Diario Vasco
Zumeta, en la sala Menchu Gal con uno de sus 'grises' (1977) al fondo y la obra 'Aiton-bilobak itsas basterrean'. A la izquierda 'Pintura' (1971) y debajo una obra del año pasado. A la derecha sus 'Autorretratos', también de 2015, y los retratos de Mikel Laboa y de Artze.
Zumeta, en la sala Menchu Gal con uno de sus 'grises' (1977) al fondo y la obra 'Aiton-bilobak itsas basterrean'. A la izquierda 'Pintura' (1971) y debajo una obra del año pasado. A la derecha sus 'Autorretratos', también de 2015, y los retratos de Mikel Laboa y de Artze. / FERNANDO DE LA HERA

Zumeta, domador del color

  • Una exposición en Irun sirve para entender cómo ha forjado su estilo

  • El artista usurbildarra habla de su obra, de su particular lenguaje pictórico y de su forma de entender el arte

. «A mí jugar con el color no me cuesta, me sale sin problemas, no lo pienso... aunque tampoco pienso mucho más lo demás». Así, quitándose importancia habla José Luis Zumeta (Usurbil, 1939) de una de las características de su pintura, una paleta amplia y, sobre todo, arriesgada. Porque cuando se habla del pintor usurbildarra parece como si quisiera pasar desapercibido, que el público no se detenga a pensar que se trata de un artista con casi sesenta años de carrera y que, entre otras cosas, fue uno de los integrantes del grupo Gaur. En su paleta, a veces imposible, se mezclan fucsias con rojos o malvas, azules intensos, verdes y ocres, sin olvidar los grises.

Hasta el 16 de octubre en la Sala Menchu Gal de Irun ese puede visitar 'Revisitando a Zumeta', una exposición que no es antológica pero sí que supone un acercamiento a las distintas etapas del pintor y en donde se puede comprobar su versatilidad en cuanto a los métodos de desarrollar su arte: cuadros de gran formato, portadas de discos, libros, serigrafías, carteles, incluso vajillas... porque al final, como comenta, «todo se reduce a lo mismo». Lo mismo sucede con los estilos; la figuración y la abstracción se contagian una a otra para crear un lenguaje muy particular. «Lo que sucedía es que trabajaba mucho en un estilo y llega un momento en el que ya no sabes por dónde seguir y pasas a otras cosas. Los cambios antes eran muy radicales».

El primer cuadro de la exposición se aleja notablemente de ese mundo orgánico que le caracteriza. Se trata de una pintura de 1961 realizada exclusivamente con franjas horizontales. «Tenía 22 años y la muestra fue en los bajos del Ayuntamiento de San Sebastián. Puse cuarenta cuadros, muchos de ellos enormes, todos iguales. Me imaginaba que iba a causar cierto rechazo, pero no el escándalo que se montó. Pasé apuros, escribieron en el cuaderno que habíamos puesto ahí cosas terribles. Pero yo creía tanto en lo que hacía que no lo dudé». Entonces, Zumeta no tenía dónde guardar las obras, así que ni las recogió y supone que acabarían en la basura. La que se expone en Irun es una de las pocas que se salvó y pertenece al Museo Bellas Artes de Bilbao.

El público no supo entender la intencionalidad de la pintura, que apostaba por el gesto, por la acción de pintar y, por su puesto, por la abstracción. Zumeta había estado dos años antes en París, donde coincidió con José Antonio Sistiaga y con Rafael Ruiz Balerdi, que desde entonces sería uno de sus grandes amigos hasta su muerte en 1992. Los tres formarían parte del grupo Gaur, junto a Eduardo Chillida, Amable Arias, Remigio Mendiburu. Jorge Oteiza y Nestor Basterretxea. «La capital francesa vivía los últimos coletazos del esplendor cultural que vivió. Allí descubrí a muchos artistas. Luego, ha hecho ahora cincuenta años, se formó el grupo Gaur, la ruptura con el costumbrismo para llegar a la abstracción». Su obra, en concreto, se suele enmarcar en el expresionismo abstracto.

Después dio el salto al orgánico, «un mundo mucho más abierto que el de las franjas, mucho más conceptual, donde primero predominaron los grises». Ahí comenzó a surgir lo que María José Aranzasti, comisaria de la exposición, denomina el mundo 'zumetiano' que se puede resumir en «gesto, emoción, color intenso y pasión. Sus obras están habitadas por elementos diversos: cabezas, objetos, figuras, artilugios dispares, grafismos, líneas, geometrías, un cuadro dentro del cuadro, elementos que se esparcen y se establecen por sus escenografías pictóricas. Es el color el que lo aglutina todo, el que proporciona la forma».

Momento 'realista'

En los mundos orgánicos que plasma en sus cuadros siempre se vislumbran figuras de seres antropomorfos, pero también ha tenido una época más 'realista' a finales de los años 70. 'Aiton-bilobak itsas bazterrean' (1978) es un buen ejemplo. «Conocí unas fotos que me impresionaron de Diane Arbus y decidí plasmar imágenes de lo cotidiano. Tomaba postales, anuncios de publicidad con temas como la pareja y las vacaciones». En estos cuadros, con cierto aire pop, no faltan los tonos fuertes, incluso fluorescentes, y un soterrado sentido del humor: la cara del niño es un retrato de la virgen de Begoña.

Estos trabajos se tomaron como una crítica de la realidad, pero Zumeta asegura que no era así: «Más que denuncia buscaba hacer una crónica. Yo comienzo con la acción, con el hecho de pintar, la idea llega después, es lo último. Primero es meter colores, llenar el lienzo y luego eso me lleva una reflexión.

Tampoco tiene muy claro qué artistas le han ido influyendo a lo largo del tiempo, aunque sí que «con quien siempre he coincidido con su forma de ver la pintura es con Picasso, no tanto en las formas, que puede haber algo, como en su filosofía, en todo lo que dice. Muchas veces empezaba a hacer una escultura de un gato, por ejemplo, y le salía un desnudo. A mí me pasa algo parecido».

De entre todas las obras del malagueño hay una que le ha marcado especialmente a lo largo de toda su carrera, el 'Guernica', y que todavía lo sigue haciendo. Ya en 1967 se le concedió el Premio de Pintura Vasca por su obra 'Homenaje al Gernika de Picasso', que desapareció de las oficinas del antiguo CAT de Donostia. En repetidas veces ha vuelto a este tema como 'Gernika' (1999) o los cientos de dibujos que realizó para el documental en 3D 'Gernika, del lienzo a la pantalla', dirigido por Ángel Sandimas. También ha realizado, algunas esculturas y ahora trabaja en unas cabezas inspiradas en la figuras del famoso cuadro, «pero son pruebas». Porque Zumeta experimenta constantemente en su estudio, situado en Usurbil y que comparte con su hija la estampadora Usoa. Pinta todos los días, alrededor de cuatro horas «que es mucho, se hacen muchas cosas. Soy bastante vago, pero como esto me gusta soy muy disciplinado. Si lo dejo, me deprimo».

Asegura que cuando mejor se lo ha pasado pintando, «cuando más he disfrutado, aunque económicamente es cuando peor lo pasé, es en la temporada de 'Papiroak'». La serie de cartones de témperas se expuso en San Telmo en 1985. «Como no tenía dinero utilicé ese material. Puse las obras en el suelo y se humedecieron. No había forma de colocarlas en los muros. Al final lo conseguí, clavándolas con unas chinchetas, y cuando se secaron quedaron mucho mejor porque aparecieron unos magentas increíbles».

También utiliza sin ningún miedo nuevos soportes como el iPad, como lo demostró en una exposición hace cuatro años. «Estoy encantado, es una cosa divertida. Por la noche o en cualquier momento que estoy aburrido me pongo y salen cosas muy majas. Luego lo pasas al papel en grande y ya no quedan tan bien».