Diario Vasco

Pasaia homenajea el universo escultórico de Ricardo Ugarte

Ricardo Ugarte arranca notas musicales a la 'Txalaparta' (1974) con ayuda de dos martillos.
Ricardo Ugarte arranca notas musicales a la 'Txalaparta' (1974) con ayuda de dos martillos. / FRAILE
  • Una exposición en dos sedes reúne una retrospectiva del escultor sanpedrotarra

  • Algunas de sus esculturas de mayor tamaño se podrán visitar a partir de mañana en Casa Ciriza, mientras el Udal Aretoa reúne otras de sus obras

El imaginario hecho a base de proas, castillos de popa, anclas y otras piezas ligadas al mar e ideadas en acero que identifican la producción de Ricardo Ugarte (Pasai San Pedro, 1942) ha desembarcado esta semana en Pasaia. El ayuntamiento ha decidido brindar un homenaje al escultor que «orgulloso de sus orígenes, siempre ha presumido de sus raíces pasaitarras». Le ha invitado a «regresar a casa», a su casa, para protagonizar una exposición que permite realizar un recorrido a través de su trayectoria artística.

«Es emocionante que en mi propio pueblo me hagan un homenaje de este tipo a través de mi obra plástica. La exposición va a ser el reflejo de ese cariño», confiesa Ugarte, mientras se ocupa personalmente de ultimar los detalles de cara a la inauguración, prevista para mañana por la tarde.

Bajo el título 'En la Bahía de Pasai San Pedro', la muestra tiene la peculiaridad de celebrarse simultáneamente en dos espacios cargados de significado, que distan un kilómetro de distancia. Por un lado, el edificio conocido como Casa Ciriza, en Trintxerpe, vestigio de un pasado industrial que convirtió a la población en aquella 'ciudad del dólar' que hoy sólo existe en la memoria de los ancianos y en las páginas de los libros de historia. Por otro, el Udal Aretoa de San Pedro, una sala municipal de dimensiones más reducidas que el propio Ugarte tuvo ocasión de estrenar con otra exposición en 1994. «Es un espacio al que tengo especial cariño, porque yo nací a pocos metros, en el número uno de la calle Viuda de Pasamán», señala.

En Ciriza se agrupan las esculturas de mayor envergadura, como la 'Proa del silencio', que, con sus tres metros de altura, se erige imponente entre el resto de creaciones inspiradas en las principales partes de barcos como los que atracan a apenas 200 metros, en los muelles del puerto de Pasaia. Ese universo construido con el mar como fuente de inspiración se refleja en las dos estancias en las que se divide el inmueble.

En la principal no faltan más proas, anclas, los reconocibles ojos de buey, una serie de norays, ese elemento situado en tierra para el amarre de embarcaciones, e incluso una txalaparta que vio la luz en 1974 y que es capaz de ofrecer un recital de notas musicales, disfrazadas del inconfundible sonido del metal, a base de golpearla con dos pequeños martillos.

En la que sirve de antesala a ésta, se hallan otras creaciones algo menores en tamaño elegidas a modo de «prólogo», en palabras de su autor, «pero que hilvanan a la perfección con todas las que están aquí». Les acompaña, «como contrapunto» en las paredes, una serie de obras gráficas con el fin de «equilibrar la presencia de las esculturas».

El resultado final sorprende al espectador, transmitiéndole la falsa impresión de que las obras hubieran pertenecido desde siempre a este viejo edificio que hace décadas cayó en desuso, y ahora hubiesen vuelto para ocupar el lugar en el que fueron soñadas tiempo atrás. La idea seduce al propio Ricardo Ugarte.

«Me gustó ese sabor industrial, añejo, que tiene Ciriza, como el que tuvo en su momento Tabakalera. Por eso, todas las esculturas van en este pabellón sin peana, aunque la mayoría la tienen. Quería que emergieran directamente del suelo. Se establece un diálogo con todo el entorno», declara, mientras reconoce sentirse «muy contento» de cómo ha quedado.

No menos satisfacción le produce comprobar la forma en que se configura el resto de la exposición en su segunda sede, la que le brinda el Udal Aretoa de San Pedro, donde se reúnen los trabajos de menores dimensiones, incluyendo los que hacen referencia a esculturas situadas en entornos cercanos.

Según explica, «también pueden contemplarse algunas de las creaciones más antiguas. Entre ellas, 'El cabello del viento', de 1978; la que titulé 'Balanceo', perteneciente al mismo año; el 'Homenaje a Jorge Manrique', que sirvió para posteriormente hacer la escultura que se encuentra en la plaza de los Gudaris de Trintxerpe...».

A las anteriores se suma la que sirvió de maqueta para la escultura 'Ancla para un puerto', que, con sus 20 metros de altura, preside desde 2008 la entrada a Pasaia erigida en medio de una gran rotonda. Es otro ejemplo de lo mucho que valora al artista su pueblo natal. «La verdad es que no me puedo quejar», reconoce.

Un libro de 'singladuras'

En una vitrina del Udal Aretoa se muestran, asimismo, diferentes publicaciones. Destacan en número los catálogos de otras muestras protagonizadas por Ugarte y en cuyas páginas se recogen escritos como el poema firmado por su mujer, la escritora Julia Otxoa; aquél en el que le decía: «pese a todo, tú sigues ahí, en la trinchera, plantando desafío a los fríos ojos del silencio».

Ricardo Ugarte continúa viéndose identificado en sus palabras. «Ahora mi desafío es estar activo», afirma, al tiempo que desvela su siguiente proyecto, la edición de un libro para cuyo título vuelve a inspirarse en su siempre recurrente universo marítimo, 'Singladuras'. «Lo he tenido que dejar parado para preparar esta exposición. En él he querido recoger todos los artículos que he escrito en prensa, prólogos de catálogos, diferentes textos míos... Son unas singladuras literarias. El libro está bastante avanzado, aunque puede que incluya algunas ilustraciones de esculturas antes de presentarlo el próximo año», manifiesta.

Antes de que finalice 2016 tomará parte, además, en una nueva exposición, en la que compartirá espacio con otros seis escultores y que tendrá como escenario la Casa de Cultura de Okendo, de San Sebastián. «Yo me encargaré también de diseñar el catálogo», comenta.

Hasta entonces, su talento artístico echa el ancla en Pasaia, donde se viene inspirando desde los 12 años, cuando pintó su primer cuadro con un barco como tema central. Otros muchos buques han servido de modelo a obras como las que ahora retornan al puerto del que un día zarparon.

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