Diario Vasco

El artista oriotarra Iñigo Manterola muestra sus esculturas en Abu Dabi

Manterola muestra una de sus esculturas durante la última exposición que realizó en San Sebastián.
Manterola muestra una de sus esculturas durante la última exposición que realizó en San Sebastián. / USOZ
  • Hoy inaugura una exposición de veinte piezas forjadas a mano en el hotel Sheraton de la capital de los Emiratos Árabes Unidos

Dice que una de las características que mejor le definen como artista es su «constante y vital evolución». Es lo que ha hecho a lo largo de dos décadas el artista Iñigo Manterola (Orio, 1973) y es lo que piensa seguir haciendo en el futuro. No era fácil dejar atrás una actividad que le reportaba cierto éxito, pero es precisamente lo que decidió para seguir creciendo como artista. De pintor figurativo de temas esencialmente vascos, con predominio de los que trataban de la pesca del bonito y el mundo arrantzale, dio un giro radical para abrir una nueva etapa centrada en la escultura y la abstracción. Aunque sin olvidarse de la anterior actividad pictórica, a la que vuelve de forma recurrente.

Pero no son figurativas, sino abstractas las propuestas escultóricas que ha seleccionado para la exposición que desde hoy y hasta el día 21 presenta en los salones del lujoso hotel Sheraton Abu Dabi Hotel Resort de Emiratos Árabes Unidos. Se trata de una veintena de obras forjadas a mano e inspiradas algunas de ellas en la arquitectura árabe. Todas las piezas son únicas y esta es una característica del artista, aunque reconoce que eso limita su producción.

El salto a este país petrolero ha llegado a raíz de la última exposición de Manterola. Fue hace poco más de cuatro meses en el Hotel María Cristina de Donostia, como invitado del 'pop up' de la chef -tres estrellas Michelín- Hélenè Darroze. Más de medio centenar de exposiciones individuales y veinte colectivas en ciudades como San Sebastián, Pamplona, Madrid, Barcelona, Valencia, París, Biarritz, Oporto, Estrasburgo y México D.F., entre otras, dan cuenta de la evolución de este artista.

El mundo del mar

Su primera etapa como pintor figurativo está íntimamente relacionada con su familia y su vida junto al mar. Hijo, nieto y biznieto de pescadores, Manterola ha exteriorizado sus vivencias y percepciones del puerto de su Orio natal a través de sus pinturas durante una veintena de años. Pero fue una experiencia en alta mar, a bordo de un pesquero, lo que le llevó a cambiar de rumbo. Así lo explicó:

«Hacía ejercicios plásticos en los que caminaba hacia la abstracción y volvía a recuperar la figuración de otra manera, pero casi totalmente me consideraba figurativo. En uno de esos ejercicios, en que decido pintar a los pescadores de bonito, me metí dentro de un pesquero, fui a alta mar y viví la experiencia. Esa experiencia es la que me da la pista de por dónde tenía que enfocar aquella exposición: tenía que pintar el movimiento; porque en cubierta no vi otra cosa más que gritos, aleteo de bonitos y mucho nerviosismo».

«Pero son -prosigue- cosas contradictorias: intentar pintar desde una disciplina estática como es la pintura, el movimiento. Eso es muy extraño. Intenté hacerlo como si fuesen fotogramas de una película, en un primer plano. Después empecé a hacer lo mismo, pero, en el soporte, empecé a mezclar las imágenes».

A partir de ahí, reconoce Manterola, se le abrieron un montón de puertas. Primero llegó a la pintura abstracta y de ahí a la escultura. Pero no es un camino sin retorno porque a un proceso de abstracción le sigue otro figurativo, aunque explica que no es un regreso al mismo lugar, siempre se produce algún cambio.

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