada diez viven en situación de pobreza -el 32%- o precariedad con unos ingresos mensuales entre los 600 y 1.200 euros -el 35%- y se hacía hincapié en el progresivo retroceso de la situación sociolaboral que se ha ido percibiendo en los últimos años. Detrás de esos fríos datos hay un colectivo con rostros y nombres, algunos más conocidos que otros, que mira con preocupación el presente pero que no se amilana porque como afirman lo suyo es pura «vocación».

Isidoro Fernández lleva algo más de 35 años en la profesión, en teatro, cine, televisión y doblaje, y ve la situación «muy jodida, el informe es muy fiel a la realidad». Entiende que el hecho de que ETB haya dejado de hacer ficción ha puesto la puntilla a un momento complicado marcado por la crisis, que hace que los ayuntamientos destinen menos dinero a cultura y por tanto las programaciones teatrales se resientan, y por el 21% del IVA. «Aún en los años más flojos, 'Goenkale' daba trabajo a mucha gente. Al desaparecer este paraguas la gente se ha quedado muy al descubierto. De ahí surgieron muchos actores, ha sido una especie de escuela. Actualmente se programan obras de dos o tres actores, lo más sencillo posible y hay pocos bolos», explica.

Si Isidoro Fernández es la cara de la experiencia, a sus 25 años Jon Anza es uno de los actores que representa a una generación con ganas, pero a la que cuesta encontrar su sitio en la profesión. Como él mismo señala, empezó por la puerta grande. Al año de comenzar a estudiar teatro interpretó a Joxean Zabala en la película 'Lasa y Zabala' (2015), dirigida por Pablo Malo, «algo que no es normal y puede que nos acostumbráramos mal. Desde entonces el panorama audiovisual en Euskadi se ha movido muy poco y no hay forma de coger experiencia. El trabajo que hay es para los que ya están establecidos, algo normal porque no se puede arriesgar como antes, debido a la crisis. Creo que pertenezco a una generación que vivió los últimos coletazos de los buenos tiempos, ahora no tiene nada y para cuando esto se recupere habrán aparecido otros jóvenes. Igual somos una generación perdida».

También lleva poco más de un año como profesional Amaia Irazabal, de 25 años, que confiesa que «los inicios fueron un poco duros». Acudió a la presentación del informe en Tabakalera y «me llevé un disgusto enorme. Estoy trabajando más o menos y vivo con mis padres, así que mi situación es relativamente buena, pero el futuro...». Aunque considera que puede ser algo positivo porque «impulsa a que la gente tome la iniciativa». Por ejemplo, ella escribió la obra 'Eltxoak', que la ha movido bastante. En estos momentos está con las representaciones de 'Ladydi' con Ados Teatroa y antes grabó durante tres meses la serie 'Eskamak Kentzek' de ETB.

Hace cinco años Amaia Ruiz de Galarreta decidió dedicarse profesionalmente a la interpretación. Antes había hecho administración trabajaba en una empresa donde era fija, pero no le llenaba y comenzó a hacer cursos de teatro. Tuvo suerte, estuvo algo más de un año con un personaje fijo en 'Goenkale'. «Vi que se podía ganar un sueldo digno, porque las series y las películas son lo mejor pagado». Después estuvo esperando que le llamaran, cosa que no sucedía, así que decidió que «era yo la que tenía que hacer algo. Sentía la necesidad de crear». Formó un grupo y ha hecho microteatro. Al final no son cosas muy grandes, pero estoy trabajando. Así estoy en activo, puedo actuar y no pierdo seguridad para cuando te llaman para pruebas, aunque salen pocas». Para completar un sueldo ha trabajado como guía en el Topic de Tolosa, «ahora voy a empezar a hacer visitas teatralizadas», y echa una mano en un agroturismo familiar.

Malas rachas

Tras un intenso julio en 'Sueño de una noche de verano' y de rodar un corto ahora Isidoro Fernández está cobrando desde hace dos meses el paro, esperando a que salga alguna cosa. «A cada uno nos va la feria según le toca. Este es un trabajo de intermitencias y yo he pasado épocas en las que el teléfono no sonaba. 2015 fue un año 'horribilis'. Soy un privilegiado porque tengo una mujer con un sueldo fijo que nos permite mantener a nuestros hijos en mis malas rachas, pero me suelo preguntar cómo lo hacen otros». La crisis que vive la profesión le ha coincidido con «un cambio de ciclo de edad para el que hay menos papeles». Recuerda que en Francia e Inglaterra esos periodos sin trabajo están cubiertos con subsidios y seguros: «Allí no tienen que esperar a sumar meses para cobrar el paro». En este sentido uno de los datos reveladores del informe de Aisge es que el 41% de los parados del sector en el País Vasco no disponen de ningún tipo de prestación o subsidio.

Buscar otro trabajo es la alternativa. Isidoro Fernández no ha optado por esa vía porque «no sé hacer otra cosa. Creo que los actores que hemos ido trabajando con una cierta continuidad hemos sido un poco comodones y no hemos pensado en dirigir -aunque he hecho alguna pequeña cosa-, producir o escribir».

Vega Iguarán es un caso claro de cómo buscarse la vida dentro del teatro, pero sin actuar, aunque ella se reivindica como actriz por encima de todo que tiene que trabajar como regidora en eventos y espectáculos. «Aquí, como intérprete no he hecho nada desde hace años». Uno de sus handicaps es que no domina el euskera «como para hacer un espectáculo». Después de estudiar en la escuela de Ur empezó con la compañía Trapu Zaharra. Luego se marchó a Port Aventura donde estuvo haciendo teatro de calle con Els Comediants. Fue allí donde comenzó a hacer trabajos de regiduría. En 2001 regresó a Gipuzkoa cuando «la cosa ya comenzaba a estar mal y ha empeorado»

A Iguarán le ha sucedido que los compañeros le han acabado relacionando más con su faceta de regidora que con la de actriz, sobre todo de calle. «Para poder vivir estoy perdiendo lo que es mi vocación. Tampoco hay regidoras de eventos y espectáculos en Euskadi, hay de teatros y de cine. Me han especializado». Su trabajo consiste en ser el nexo entre la producción, la dirección y los actores, que todo esté listo antes de la función y que nada falle en durante su transcurso. Lo último que ha hecho es el acto que se organizó en Gernika con motivo del 80 aniversario del primer Gobierno Vasco. Dentro de la Capitalidad ha trabajado en la inauguración y en 'Sueño de una noche de verano'. Además todos los años participa en la organización de la cabalgata de Reyes de Barcelona, la Nochevieja con Els Comediants y el festival de teatro de calle de Villarreal. «Eventos puntuales que te dan para tirar un par de meses». El de regidora no es su único trabajo fuera de la interpretación, también da clases de teatro en el Amaia de Irun.

Cuando acabó el TAE, Amaia Irazabal se encontró ante el vértigo de qué hacer, y como de entrada no le salió nada relacionado con su vocación optó con fabricar bolsas a las que añadía distintas frases. «Me lo pasé bien y funcionó. Era crear de otra manera. Todos tenemos recursos, hay que saber aprovecharlos. Yo veo que los de mi generación estamos tomando muchas iniciativas». Por eso decidió crear junto a Ruiz de Galarreta un grupo, Lekord Taldea, en el que dramatizan textos acompañadas de dos músicos. «Mi sueldo se compone de dos partes, un 50% de lo que pagan por contrato y otro 50% procede de lo que yo creo», explica. Sobre el futuro «prefiero no pensar, porque no tiene sentido mirar adelante ». Como estudio Psicología no descarta unir en el futuro sus dos facetas y hacer algo relacionado con la terapia y el teatro.

Probar fortuna en Madrid

La alternativa de marchase fuera siempre está ahí, aunque también resulta compleja. Jon Anza todavía no se ha planteado buscar un futuro interpretativo fuera del País Vasco, aunque le gustaría, pero sale muy caro «y combinarlo con otro trabajo resulta complicado». De momento ha terminado Arquitectura, sigue preparándose «más al estilo americano», es decir aprendiendo también a cantar y a bailar «aunque tampoco veo que la cosa funcione». Pero va a seguir insistiendo «porque he descubierto que es mi vocación. A mí con 'Lasa y Zabala' me picó el gusanillo». Reconoce que cuando acabó la película «pensé que me iba a ir mejor». Desde entonces solo ha hecho un par de personajes episódicos en 'Goenkale' y un poco de publicidad. De momento no ha trabajado en ningún corto. «Después de la película nos aconsejaron que no participáramos en ningún corto amateur porque, al no estar dirigidos por no profesionales, nos podía perjudicar. Es cierto que lo hicieron por nuestro bien, pero la pregunta es cuándo puedes participar para que al menos te sigan viendo trabajar».

Ruiz de Galarreta ha estudiado en Madrid, «pero sentía que era la jungla». Lo que no descarta es «vivir aquí, y acercarme a Madrid cuando haya pruebas o me llamen».

Los sueldos también se han visto reducidos en estos últimos años. «Antes te permitían hacer una hucha para las intermitencias en las que no trabajas. Ahora es muy difícil hacer un colchón de resistencia», recuerda Fernández. Iguarán explica que «hace años subieron, pero ahora estamos cobrando lo mismo que en 1992». Anza, desde su corta experiencia ha comprobado que en esta profesión cuesta bastante tiempo cobrar un trabajo, «los primeros en recibir el sueldo suelen ser los técnicos, puede deberse a que piensen que como lo nuestro es vocacional... Hay muchos estigmas que dificultan salir adelante».

A pesar del panorama, Isidoro Fernández opina que «es imposible dejar esta profesión. La amas de forma irracional. Lo de los actores es como una enfermedad estúpida que no se cura. Los jóvenes no se tienen que desanimar. En todas las épocas los cómicos nos hemos buscado la vida».

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