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Vico reflexiona sobre las creencias y los límites de la realidad.
Vico reflexiona sobre las creencias y los límites de la realidad.

Juan Vico (Escritor): «Siempre habrá alguien dispuesto a explotar las creencias humanas»

  • El autor catalán se adentra en las prácticas espiritistas y las creencias ocultistas en una intriga de misterio, 'Los bosques imantados', ambientada en el siglo XIX

En un bosque de la Francia de 1870 tiene lugar una concentración de curiosos, devotos, médiums y magos dispuestos a contemplar los fenómenos sobrenaturales que se espera tengan lugar en el paraje. Locusto, un misterioso mago al que nadie ha visto el rostro, ha anunciado su aparición en el bosque coincidiendo con un eclipse lunar que propiciará el despertar de poderosas fuerzas. Hasta allí viaja Víctor Blum, un periodista embarcado en una cruzada personal contra la superchería y el fraude. Dos hechos inesperados, la profanación de una iglesia y un asesinato, pondrán a prueba su investigación para desenmascarar el fraude. El escritor Juan Vico realiza en su nueva novela, 'Los bosques imantados', un análisis de la fascinación por los fenómenos paranormales y la necesidad de poner a prueba la fe y la superstición.

- Incluye muchos ingredientes en su novela: espiritismo, asesinatos, misterio, magia. ¿Ha pretendido hacer una especie de pastiche al estilo de las novelas por entregas?

- Quería partir del modelo de novela de misterio que empezó precisamente en el siglo XIX pero manejando algunos ingredientes que fueran más allá de los clichés. Se puede leer como una simple novela de enigma pero he intentado que hubiera reflexiones sobre algunas cuestiones desde una mezcla de realidad y ficción.

- ¿Era aquella época más crédula que esta, por ejemplo, con prácticas como las que lleva a cabo el ocultista Locusto?

- El personaje de Locusto es la encarnación de un arquetipo: el del gurú espiritual de dudosas intenciones. Me inspiré en personajes como el Conde de Saint Germain o Cagliostro, que existieron realmente. Aquella fue una época de crisis de religión y es entonces cuando la gente se busca otras cosas más allá de lo razonable. Ese tipo de prácticas siempre están de moda.

- ¿Pero más en épocas pasadas, quizás por la falta de educación?

- En aquella época la gente tenía menos formación y, aunque aumentaba la gente alfabetizada, el analfabetismo era predominante. Entonces accedía a los periódicos mucha menor población, que era la que desarrollaba mayor sentido crítico. Paradójicamente, hoy día estamos un poco indefensos. Hace dos siglos lo estaban por falta de información y en este siglo lo estamos por saturación. Cada vez cuesta más discernir qué es fiable y qué no.

- Pero hoy continúa habiendo creencias inexplicables en métodos de sanación como las que puso en práctica Mesmer.

- El mesmerismo comenzó a finales del XVIII y tuvo su apogeo durante el XIX. En la época en la que ambiento la novela era ya una cosa del pasado. Pero hace nada aquí fueron un negocio boyante las pulseras magnéticas. Y ahí está el debate sobre la homeopatía. Si lo piensas, es la puesta al día de todas aquellas creencias del XIX.

- ¿Y no toma partido?

- He buscado intencionadamente no aclarar qué considero la farsa y qué lo real en mi relato. He intentado mantenerme en un punto intermedio y que sea la gente la que decida cómo convencer al otro, si a través de la razón o de las creencias.

- ¿No ha buscado desenmascarar todo ese tipo de prácticas y creencias esotéricas?

- No, el personaje principal, el periodista Víctor Blum, está obsesionado con darle una explicación racional a todo. No es Sherlock Holmes pero solo cree en el poder de la razón. Las circunstancias que he querido manejar en el relato conducen a comprobar cómo la explicación racional a todo lo que cuento podía ser tan forzada como la irracional. Al final tendrá que autoconvencerse de lo racional pero dejo en el aire qué hay de irracional o cuanta parte de la realidad se nos escapa de esa forma.

- ¿El miedo y lo sobrenatural persiguen al ser humano y siempre hay alguien dispuesto a explotarlo?

- Siempre hay gente dispuesta a explotar las creencias y los miedos humanos gracias a que siempre hay gente dispuesta o predispuesta a creer en todo eso. Unos nos limitamos a creer en lo imposible en la ficción y otros también en la realidad porque necesitan que les maravillen o les hagan ver que hay algo más que no podemos explicar de este mundo.

- Afirma que no ha buscado escribir una novela muy sesuda con esos ingredientes.

- He intentado buscar un tono ligero, que no resultara pesado. Defiendo que el sentido crítico se puede desarrollar, como la gimnasia, pero ninguno estamos libres de creernos cualquier cosa porque, es tanta la saturación, que no se puede estar protegido permanentemente contra todo lo que percibimos.

-¿Qué cree que lleva a la gente a creer en esas prácticas?

- Si miras la historia humana la gente siempre ha tenido la necesidad de creer en algo. La religión o la ciencia, hoy día. Todo se convierte en dogmas. Es algo que está en las personas: ya sea creer en algo trascendente o en el poder curativo de los alimentos. Eso es lo interesante que me planteo en el libro: que no sabes hasta qué punto es real, o te lo imaginas o es verdad por influencia de los demás, como las propiedades magnéticas. Es una gran bola que crece y surgen conjeturas. Mi idea era ver cómo todo era una gigantesca especulación pura, es una novela sobre las especulaciones.

-¿Ahora también vivimos un poco hipnotizados con esto de estar todo el tiempo pendientes de las pantallas?

-Es la hipnosis moderna. No sé si porque es relativamente novedoso o estamos cambiando de verdad y dentro de unos años veremos todo a través de pantallas, sin contacto con la realidad. Terminas pensando en algún momento si todo este entretenimiento tan poco crítico sirve para evitar que nos fijemos en los que controlan el poder y campen a sus anchas.

-¿Los políticos imitan a los magos?

-Los políticos tienen mucho que ver con la magia. Houdin usaba en su espectáculo una técnica para distraer la atención del público. Contaba una historia que no tenía nada que ver con el truco en sí pero el espectador creía que era la esencia del truco. Eso es lo que hacen los políticos. Cambiar los términos para no hablar de lo que no quieren hablar.

-¿Aquel contexto histórico fue más proclive a ese tipo de creencias?

-La época me interesaba mucho porque nació entonces el periodismo de masas. Han cambiado las circunstancias pero ya se buscaba vender periódicos como sea y se trataban determinados temas de forma escabrosa y eso lo seguimos viendo. Entonces convivían en los diarios los crímenes y las novelas por entregas. Podías confundirlas e intercambiarlas. Hoy a veces tampoco distingues lo que es realidad de lo que es ficción en determinados programas de televisión.