Diario Vasco

«La muestra es mi aportación al año de la capitalidad cultural»

José Manuel Ábalos en el local de la calle Easo, 6 donde expone estos días sus obras.
José Manuel Ábalos en el local de la calle Easo, 6 donde expone estos días sus obras. / JOSE USOZ
  • El artista donostiarra José Manuel Ábalos presenta más de cien obras, gran parte de ellas inspiradas en el mar

Un espacio amplio y luminoso acoge la colección del pintor donostiarra José Manuel Ábalos. Titulada 'Ábalos 2016', la exposición se inauguró a finales de agosto en un local de la calle Easo, 6. Las paredes cubiertas por más de cien cuadros hacen volar la imaginación del visitante. Las olas, paisajes con superposiciones y mares alborotados son los protagonistas de esta colección que el artista ha querido traer a Donostia por ser el año de la cultura europea. «Quería aportar mi pequeño y particular homenaje a este gran año», matiza.

La mayoría de sus cuadros de mar y olas representan «el caos creado por la naturaleza y por el hombre, ese caos como el que don Quijote organizaba en sus aventuras», explicó Ábalos. Pero el artista no se queda solo con la tormenta, sino que plasma también «esa belleza de la calma que sigue a cualquier temporal que azota la costa».

La paleta de colores en general es de tonos intensos, vivos, con fuerza. El pintor comenzó su andadura pictórica con suaves y pálidos colores que sin embargo fueron adquiriendo garra a medida que pasaban los años. El artista asegura que sigue aprendiendo, ahora especialmente de sus nietos. «Sin miedo empleo colores que a muchos pintores les gustaría utilizar». El rojo, el azul, dos tipos de amarillos, el blanco y el negro son sus colores predilectos, de los cuales obtiene infinitas mezclas.

Con cada obra transmite una sensación: la serie de tres cuadros que muestran el marchitar de un ramo de flores, ramo que el propio Ábalos regaló a su mujer, es un ejemplo del juego que realiza el autor cada vez que toma el pincel.

También utiliza materiales ajenos a la pintura. Por ejemplo, la piedra de tipo pizarra. Echa mano de pedazos pétreos que simulan una tempestad o el viento que corta el paisaje. O chinchetas que se clavan en los paisajes como si formaran parte de ellos. «No me gusta el hiperrealismo, la pintura tiene que notarse que es pintura. Por eso, de mis cuadros nunca van a decir que parecen fotografías. Huyo de eso», aclara el artista, quien subraya que en muchas de sus obras «destaca ese punto impresionista».

La parte surrealista de Ábalos convierte a sus cuadros algo más que simples paisajes. Introduce elementos y juegos de luces, como 'Ciudad de la cultura', en el que emplea la luz mediterránea, tan familiar para él, ya que a lo largo del año pasa largas temporadas en Valencia.

Retratos familiares

En la planta baja del local se hallan retratos de los miembros de su familia. Junto a él, Ábalos ha retratado a su mujer y en una columna posan los lienzos con la imagen de sus cuatro hijos, todos ellos de tonalidades suaves, pálidas, figuras casi etéreas que recuerdan a seres de un bosque encantado.

De lejos parece de tamaño normal, pero un cuadro situado a la derecha de las escaleras, que representa una colosal cascada, disimula sus proporciones en los grandes espacios del lugar. Las vigas de madera le dan un aspecto más rústico a un local convertido en galería que, como aseguró el pintor, «es precioso y de estilo fabril». El artistas invita a la ciudadanía entrar, al menos para que vean el espacio tan privilegiado en el que está situada la muestra 'Ábalos 2016'.