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Enard ha vivido en Oriente Medio y domina el árabe y el persa.
Enard ha vivido en Oriente Medio y domina el árabe y el persa. / DV

Mathias Enard: «Tenemos que perder el miedo a Oriente»

  • El autor de 'Brújula', premio Goncourt en 2015, aboga por estrechar los lazos entre civilizaciones

«Parece el principio de un chiste de aquellos de los 80», se ríe al teléfono el escritor Mathias Enard, premio Goncourt 2015 por su novela 'Brújula'. «Están un francés y un español hablando ante vascos y...». Con el comentario Enard deja claro que, tras años viviendo en Barcelona, ha aprendido a distinguir los 'humores' de las distintas regiones, algo que por otra parte pasa en todo el mundo. Sabe de lo que habla.

Este francés nacido en Niort, Nueva Aquitania, ha vivido en varios lugares de Oriente Medio (estudió árabe y persa) y en Alemania. De todo ello, y de su fascinación por Oriente, hablará esta tarde a partir de las 19.30 horas en Bidebarrieta en el marco del Festival Ja!, el de la risa, que se celebra en Bilbao. Aunque teniendo en cuenta que parte fundamental de 'Brújula' es Oriente Medio, no parece que haya mucho sitio para el humor... «No da para muchas carcajadas, es la verdad. Pero precisamente por eso hay que reírse un poco. Es cuando las cosas están más desesperadas y más tristes, cuando tiene que quedar espacio para el humor, para cambiar un poco de aires», defiende.

- Como dicen, ¿el humor está ligado a la inteligencia?

- ¡El bueno! (risas). Sí, claro. Y también a la inmediatez. El humor y la risa, incluso la involuntaria, tienen que ver con la empatía. El humor es una forma de comunicación.

- ¿Se ha roto la comunicación entre eso que llamamos Oriente y esto que llamamos Occidente?

- No, yo creo que no. Lo que pasa es que en nuestros medios de comunicación y redes sociales solo vemos la violencia y el odio, pero al final hay muchísimas formas de vivir tanto en Oriente como aquí. Y cada vez hay más Oriente en Europa y viceversa. Por eso hay que ver, más allá de la violencia, nuestras relaciones más hondas y reales, todo eso que somos, las formas de pensar y de vivir. Tenemos lazos muchos más profundos de los que se ven a simple vista.

- Lazos que, se señala en la novela, vienen de muy antiguo.

- No creo que sean dos cosas que se puedan separar, como si hubiera un río entre ambas partes. Hay una continuidad geográfica y cultural brutal, siempre ha habido relaciones, desde el 3.000 antes de Cristo. Y sigue así. Pero parece que tenemos solo presente lo que ocurrió en el periodo medieval.

- El intercambio ha sido siempre fluido.

- Lo ha sido, pero lo que pasa es que desde el siglo XIX esos intercambios fueron contemporáneos de la dominación política, militar y económica de Europa sobre gran parte del antiguo Imperio Otomano, de Irán, de la India... Y claro, esto hace que las relaciones se hayan vuelto mucho más tensas y complicadas.

- En 'Brújula' se habla de una historia de pillaje, dominación y desposesión. Y de quién tiene el revólver y quién la pala para cavar a sus órdenes.

- Desgraciadamente ha sido así. Pero las relaciones han evolucionado con el siglo XX, con el final de la colonización, con el nacimiento de otro tipo de dominación económica, y ahora en el siglo XXI con otro tipo de violencia. Todo cambia el paradigma de las relaciones. Y al mismo tiempo, aquí estamos en una fase muy extraña en la que nos cuesta entender lo que somos también, no es fácil para nosotros entender el lado muy mestizo de Europa hoy. Hay más Oriente en Europa que nunca. En todas partes hay mezquitas, restaurantes de comida oriental, y eso nos parece normal, pero no vemos las consecuencias culturales de esto: significa que tenemos que perder el miedo a Oriente, a las diferencias, ser mucho más abiertos, tratar de entender nuevas formas de convivencia.

Catástrofe

- Si digo Siria, que es tan protagonista de su novela y de su vida, ¿qué le viene a la cabeza?

- La mayor tragedia de la Historia en Oriente Medio. La guerra civil en Siria es de una magnitud nunca vista hasta la fecha allí. Quinientos mil muertos, millones de desplazados y refugiados, es una catástrofe. Y es muy triste ver que no hemos sido capaces de parar esta violencia cuando todavía se podía; la comunidad internacional ha sido de una cobardía increíble. Nuestros políticos no hacen nada ante la violencia más cruda, como si fuera algo aceptable.

- Y a nivel cultural, ¿si digo Siria, Irán, Turquía?

- Son mundos de los que hemos tomado muchas cosas prestadas a lo largo de los últimos dos siglos, muchos viajeros, traductores, músicos, han pisado esos lugares para transformar el arte en Europa. Basta con pensar en los pintores que han viajado allí, o en los escritores. El movimiento del orientalismo ha sido una forma extraña de encuentro a ambos lados del Mediterráneo y creo que ahí sigue habiendo una pasión por parte de Europa por el otro, por el exotismo, por las mil y una noches, por todos esos hechos culturales que alimentan una pasión real por descubrir al otro.

- ¿Existe desde el otro lado esa pasión?

- Igualmente. Ellos han tomado ideas de nosotros. Es también un resultado de la globalización: EE UU y Europa están muy presentes en esos países.

- ¿La novela es un homenaje a esa fascinación mutua?

- Sí, y era también una forma de ver más allá de la violencia cotidiana no para encontrar una utopía, sino otros modos de narrarse que no sean las bombas y la dominación.

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