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Un visitantes observa una de las obras expuestas.
Un visitantes observa una de las obras expuestas. / EFE

La muestra de Txomin Badiola en el Reina Sofía repasa 35 años de «conflictos creativos»

  • Entre las 60 obras que han sido seleccionadas por el escultor bilbaíno y otros 'siete amigos' hay fotografías, dibujos, piezas escultóricas e instalaciones multimedia

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«Su obra es siempre la expresión de un conflicto, ya sea de formas o de conceptos». Así resume João Fernandes, subdirector del Museo Reina Sofía, la trayectoria del creador vasco Txomin Badiola (Bilbao, 1957). Fernandes es comisario de la retrospectiva que repasa en el Palacio de Velázquez tres décadas y media de esos fructíferos y complejos «conflictos» a través de 60 piezas de muy diverso formato, intención y contexto. Una muestra en la que bajo el título de 'Otro Family Plot' Badiola ha querido mirarse y explicarse a través sus colegas más afines y próximos. Son «los otros», siete artistas vascos, siete amigos del escultor bilbaíno que toman parte activa con sus decisiones en esta exposición que abre la temporada del Reina Sofía.

Entre las 60 obras seleccionadas por Badiola y 'los otros' hay fotografías, dibujos, piezas escultóricas e instalaciones multimedia, que abarcan desde principios de los ochenta hasta la actualidad. La exposición es el resultado de ese proceso continuado de diálogo y colaboración del propio Badiola tanto con artistas de su entorno como con el comisario de la muestra, João Fernandes. «Nunca he tenido la sensación de controlar lo que persigo», precisa Badiola que recurre así a «técnicas de tanteo para apoyarme en los otros y descentrarme a través de ellos». Los siete activos amigos son Ana Laura Aláez, Ángel Bados, Jon Mikel Euba, Pello Irazu, Asier Mendizabal, Itziar Okariz y Sergio Prego. «Los amigos se eligen, la familia te toca, pero Badiola no acepta la familia que le toca y la construye tomado decisiones y sin aceptar imposiciones», resume João Fernandes.

Cada amigo ha seleccionado diez obras de Badiola y han realizado grabaciones de los encuentros en los que razonan su elección. Pero en lugar de ser el propio Badiola el entrevistador, los interlocutores han sido otros artistas más jóvenes, «manteniendo así una posición descentralizada en este proceso», explica el propio Badiola, que reitera como uno de sus empeños primordiales es «romper esa centralidad». El resultado de este singular sistema colectivo de discusión conforma la estructura de la exposición pensada para el Palacio de Velázquez y dividida en ocho grandes áreas que no atienden a criterios temáticos ni cronológicos: 'Formas deseantes, bastardas e insatisfechas', 'Sobrevivir entre signos, ser signo', 'Un Yo-imagen. Alteridad ineludible. Todo es vanidad', 'El grupo, la banda, el comando', 'Avatares de la forma' y 'Frase-imagen-cosa'.

Sin clichés

Aunque se identifica fácilmente con la 'Nueva Escultura Vasca', «el trabajo de Txomin Badiola no puede encasillarse en un estereotipo ni responde a clichés preestablecidos», asegura Manuel Borja-Villel, director del museo público que resume la muestra como «un gran retrato de Txomin Badila hecho por Txomin Badiola a través de una obra abierta y en diálogo con otros artistas». Un Badiola que es a su juicio «catalizador de muchas inquietudes de otros artistas de su generación y de otros más jóvenes».

«No ha sido parte del programa romper ningún tópico, ni hacer uso del mismo en beneficio de nada. Se trata más bien de responder a esa cotidianidad más vital o más real, de dejarse llevar por ella», dice el propio Badiola. Para el artista la forma del arte es siempre una «mala forma» que «al tiempo que crea una visión, niega un reconocimiento». Trabaja así «contra la cultura, desmontando las condiciones de visibilidad e invisibilidad».

«He realizado diferentes tipos de retrospectivas, y me pareció que este era el momento adecuado para que todas las cuestiones vivenciales que de algún modo dan sentido a mi trabajo se pusieran en un primer plano», afirma el artista vizcaíno sobre una muestra que pone en primer plano esos referentes que configuran su obra y su trayectoria. Hablamos del arte minimal o el conceptual norteamericano; el objeto y el espacio; el cine -Godard, Fassbinder, Pasolini-; la cultura pop-rock de grupos como los Pet Shop Boys o los Barbarians y otras referencias familiares, culturales e históricas del pasado siglo.

Recordó Badiola cómo su generación estableció con Oteiza «una relación que no era discipular, en la que se podía discutir en pie de igualdad». «En contra de lo que suele pasar con el modelo edípico en el que hay que matar al padre, hubo una relación horizontal que no estaba basada en la jerarquía», concluyó.

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