Diario Vasco

Los paisajes imposibles de Alejandro Garmendia

Alejandro Garmendia, delante de una de sus obras expuestas en Kur.
Alejandro Garmendia, delante de una de sus obras expuestas en Kur. / MICHELENA
  • El artista donostiarra expone en la galería Kur hasta mediados de enero

La obra de Alejandro Garmendia (San Sebastián 1960) es una combinación entre realidad y virtualidad, entre referencias reales e imaginarias, que da a sus cuadros un aire surrealista, influencia de la que no rehuye, al contrario «es el movimiento que más me atrae». Son paisajes imaginarios imposibles que se dirigen al subconsciente y que nacen en sus estudios de Nueva York y Hendaia.

Las piezas que expone ahora en la galería donostiarra Kur hasta mediados del próximo enero han tenido una evolución larga. «Algunas las comencé hace diez o quince años y las he terminado ahora. Otras están hechas este año, otras datan de hace veinte años, pero las he retocado y enmarcado ahora. Todas han tenido un proceso». Cuando comienza una obra no tiene planteamientos previos ni en el tema ni en la técnica que va a emplear. «Lo que me gusta es no tener las cosas claras». Por ejemplo, abrir un escritorio y encontrarse dibujos que realizó hace décadas y retomarlos hasta convertirlos en algo diferente.

Suele trabajar en series, «lo que me permite que vayan apareciendo cosas, capas que enriquecen los cuadros o, por el contrario, realizar lo que se llama ensayo y prueba y rechazar lo que creo que no funciona».

Explica que trabaja en los colores hasta hallar el que le deja satisfecho porque «soy daltónico y me tiene que gustar realmente, calculo bastante, no es algo aleatorio».

Un par de cuadros basados en la serie 'Muebles en el valle' de uno de los surrealistas de referencia y que apasiona a Garmendia, Giorgio de Chirico. «Hice toda una serie retomando ese tema. De Chirico siempre está muy presente en mi arte, tanto sus cuadros como sus escritos. Su imaginería es muy especial».

Una de las piezas más llamativas de la muestra es una composición a base de elementos arquitectónicos, combinados, cambiados de escalas y de contexto. Lámparas de techo aparecen en el suelo y las columnas están del revés.

Partir de lo existente

En la exposición también hay varias piezas con elementos de collage, una de las técnicas que emplea habitualmente en su creación. «Me gusta partir de algo que ya existe previamente, jugar con ello y desarrollar la obra hacia nuevos ámbitos». Muchos de esos recortes proceden de obras propias, aunque también recurre a revistas.

Alejandro Garmendia explica que cada trabajo le marca la técnica que tiene que emplear. «No es algo especialmente premeditado». Por ejemplo un conjunto de pequeñas obras están realizadas durante una de sus estancias en México. «Pintaba en la playa y por lo tanto necesitaba crear muy rápido». En otros casos el proceso parte del empleo del ordenador con la manipulación de fotografías que luego imprime en grandes dimensiones y en ocasiones después pinta sobre la imagen digital.

Los paisajes que pueblan su obra son de lo más variado. Entre ellos se encuentran algunos que representan calles de una ciudad que bien podría ser un París sonoro porque «remiten a la música con trompetas, megáfonos, sirenas... y llevan a la sensación de ruido». No es casual que en su trabajo aparezcan constantes referencias a la música porque es otra de sus pasiones a las que se ha dedicado desde joven. Si la música influye en su trabajo, lo mismo sucede con la lectura. Uno de los libros que ha leído recientemente y que le ha encantado es 'Los últimos días de Emmanuel Kant', de Thomas de Quincey, «porque habla de cosas nimias sobre un personaje relevante».

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