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Carlos Ocaña posa satisfecho con sus compañeros en Miramón tras el último ensayo del primer programa de las Matinées.
Carlos Ocaña posa satisfecho con sus compañeros en Miramón tras el último ensayo del primer programa de las Matinées. / MICHELENA

«Me propusieron abrir la nueva temporada de las Matinées y me lancé de cabeza»

  • Carlos Ocaña, violinista de la OSE Carlos Ocaña

  • Ha elegido un programa exigente con obras de Elgar, Arensky y Dvorák, que aportan una «visión del romanticismo bastante completa»

  • El violinista de la OSE Carlos Ocaña debuta hoy como director al frente de Tantris Ensemble

La Orquesta Sinfónica de Euskadi (OSE) celebra esta temporada las bodas de plata de las Matinées, una feliz iniciativa creada como una plataforma para que los músicos puedan desarrollar sus cualidades como intérpretes. El curso arranca hoy (a las 11.00 horas, en la sede de Miramón) con un programa romántico y dos novedades: el inicio de la carrera como director del violinista de la OSE Carlos Ocaña, y el también estreno de la formación de cuerda Tantris Ensemble, que integran ocho violinistas, tres violas, tres violonchelos y un contrabajo.

«No lo pensé, me propusieron inaugurar la nueva temporada de las Matineés y me lancé de cabeza. Ha sido una grata sorpresa, un regalo, y me lo tomo como un reconocimiento a los últimos cuatro años, en los que he compaginado mi trabajo como violinista con la carrera de dirección de orquesta», explica Carlos Ocaña. «En cierto modo sí que es mi debut oficial como director y por eso me satisface mucho la confianza que ha depositado en mí la OSE», asegura.

La propuesta partió de su compañera, la también violinista Irene Echeveste. Con el visto bueno, el siguiente paso fue elegir el repertorio. Al final se optó por un programa que, bajo la denominación de 'Matinade', incluye la 'serenata para orquesta de cuerda en mi menor, opus 20' de Edward Elgar; 'Variaciones sobre un tema de Tchaikovsky, opus 35' de Anton Arensky, y 'Hari orkestrarako serenata mi maiorrean, opus 22', de Antonin Dvorák. Además de un bis, que el director prefiere no revelar. Tres serenatas, tres obras románticas que son «una delicia», según Ocaña. Compuestas por un inglés, un checo y un ruso, «ofrecen una visión bastante completa del romanticismo». Pero nada fácil para un debut. «Las obras de Elgar y Dvorák son muy complicadas, auténticas piedras de toque para cualquier formación, aunque muy agradecidas». La obra de Arensky es una propuesta del contrabajista de la OSE y miembro de Tantris, Victor Bogdanov. «Decidimos incluir esta pieza porque encajaba muy bien como eje de las dos serenatas», explica el director. El concierto lo han preparado en apenas diez horas y media, en cuatro ensayos de dos horas y media cada uno. El último fue ayer por la mañana y al final del mismo el director les dijo a sus compañeros que ya habían hecho lo más difícil y que intentaran disfrutar en el concierto.

Violinista y director

Carlos Ocaña (Toledo, 1984) comenzó a los nueve años sus estudios de violín. Tras graduarse en el Conservatorio de Madrid, continuó su formación en Holanda. En Amsterdam estudió violín clásico, y en Rotterdam, violín jazz. Esta especialidad determinó que eligiera Holanda como punto de destino de sus estudios. Pero al final se decantó por la vertiente clásica. «El jazz me gusta mucho, pero toda la vida he seguido una formación clásica y además tenía que pensar el plano laboral, por lo que no llegué a finalizar la carrera de violín jazz», afirma Ocaña. Poco después de concluir la formación se presentó a una prueba de la OSE y consiguió una plaza como violinista. Pero no se quedó ahí. «Soy una persona muy inquieta y creo que nunca hay que renunciar a formarse y ampliar conocimientos». Por eso se matriculó en Musikene en la especialidad de director de orquesta. «Empecé no porque tuviera esa ambición, sino más bien con el ánimo de saber algo más, pero poco a poco, a medida que cursaba la carrera me fue enganchando». Hace cuatro años, dice, no hubiera imaginado que la dirección de orquesta le podría abrir un nuevo itinerario profesional. «La música me apasiona y la forma más completa de vivirla es la dirección», reconoce. Pero de momento de forma complementaria a su trabajo en la OSE. «Yo soy violinista y lo voy a seguir siendo siempre, es a lo que me dedico desde que tenía nueve años. Pero si hace un tiempo veía la dirección de orquesta como una actividad secundaria, ahora me siento cien por cien director de orquesta y no creo que haya incompatibilidad entre ambas actividades», añade.

Compaginar su actividad como violinista en una orquesta como la Sinfónica de Euskadi, cuya programación va mucho más allá de los conciertos de abono, con una carrera como es la dirección de Orquesta en Musikene, exige todo un esfuerzo y no pocas renuncias. «Han sido cuatro años muy duros, con muchas noches de estudio y levantándome temprano para acudir a clase y a las diez de la mañana comenzar el ensayo con la orquesta. Pero el sacrificio ha merecido la pena», destaca. Ocaña reconoce que a lo largo de los cuatro años ha tenido grandes profesores, entre los que destaca a Miguel Romea, y que ha contado con un privilegio que no está al alcance de los estudiantes de dirección. «Trabajar día a día en la OSE es como una master class, pero además he tenido mucha suerte porque la orquesta recibe habitualmente la visita de directores de primera línea. Hace dos semanas, por ejemplo, recibimos a Robert Trevino y tuve la posibilidad de hablar con él e incluso de hacerle alguna consulta. Yo recomendaría a los estudiantes de dirección que acudan con frecuencia a los ensayos de las orquestas, porque esa es la realidad».

El debut de Tantris

Ocaña finalizó en junio la carrera con un examen final que consistió en la dirección de 'Preludio y muerte de amor' de la ópera 'Tristan e Isolda', de Wagner, al frente de la Orquesta Sinfónica de Bilbao. Este examen final ha servido también para poner el nombre de la orquesta de cuerda que hoy también debuta en la primera Matinée de la nueva temporada. «Tantris es el seudónimo de Tristán en la historia de la ópera de Wagner. Lo usa en la guerra y con ese nombre lo conoce Isolda», explica Ocaña. Al parecer, coincidió en el tiempo la preparación de la nueva temporada de las Matinées con el examen final de dirección de orquesta de Ocaña. «Tantris es un nombre que capta el romanticismo y que además suena bien», añade.

Hoy cambiará el arco por la batuta y se subirá al podio para dirigir a sus compañeros Irene Echeveste, Ricardo Ruiz, Itziar Prieto, Cristina Vértiz, Mikel Ibáñez, Nathalie Dabadie, Antoni Kosc y Maialen Rezabal, violinistas; Natacha Dupuy-Scordamaglia, Justyna Janiak y Sergio Vigara, violas; Juan Ignacio Emme, Jon Larraz y Tetyana Mertelova, violonchelos, y el contrajista Victor Bogdanov.