Diario Vasco

El regreso de la última esperanza rock

La intensidad y la entrega son las señas de identidad del grupo norteamericano, que regresa ocho años después con su mejor versión.
La intensidad y la entrega son las señas de identidad del grupo norteamericano, que regresa ocho años después con su mejor versión.
  • Marah. La banda de los hermanos Bielanko actúa hoy en la nueva sala de conciertos de Tabakalera en su gira de reunión

LLo tenían todo para dar el salto definitivo del circuito de salas y clubes al estrellato: canciones, conciertos intensos y demoledores, padrinos ilustres, el respaldo de la crítica especializada y el entusiasmo de un público que no dejaba de aumentar con cada uno de los pasos de su carrera. Y, de repente, en 2008, con flamante nuevo disco bajo el brazo y a las puertas de una gira ya cerrada que estaba llamada a ser la confirmación de un éxito que tocaban con los dedos, el grupo saltó por los aires.

Hasta Springsteen les invitaba a acompañarle en uno de sus concierto pero había sido un lustro, el transcurrido desde 2003, en el que el grupo había echado el resto y había dado con la alineación adecuada, donde el protagonismo de los hermanos Bielanko (Serge y David) había encontrado el refuerzo perfecto con la incorporación de Adam Garbinski a la tercera guitarra y el batería David Petersen, ambos miembros del grupo de punk rock Squad Five-0; y cuya aportación multiplicaba el potencial del sonido del grupo. Es esa formación la que graba dos de sus mejores tratados: 'If You Didn't Laugh, You'd Cry', en 2005, y 'Angels of Destruction' (2008).

El exigente ritmo de esos años, cuatro discos y dos EP's entre la salida de '20,000 Streets Under the Sky', en 2004, y 'Angels of Destruction!', sumadas a las continuas y desparramadas giras, terminaron por aflorar tensiones internas. No ayudó tampoco el cada vez mayor descontrol de David con el 'alpiste', que le hacía entrar en barrena cada vez con mayor y peligrosa frecuencia.

El caso es que Garbinski, Petersen y Serge optaron por bajarse en marcha aquel 2008. Al frente quedó solo Dave, junto a la teclista Christine Smith. Con ella y tres músicos alquilados aun llegaron a publicar dos álbumes; el último de ellos, un acercamiento al country y el folk tradicional de las montañas de Pennsylvania. En medio, Serge volvió en 2011 para una puntual gira por España y varios conciertos en Estados Unidos pero como vino se fue y, padre de tres hijos, optó por regresar a su vida familiar.

Nadie daba ya un duro por el futuro de la banda pero el año pasado el milagro comenzó a fraguarse. En octubre de 2015 el grupo se reunió para conmemorar el 15 aniversario de la salida de su primer gran álbum, 'Kids in Philly', reeditado ahora en su propio sello, al igual que 'Angels of Destruction!'.

Dave recuerda la gestación de este regreso que les trae hoy a Donostia en una intensa gira de seis conciertos en siete días. «Estuvimos hablando todos juntos y acabamos haciendo una actuación especial en Philadelphia. Una cosa llevó a otra rápidamente y al poco tiempo estábamos todos en contacto, de nuevo».

Y prosigue. «Estábamos emocionados. Fue una gran sorpresa, pero también algo con sentido, teniendo en cuenta nuestra historia pasada juntos. Así que nos pusimos a tocar en una vieja escuela abandonada, y nos dimos cuenta de que había algo mágico que se mantenía, a pesar de los malentendidos que había habido entre nosotros. Nuestra música era algo valioso y valía la pena salvarla. La oportunidad surgió esta vez y la hemos aprovechado. El perdón, la gratitud y la amistad siguen ahí y la música volvió».

Planes de disco

Además de las reediciones, el grupo ha comenzado a darle vueltas a la posibilidad de ponerse a grabar un nuevo álbum. «Desde el momento en que nos volvimos a juntar en mi mente ha aparecido la idea de hacer un nuevo disco de Marah. ¿Cómo? ¿Dónde? Aún no lo sé, pero me conozco y sé que no puedo dejar escapar esta oportunidad o me arrepentiré. Pasará, seguro».

Dave parece haber despejado las dudas acerca de la continuidad de la banda. Al menos de momento. «He estado tantas veces arriba y abajo como en una montaña rusa a lo largo de la vida de esta banda, que sería mucho más difícil dejarlo morir ahora que continuar. Pienso que el mundo es un poquito mejor con nuestra banda en él. Así que nos quedamos. Tenemos mucho que demostrar a nuestros fans y a nosotros mismos. No es una cuestión económica, sino de orgullo, hacer ver que estamos ahí a público, promotores y salas. Lo van a sentir porque vamos a llevar un tsunami de rock and roll. Queremos que nos vean como una de las últimas grandes bandas de rock and roll, y además estamos encantados de hacerlo. No somos una idea de marketing sino todo lo contrario», avisa a navegantes.

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