Diario Vasco
Kike Santiago y Pedro Etxaniz, con el cartel anunciador de la XVIII Muestra Internacional de Cortometrajes de Pasaia.
Kike Santiago y Pedro Etxaniz, con el cartel anunciador de la XVIII Muestra Internacional de Cortometrajes de Pasaia. / VIÑAS

Ikuska convierte a Pasaia en capital del cortometraje

  • La muestra alcanza la mayoría de edad reivindicando una mayor implicación institucional para poder «dar un salto» de calidad fuera de las fronteras de Euskadi

  • El festival afronta su edición más internacional con un récord de obras a concurso: cerca de 2.600

Faltan apenas dos meses para su celebración y los responsables de Ikuska, el Festival Internacional de Cortometrajes de Pasaia, afrontan ya una de edición que promete hacer historia. El plazo para la recepción de trabajos presentados a concurso se cerrada a finales de agosto y lo hacía batiendo un récord de participación, con cerca de 2.600 producciones audiovisuales que ahora pasan un primer proceso de selección.

La cifra provoca cierto vértigo en Pedro Etxaniz y Kike Santiago, el tándem de directores de esta muestra cinematográfica, cuya calidad ha ido sumando enteros a lo largo de sus 18 años de trayectoria, hasta situarla como puntera a nivel de Euskadi. Ese mismo vértigo toma mayores dimensiones cuando realizan un repaso a la procedencia de las cintas. Desde Estados Unidos a Irán, pasando por Afganistán, India, Vietnam, Brasil, Nueva Zelanda, Nigeria e Islandia, entre otros muchos países. Ikuska será este año más internacional que nunca.

«Ya hemos reducido el número de 'cortos' a 450. De ahí saldrá el medio centenar que optará al palmarés final», señala Etxaniz, quien se ocupa de la parte técnica del festival, incluyendo la recepción de las obras que llegan desde cualquier punto del planeta a través de las nuevas tecnologías. «Hemos entrado en una plataforma norteamericana que nos ha abierto a más lugares. Como anécdota, podemos decir que el 99,9% de las propuestas nos llegan ya 'on line'. Son muy escasas las que nos envían en CD por correo ordinario», asegura, mientras recuerda las primeras ediciones en las que el formato VHS era el elegido por aquellos cineastas que a duras penas rozaban el centenar.

Organizada por la asociación Trintxer Kulturala y el Ayuntamiento de Pasaia, Ikuska alcanza en 2016 la mayoría de edad en plena forma, con una programación «consolidada», el apoyo del público y un nombre que ha logrado hacerse un puesto destacado en los circuitos de festivales de su género. Sin embargo, no todo son ventajas. Sus máximos responsables temen que la iniciativa muera de éxito ante la ausencia de apoyos institucionales, que se limitan al que les presta hoy en día el Consistorio y alguna que otra administración en forma de subvenciones un tanto eximias.

«De los mejores de Euskadi»

«Hemos llegado a una frontera cumpliendo estos 18 años. Estamos en un punto en el que todos nos lo tenemos que tomar en serio, los que lo dirigimos y también las diferentes administraciones. Ya somos uno de los mejores festivales de cortometrajes de Euskadi. Aspiramos a serlo también de España, pero no es normal que no tengamos ni siquiera una sede, un lugar en el que, por ejemplo, pueda reunirse el equipo de selección de los 'cortos' o mantener contacto con Irán, uno de los países de los que recibimos mayor número de obras», se lamenta Kike Santiago, responsable de la parte artística y de relaciones institucionales del certamen. Es, precisamente, a las instituciones a las que reclama una mayor implicación en forma de ayuda a la hora de dar «ese salto» que les avale fuera de las fronteras del País Vasco.

Según explica, «al Ayuntamiento no le podemos pedir más. Nos da todo tipo de facilidades y nos ha dejado un pequeño local municipal que utilizamos como almacén, pero necesitamos mayor apoyo de la Diputación Foral de Gipuzkoa y del Gobierno Vasco. El cortometraje en la actualidad ya no es un arte menor. Muchas veces ha servido de soporte de la industria audiovisual, permitiendo comenzar a muchos realizadores; también ha alimentado a muchas empresas, como las dedicadas a alquiler. Al cortometraje hay que darle la importancia que merece. Ikuska se encuentra ya en el mercado y debemos tomárnoslo todos en serio».

El hecho de que la muestra tenga como escenario Pasaia y más concretamente, Trintxerpe, donde los planes de regeneración parecen dejar de lado el ámbito cultural, tampoco parece favorecerles. «Es una barrera que tenemos que romper», coinciden en señalar Santiago y Etxaniz, que tratan de compensar la falta de infraestructuras -«es nuestra parte más débil»- con el buen hacer del que los espectadores han sido testigos edición tras edición.

«El nuestro sigue siendo un festival muy artesanal, pero nos hemos ido profesionalizando en la metodología de trabajo y gestión. Yo soy el único que queda desde el principio y puedo asegurar que los cor-

tometrajes que tuvimos el primer año no habrían pasado en esta edición la primera criba», declara Pedro Etxaniz, quien prevé que en 2017 los 'cortos' que se presenten a la sección oficial superarán los 3.000. «Hemos tenido gente importante. Nos esforzamos en el trato. Es algo que agradecen los participantes, pero no tenemos medios para más cobertura», advierte su compañero de dirección. Ambos sueñan con que Ikuska siga cumpliendo años y que si su luz se apaga, sea sólo para ver las imágenes que se proyectan en la pantalla grande.