Diario Vasco

Pero... ¿sirven para algo los premios literarios?

  • Los autores consideran que los galardones sirven de promoción y que se conceden siempre a sí mismos como una forma de autoprestigiarse

Que el encendido debate protagonizado por Bob Dylan y la Academia Sueca girara en torno a un premio literario y no sobre una obra en concreto, invita a preguntarse cuál es la importancia real de los galardones literarios -de los que el Nobel es su máximo exponente- en este inicio del siglo XXI. Michel Gaztambide no les da mayor importancia: «Forman parte de las parafernalias que rodean a oficios que normalmente las necesitan para que la gente se interesa un poco más. La gente lee poco y si a alguien le dan el Planeta o el Nobel y sirve para que el público se interese un poco más, pues bueno, estupendo. Forman parte del circo en el que estamos metidos, vamos a considerarlo un mal menor».

Harkaitz Cano señala que «obviamente, los premios no hacen mejores las obras», pero recuerda que «pueden servir en cuanto a que la dotación económica ayuda al autor» a la hora de continuar con su labor creativa. «De todas formas, en mi opinión, los premios no se dan al galardonado, sino que es la institución que los concede la que se lo da a sí misma. La Academia Sueca se premia a sí misma para decir 'mira qué lista, qué innovadora, qué epatante o qué clásica soy'. Sucede con todos los premios, desde el el Euskadi al Ciudad de Irun, pasando por el Nobel». Y Karmele Jaio suscribe esta opinión: «Creo más que el reconocimiento del autor, que en el caso de Dylan ya lo tenía, el jurado del Nobel ha buscado la promoción del propio premio». La autora de 'Ez naiz ni' confiesa que «se me hace difícil hablar de premios literarios en general, porque hay diferencias -premios creados por editoriales, premios de instituciones, premios otorgados por los lectores, becas para la creación...-, pero creo que fundamentalmente son un instrumento de promoción y publicidad».

Al hilo de lo que apuntaba Jaio, Danele Sarriugarte también considera que «sirven para que te puedas acercar a determinados autores». En este punto, recuerda el caso del escritor chino Mo Yan, que «no estaba traducido al euskera en 2012, cuando le dieron el Nobel. También me alegré mucho cuando ganó la austríaca Elfriede Jelinek -en 2004-. Supongo que sirven para establecer un canon y desde ese punto de vista, me parece bien que se abran un poco, pero por otro lado, están demasiado sometidos al mercado». Sarriugarte recurre al ejemplo de los premios Euskadi para indicar que suponen «una ayuda para los escritores, sobre todo en euskera, porque veo los problemas que hay para la creación. Dependiendo del contexto, sirve para difundir. Lo del Nobel está unido a los valores del siglo XX. Hoy en día queda raro. Se intenta modernizar. Les falta adaptarse. Estamos en medio de un cambio muy grande».

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