Diario Vasco

Ana Mari Marín vuelve a abrir las puertas de Vergarenea

Ana Mari Marín, ante su obra 'El Palacio de Ascoa'.
Ana Mari Marín, ante su obra 'El Palacio de Ascoa'. / A.D.C.
  • La pintora baztandarra muestra sus últimas obras hasta final de mes en su casa de Elizondo

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Fiel a su cita como hace más de tres décadas, la pintora baztandarra Ana Mari Marín ha vuelto a abrir las puertas de su casa Vergarenea, en Elizondo, para mostrar su obra. De las paredes del primer piso cuelgan hasta 51 óleos y 36 acuarelas que reflejan su estado anímico.

A sus 83 años, Ana Mari sigue siendo sobre todo, color. Pinceladas para plasmar sus sentimientos y su verdad sobre los paisajes que observa, no sólo en su querido valle de Baztan, porque hay muchos otros lugares a los que a fuerza de volver y redescubrir, considera también propios. «Nunca me canso de La Rioja, cada vez que regreso descubro algún matiz nuevo», cuenta. Y no sólo paisajes de interior, también regresa al mar de San Juan de Luz o al Mediterráneo.

Recuerda que para terminar sus cuadros, que siempre empieza en los lugares a los que acude, necesita «la paz» de sus estudio, en Amaiur. Precisamente el jardín de su casa en esta localidad es fuente de inspiración en más de una obra. Tampoco falta su admirado Van Gogh, con girasoles ante el lugar donde descansa.

Recorrer sus cuadros acompañados por Ana Mari y escuchar cómo los siente a medida que se entra en cada sala es descubrir la pasión que emana esta mujer de fuerte carácter, como su obra y que parece mucho más joven de lo que es. «Se me nublan las frases porque mi tarro está lleno...», dice señalando su cabeza.

«Más luz, necesito más luz en esta habitación», explica moviendo una lámpara de obra. «Mira cómo cambia el cuadro.... Es la luz con la que yo termino mis cuadros, con la que pinto en el estudio y luego, en algunos, necesito que haya más». Mientras mueve la lámpara su cuadro 'El Palacio de Ascoa», se transforma. «Mira qué curioso, me lo propusieron en un encargo, pero no lo quise hacer. Y luego, al cabo del tiempo, he terminado pintándolo porque me gustó». Vuelve a mover la lámpara y también vibran los amarillos y los azules de 'El Tarro. Flores', con la intensa luz.

Entre todas las obras hay una diferente. «La he llamado 'Divertimento', porque esta la he hecho para divertirme un poco. Aparecen las ropas y las telas que utilice para hacer el Mozart y de fondo, Gorramendi». Llegados a este punto reconoce que si pudiese, «yo casi ni vendería. Lo hago porque es necesario... En este momento me gustaría comprar alguno de mis cuadros...». «Estamos equivocados... las tradiciones hay que mantenerlas, tenemos que cuidarlas, para no olvidar de donde venimos...». «Si el que hace una cosa lo hace con su corazón, eso es lo que vale. Hay que hacer lo que sientes y si de paso puedes ayudar a alguien, pues mejor... Lo importante son lo sentimientos verdaderos».

Sigue trabajando en su estudio de Amaiur. «Ahora estoy con un cuadro de casi tres metros de largo, sobre Getaria...

Mientras, los que se acerquen hasta Elizondo podrán ver sus obras hasta finales de septiembre, en Vergarenea, en horario de 11.30 a 13.30 y por las tardes, de 18 a 21 horas.