Diario Vasco

Cuando el equilibrio entre la ley social y la naturaleza abre el debate filosófico

Andrés Moya, Francisco Ayala, Víctor Gómez Pin y Javier Echeberría durante la jornada celebrada en la ermita de Santa Ana.
Andrés Moya, Francisco Ayala, Víctor Gómez Pin y Javier Echeberría durante la jornada celebrada en la ermita de Santa Ana. / J.M. LÓPEZ
  • Un ex asesor de Bill Clinton, genetistas, filósofos y un cineasta protagonizaron ayer una jornada en Donibane promovida por Jakiunde

El problema es casi tan antiguo como el ser humano, aunque no por ello deja de estar de plena actualidad. Analizar la delimitación entre las leyes sociales y las de la naturaleza, las construidas por el hombre y las resultantes de la necesidad del medioambiente, en un momento en el que la exigencia ecológica está siempre presente a la hora de concebir la organización de la ciudad. Ése era el punto de partida planteado por Jakiunde, la Academia de las Ciencias, de las Artes y de las Letras, para reunir a destacados teóricos y referentes en distintos ámbitos con el fin de ofrecer una visión multidisciplinar del tema.

La ermita de Santa Ana, situada en lo alto de Pasai Donibane, se convirtió en el original escenario de esta jornada de carácter filosófico que, bajo el título de 'Orden Natural y Ley de la Ciudad', forma parte del Ciclo 'Erronkak/Desafíos', enmarcado en DSS2016EU. De coordinarla se ocupaba el filósofo, catedrático emérito de la Universidad Autónoma de Barcelona y académico de Jakiunde Víctor Gómez Pin, quien recordó cómo el debate se remonta hasta la Antigua Grecia.

«Y sigue presente», aseguró, añadiendo que suele creerse que las leyes sociales se forjan tomando como modelo las naturales. «Aunque a veces la ley de los hombres interviene en el orden natural, como ocurrió aquí, cuando se trató de ampliar el puerto de Pasaia», indicó.

El mar, como escenario

Gómez Pin dio paso a dos teóricos de la evolución de primer plano, Francisco Ayala y Andrés Moya, quienes ofrecieron sendas ponencias basadas en cuestiones biológicas y su influencia con el entorno.

Avalado por un curriculum que le define como biólogo de la Universidad de Valencia y Premio Nacional de Genética en 2012, entre otros muchos méritos, Moya centró su exposición en la violencia letal humana, en la que le lleva a matar a miembros de su misma especie, cuyo índice se fija, según explicó, en un 2%. Partiendo de «este sustrato de origen filogenético», mostró diversas variaciones producidas a lo largo de la historia y también en relación con diferentes grupos socio-políticos.

«El 2% se incrementó en la Nueva Era, pero en épocas más recientes, ese hipotético biológico ha bajado», manifestó, al tiempo que hizo hincapié en la evolución que dicho porcentaje ha experimentado en relación al tipo de organización social y cultural. «Es muy interesante, porque en la Prehistoria, pese a lo que podamos creer, no eran excesivamente agresivos, mientras que en tiempos más recientes, quienes funcionan en determinadas bandas, se sitúan por encima de ese componente biológico. En cambio, en los estados modernos ha habido una disminución significativa, especialmente en el caso de los estados en los que se practica la ejecución de personas», declaró.

Andrés Moya aseguró que el índice de la violencia letal puede reducirse. «Tenemos una tasa intrínseca, es difícil zafarse de ella, pero contamos con la posibilidad de que disminuya. No es imposible», dijo.

No menos interesante resultó la visión que trató de ofrecer el también genetista Francisco Ayala. Quien fuera asesor científico de Bill Clinton y en la actualidad máximo responsable de la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia, centró su disertación en la evolución, tanto biológica como cultural, que ha experimentado el hombre a lo largo de miles de años.

La biológica depende del ADN, de la herencia genética que se transmite de generación en generación y de una herencia 'mendeliana', que no tiene carácter adquirido. Por el contrario, la evolución cultural pasa por la transmisión de enseñanzas que se aprenden en todos los contextos, de conocimientos adquiridos.

«En el caso de la evolución cultural, la adaptación es mucho más eficiente y rápida que la biológica. No se precisa ni del paso de una generación, ni de mutaciones diseñadas, pues los inventos y descubrimientos se suceden con alta frecuencia. Además, es acumulativa, puesto que las nuevas adaptaciones no requieren de reemplazar las previas», matizó Ayala.

El teórico finalizó su exposición con una conclusión, la de que «durante los últimos milenios, la humanidad se ha adaptado cambiando el ambiente de acuerdo a las necesidades de sus genes y no cambiando sus genes de acuerdo a las demandas del ambiente». Y puso como ejemplo, la colonización llevada a cabo de los diferentes continentes, así como la conquista del mar, el aire y el espacio astronómico.

Javier Echeberría, filósofo, investigador de Ikerbasque y académico de Jakiunde, dinamizó el posterior debate, planteando cuestiones como la posible incidencia del lenguaje o las tecnologías en el índice de violencia letal, así como las religiones monoteístas. «Se podría estudiar si la aparición de un lenguajes o los idiomas pueden contribuir a disminuir esa tasa», propuso, aunque ni dicho aspecto ni los otros planteados parecen tener incidencia alguna, a tenor de lo que Moya y Ayala respondieron.

El mar, como escenario

La jornada celebró a lo largo de la tarde su debate «más literario», como lo calificó Gómez Pin. El capitán de la marina mercante Pedro Eizagirre intervino en el encuentro, junto al cineasta Agustín Díaz Yanes, ganador de dos premios Goya -mejor director y mejor guión original- por la película 'Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto'.

Con ellos, se abordó un cambio de escenario, el que delimita el mar, que también fue fuente de inspiración para Víctor Hugo, quien visitó Pasai Donibane siglos atrás. «El mar pone límites a esta tendencia de los hombres de imponer ley a su entorno», recordó el coordinador de la jornada, que concluyó, precisamente, con la celebración de un concierto de la mano de Kantuz Taldea, cuyos componentes interpretaron ante el público 'Itsasoa eta maitasuna-Mar y amor'.

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