Diario Vasco

«Ya podemos abrir las puertas a la ciudadanía»

vídeo

Los alumnos de Musikene iniciaron ayer sus clases en el nuevo edificio. / LUSA

  • Ilusión, ganas de arrancar y algunos despistes marcaron el estreno de la nueva sede de Musikene

  • Profesores y alumnos coincidían en las ventajas de que todos estén ahora bajo el mismo techo y en las posibilidades que ofrece el auditorio

La nueva sede de Musikene abrió ayer sus puertas y el espacioso recibidor de suelo negro y paredes doradas comenzó a poblarse de alumnos, unos con sus instrumentos al hombro, otros con el comprensible despiste del primer día y todos con una sonrisa en sus caras. Estaban ansiosos por conocer el día en el que todos, alumnos y profesores, pudieran convivir bajo un mismo techo y ese día llegó ayer. Se acabó la situación de incertidumbre y provisionalidad en la que el Centro Superior de Música del País Vasco ha vivido hasta ahora, con tres sedes, el palacio de Miramar, la Escuela Superior de Música y las instalaciones del Coro Easo, con profesores que por la mañana daban clases en un sitio y por la tarde en otro, en un emplazamiento histórico y con vistas al mar pero alejado del ambiente universitario, con espacios no adecuados ni adaptados para la enseñanza musical y sin una pieza tan elemental como es el auditorio.

Desde ayer, los 168 profesores y los 320 alumnos de Musikene cuentan con una sede con todos los elementos necesarios para desarrollar una formación de calidad. Todo eso, las posibilidades que abre un edificio tan singular que ha merecido un premio de arquitectura, se reflejaba ayer en el rostro de quienes a partir de ahora van a ocupar las nuevas dependencias.

  • FotosLa nueva sede de Musikene abre sus puertas

«¿Dónde está el aula de percusión?», «¿cómo voy a la clase de flauta?», «¿la sala de trombón?», «¿la de arpa?»... Era la primera vez y lógicamente había que preguntarlo en la conserjería. Algunos responsables del centro, no obstante, recibían a alumnos y profesores y les indicaban el lugar adonde a partir de ahora pasarán muchas horas de estudio. También saludaban con la misma sonrisa a los medios de comunicación.

«Cambio esperanzador»

Ilusión, ventajas, mejora de la calidad educativa, un día importante, interrelación y apertura a la sociedad eran las frases en las que coincidían docentes y alumnos de Musikene. Miguel Ángel Angulo Cruz, profesor de flauta, abordado minutos antes de que entrara en su clase, destacó que su primera sensación fue «la satisfacción de que se haya hecho realidad un deseo largamente esperado. Sin duda que es un cambio esperanzador, que redunda en la calidad de la enseñanza y que todas son ventajas».

El valenciano Juan Manuel Real, profesor de trombón desde hace doce años en Musikene, andaba buscando su aula por los pasillos cuando fue requerida su impresión. «Estoy como un niño con zapatos nuevos, pero primero tendremos que descubrir el nuevo edificio y adaptarnos, lo que no creo que resulte muy difícil porque los espacios son más amplios, están insonorizados y construidos para la formación musical».

Iñaki Salvador fue una de las voces más solicitadas ayer por los medios. El profesor de piano de jazz señalaba que ayer era «el primer día de verdad» del nuevo edificio». El compositor llegó con suficiente antelación al centro. «Son muchas las sensaciones -afirmó-: el día de hoy -por ayer- hay que señalarlo como un hito por la apuesta que se ha hecho por la música en los últimos años. Se decidió tener un centro superior en Euskadi, todo un reto que suponía una inversión a muchos niveles, y el hecho de que hoy tengamos este edificio es la prueba de que el proyecto se afianza y está más allá de los vaivenes de todo tipo». En su opinión, el nuevo edificio permitirá «mejorar la calidad educativa y nos lo va a poner todo mucho más fácil». Destacó en este sentido «la interrelación en el propio centro porque resultaba muy complicado sacar adelante algunos proyectos cuando estábamos dispersos en varios lugares». Pero, según dijo, también se va a facilitar la relación con el exterior: «En Miramar era casi imposible generar actividades y a partir de este momento ya podemos abrir las puertas a la ciudadanía. Vamos a tener audiciones constantemente», señaló.

Iñaki Salvador arrancó su labor docente con un alumno de primer curso, el alicantino Jorge Fernández, de 22 años, que ayer inició sus estudios en Musikene. «Cerré Miramar con la prueba de acceso y ahora me he encontrado con este edificio, es una pasada», señaló el joven ante el piano.

«Me he emocionado»

La alicantina de Elda Ana María Sánchez, profesora de canto desde hace nueve años en Musikene, no podía ocultar su satisfacción mientras se dirigía a su nuevo lugar de trabajo. «Miramar tenía el encanto de la ubicación frente al mar y del edificio histórico, pero ahora tenemos un edificio precioso en el que ganamos en un 500% en cuanto a las condiciones de la actividad docente». La profesora confirmó la ilusión compartida: «Cuando he visto el edificio me he emocionado, me ha parecido precioso y sin duda que la docencia va a ganar muchísimo porque las condiciones han mejorado sensiblemente: de las aulas pequeñas del palacio de Miramar, donde parecía que las voces eran mucho más grandes, hemos pasado ahora a unos espacios que nos permitirán calibrar mucho mejor la calidad y el volumen de los alumnos», dijo. «Y encima tenemos un auditorio que es un lujo», añadió.

Cristine Icart, profesora de arpa nacida en Niza y con seis años de experiencia docente en Musikene, comenzó temprano la clase con sus dos alumnos, Mina Smitt, también, francesa, residente en una localidad próxima a Estrasburgo, y el malagueño Luis Ríos. «Todo es nuevo y parece muy cómodo para alumnos y profesores, se nota que el edificio está hecho expresamente para dar clase de música», aseguró, aunque echaba en falta «las vistas al mar». Pero reconocía la ventaja de que todos estuvieran ahora bajo un mismo techo y, especialmente, las posibilidades del auditorio. «No solo es un equipamiento importante, sino indispensable para los alumnos», aseguró.

«Con ganas de empezar»

El recorrido por las nuevas instalaciones se detuvo ante un aula. Al abrir la puerta fue posible comprobar el buen trabajo de insonorización que se ha realizado. Era el aula de percusión y detrás de los timbales estaba Naia Membrillera, acompañada por el también alumno Carlos Rubio. Naia, que inicia su cuarto y último año, aseguró que abría esta etapa «con sensaciones positivas y muchas ganas». Añadió que las condiciones son «mucho mejores» que en la anterior etapa y por eso daba por bueno «el esfuerzo de adaptación de los primeros días». También señaló que el nuevo emplazamiento, en la zona universitaria de la ciudad, «es de agradecer porque en Miramar estábamos un poco apartados y además ahora la gente puede venir a vernos porque vamos a hacer muchas audiciones».