Diario Vasco

La memoria histórica de la educación en Euskadi

Los profesores Pauli Dávila, Luis María Naya y Joxe Garmendia.
Los profesores Pauli Dávila, Luis María Naya y Joxe Garmendia. / M.G.
  • El Museo de la UPV en Gipuzkoa reclama apoyos para facilitar el acceso a los ciudadanos

La creación de un Museo de la Educación en Donostia es consecuencia del empeño, la ilusión, la persistencia y el trabajo voluntario de unos pocos profesores e investigadores del Grupo de Estudios Históricos y Comparados-Garaian de la UPV. Animados por la proliferación de iniciativas similares en varias universidades europeas, comenzaron a recuperar de forma privada piezas que podrían integrarse en un futuro museo. Hace dos años los fondos eran ya de tal calibre que la UPV amparó la iniciativa y cedió un local primero en villa Asunción y desde julio del año pasado en el pabellón donde actualmente se ubica el museo, junto a la Facultad de Derecho. Un espacio que también se ha quedado pequeño, tal es la dimensión que ha adquirido una iniciativa cuyo objetivo fundamental es «la recuperación del patrimonio histórico educativo vasco, además de la difusión de la historia de la educación y la función investigadora», según destacó ayer Pauli Dávila, profesor del Departamento de Teoría e Historia de la Educación y director del museo.

El empeño del grupo de profesores se vio impulsado el año pasado por el Premio Manuel Bartolomé Cossío, concedido por la Sociedad Española para el Estudio del Patrimonio Histórico-Educativo, en reconocimiento al trabajo realizado para poner en marcha el nuevo museo. Fue todo un espaldarazo a la labor del grupo impulsor de la iniciativa, que integran, además de Dávila, los profesores Luis María Naya, Hilario Murua y Joxe Garmendia, junto a Joana Miguelena y Alazne González y el diseñador de los paneles Iñaki Izagirre.

Aún sin inaugurar oficialmente, el museo ha crecido tanto que las actuales instalaciones se han quedado pequeñas. Los promotores pretenden alcanzar además un mayor acercamiento a la ciudadanía. En la actualidad, la mayor parte de las visitas que recibe proceden del ámbito universitario y, aunque en breve se reunirán con el Ayuntamiento para poner en marcha un proyecto de visitas guiadas para escolares, la ciudadanía solo tiene acceso en régimen de visitas concertadas y previa inscripción en el correo electrónico 'museoeducacion@ehu.eus'. Un trámite imprescindible porque actualmente el museo no cuenta con empleados ni con un horario estable. «Necesitamos el apoyo de las instituciones para acercar el museo a la ciudadanía a través de unas instalaciones más amplias y más céntricas y con un horario de visitas», reclama el director.

Tal y como está diseñado ahora el museo, el visitante se encuentra con tres propuestas temáticas: el mundo del euskera en la educación, el espacio escolar y enseñanzas y aprendizajes. «Se trata de provocar tres sensaciones distintas», explica el director. «La inmersión en el conocimiento de la historia en el país; la experiencia emocional mediante una visita al aula que muchas personas han conocido de niños, y el recuerdo del aprendizaje».

La carta de un maestro

El recorrido comienza en un vestíbulo con cuatro grandes paneles que aportan una visión global sobre el País Vasco y sus instituciones y la importancia de una lengua propia. Las dos primeras salas recogen la presencia del euskera desde el siglo XVII a la actualidad. Ahí se muestra la primera gramática en euskera y una selección de publicaciones en esta lengua, todas ellas originales. «A través de diverso material, libros, almanaques y carteles se explica cómo el euskera ha estado presente en la educación», destaca Luis María Naya. Por ejemplo, un documento señala las normativas carlistas para introducir el euskera en las escuelas; otro refleja las protestas contra la ley Moyano de 1857 y, entre otras curiosidades, se conserva la siguiente carta remitida por un maestro de Bergara en 1916 a sus superiores: «¿Cuáles son los problemas que tengo para enseñar en este país? Tengo dos: que los niños no vienen a clase habitualmente y que desconocen el idioma oficial». Entiéndase que el oficial era el castellano.

Más adelante se muestran dos maquetas de sendos edificios donostiarras que actualmente son sedes de Correos y del Koldo Mitxelena. «No mucha gente sabe que el primero albergaba la Escuela de Artes y Oficios y el segundo, el Instituto Provincial de Bachillerato. Ambos, junto a las escuelas graduadas de Amara constituían lo que llamamos el boulevard educativo de San Sebastián».

El recorrido se detiene también en «el renacimiento de la cultura vasca» que se produjo en el primer tercio del siglo XX, en la II República con la constitución de la Escuela Cristiana y Vasca, precedente de las ikastolas y con el capítulo de los Niños de la Guerra. El Museo recoge también la época franquista, aunque deteniéndose en cuatro aspectos: la formación profesional, la enseñanza religiosa, los libros de enseñanza en euskera y la renovación pedagógica de los maestros.

Aquella oscura aula

En otro espacio, el museo invita al visitante a entrar en un aula característica de los años cincuenta y sesenta y seguidamente a otra más moderna para comprobar las diferencias. No faltan detalles. En la antigua clase, con luz oscura, se encuentran los característicos tinteros, los mapas en las paredes, la mesa del profesor en una tarima, el crucifijo y el cuadro oficial del jefe del Estado. La pizarra negra refleja una frase tomada de un cuaderno escolar de 1955: 'Quiero ser española, quiero hablar la lengua de Cervantes'. Además, se observan pequeños maletines, cuadernos y hasta la inevitable vara del profesor. El aula más moderna ilustra la renovación de la enseñanza que supuso la Ley General de Educación de 1970. «Muchas de las personas que entran a las dos aulas se identifican con una etapa de su vida», señala el profesor Naya.

En el tercer bloque temático del museo se ha querido reflejar «cómo hemos aprendido y cómo nos han enseñado», explica Dávila. «Y lo primero que nos enseñaron fue la diferencia de género», añade. De ahí los contenidos del primer espacio: muñecas, elementos de costura y de formación estrictamente femeninos, en contraste con los juguetes y las revistas o las imágenes dirigidas a los chicos.

En una sala más amplia se muestra casi un centenar de materiales didácticos y científicos, una gran parte de ellos donados por el Colegio de La Salle de Donostia. Desde microscopios a colecciones de insectos, minerales y fósiles, sin olvidar métodos de lectura, láminas, esqueletos y otros objetos de uso pedagógico.

El museo cuenta también con un Centro de Documentación y una biblioteca cada vez más extensa que recoge volúmenes de tres siglos.