Diario Vasco

Ybarra: «Me di cuenta de que había vivido siempre rodeada de muerte»

    Gabriela Ybarra.
    Gabriela Ybarra.
    • GABRIELA YBARRA, 'EL COMENSAL', La autora galardonada construye en su primera novela un relato sobre el asesinato de su abuelo a manos de ETA y el fallecimiento de su madre

    Gabriela Ybarra (Bilbao, 1983) se ha llevado el Euskadi de Literatura en castellano con 'El comensal', un relato construido a través de la enfermedad y muerte de su madre, y del secuestro y asesinato por ETA de su abuelo, Javier de Ybarra y Bergé, seis años antes de que la propia autora naciera. Ybarra utiliza estos dos acontecimientos para conjugar «magistralmente el relato del pasado familiar y el del presente más íntimo», según el jurado. Con un estilo «de una sencillez engañosa», el resultado es una novela que «atrapa y conmueve».

    ¿Qué presencia ha tenido en su vida la figura de su abuelo asesinado?

    Me enteré de la historia porque se le escapó a una vecina. Entiendo que mis padres estaban en una situación complicada porque cómo le vas a contar a una niña pequeña que a su abuelo lo han asesinado, encima, en aquellas circunstancias, que fueron tremendas. Si lo cuentas mal y si no lo cuentas mal porque entonces no entiendes muy bien a qué obedecen determinados comportamientos, no sólo en mi familia, sino también en el colegio. Recuerdo que había un compañero de clase que me contaba: «Es que mi familia me ha dicho que no puedo ser amigo tuyo». Entiendes que está pasando algo raro, pero no sabes muy bien el qué. Lo que sí supe desde muy pequeña es que no podía dar muchos datos sobre mi vida.

    ¿Cómo le explicaron esto?

    Me dijeron que había una especie de seres que querían matar a mi padre. Claro, esos seres estaban para mí en una especie de territorio de ficción, como puede ser el 'coco' a esas edades. No hay que contar nada, me dijeron, ni dónde vives, ni nada. Y yo a veces me enfadaba, sobre todo a la vuelta del verano, porque todo el mundo contaba sus vacaciones y yo no podía.

    ¿Y cómo vivía la presencia de la escolta en su vida?

    Fue muy curioso, porque ya antes, en casa pasaban cosas raras. Recuerdo que si por la noche aparecían coches, mi madre apuntaba la matrícula para preguntar a la Policía si el coche era robado... Cosas así, un poco extrañas. De todas formas hay una voluntad de vivir tan grande y de hacer como si no pasara nada -porque lo que todo el mundo quiere es ir al trabajo, tomar una caña con los amigos...- que cuando a mi padre le pusieron escolta en 2001 y nos dijeron que había un comando que le seguía no nos lo podíamos creer. Fíjese que era clarísimo que era un objetivo, pero nos sorprendió por completo.

    En 'El comensal', cruza esta historia familiar con la enfermedad y muerte de su madre...

    Hay varios puntos en común pero uno de ellos consiste en que la elaboración de un duelo es la elaboración de una historia. Es un relato que te cuentas sobre esa persona que se ha ido, lo que ha significado para ti, lo que eras tú respecto a esa persona que se ha marchado... Al tratar de pensar sobre quién era yo, quién era mi madre, de repente, me empecé a dar cuenta de que su muerte no era algo tan raro, sino que yo había vivido rodeada de muerte toda mi vida, pero no la había visto. Aunque fueran circunstancias completamente diferentes, mi abuelo estuvo secuestrado durante un mes y mi madre, en un hospital las tres últimas y peores semanas. Son dos cautiverios y en los dos casos está esa agonía y la sensación de que tu vida no te pertenece. En el caso de mi abuelo, porque en cualquier momento sus captores le podía pegar un tiro y matarlo, y en el de mi madre, porque la enfermedad podía acabar con ella.

    ¿Qué reacciones ha provocado 'El comensal' en su familia?

    Mi familia es muy grande, así que se puede imaginar que ha habido reacciones de todo tipo. En general, bien, pero los procesos del dolor son tan íntimos que cada cual toma un camino y en mi caso, ha sido escribir el libro. Antes de publicarlo, lo compartí con mi padre y con mis hermanas, y han sido muy generosos al dejarse retratar. Al principio les pareció, sobre todo a mi padre, una historia muy chocante, pero ahora siento que hemos abierto un canal de comunicación que antes estaba obstruido. Tan emocionante como escribir el libro está siendo todo lo que está pasando después porque, de alguna manera, hay muchísima gente que me está contando historias que no sabía sobre mi familia y sobre mi abuelo. De alguna forma me ha quitado un poco de peso, de presión de encima.

    ¿Cree en los poderes reparadores de la literatura? O por preguntarlo de otra forma: ¿Ha cambiado su forma de ser tras la escritura del libro?

    Hay una frase de Joan Didion que dice algo así como que nos contamos historias a nosotros mismos para sobrevivir. El mero hecho de poner en orden acontecimientos ya da una cierta sensación de control falsa: «Ah, pasó esto». Pero esa narrativa hay que estar actualizándola, aunque no lo escribas y sólo lo nhagas en tu propia cabeza. Sí me ha ayudado a comprenderme mejor y a querer más a mi familia.

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