Diario Vasco

Oskarbi, 50 años cuidando la armonía

Iñaki Maritxalar y José Luis Treku (sentado), los dos únicos miembros de la formación original que siguen en activo.
Iñaki Maritxalar y José Luis Treku (sentado), los dos únicos miembros de la formación original que siguen en activo. / FERNANDO DE LA HERA
  • Celebran las bodas de oro con un nuevo disco, un libro y un concierto en el Victoria Eugenia

  • «No haber vivido de la música nos ha quitado presión y nos ha permitido seguir adelante con nuestros proyectos», afirma José Luis Treku

Si las secciones de cultura de los medios de comunicación tuvieran que reflejar por los procedimientos habituales lo que estaba sucediendo en la cultura vasca, y más específicamente en la cultura en euskera, en 1966, no habría páginas o minutos de emisión que permitieran dar abasto.

Si bien toda la década de los sesenta del pasado siglo tuvo mucho de prodigiosa a esos efectos, los años que marcaron su ecuador se perciben en la distancia como una especie de catalizador de energías que propició el nacimiento de, entre otros, fenómenos más o menos efímeros como el grupo Gaur en el campo de las artes plásticas o, en la música, el colectivo Ez Dok Amairu, vinculados entre sí de alguna forma por la presencia poderosa de un Oteiza en plena forma.

El grupo de artistas plásticos el que durante tres años convivieron los genios a veces contrapuestos de Eduardo Chillida, Amable Arias, Jorge Oteiza, Rafael Ruiz Balerdi, Remigio Mendiburu, Néstor Basterretxea, José Antonio Sistiaga y José Luis Zumeta ha sido recordado con una potente exposición enmarcada en la capitalidad cultural, '1996 Gaur Konstelazioak 2016'. El recuerdo a Ez Dok Amairu, que empezó un poco antes y duró un poco más pero a duras penas sobrevivió a la década, ha sido más difuso.

Ambos son, en cualquier caso, historia, aunque los dos cuentan con miembros que, 50 años después, siguen en activo: Sistiaga y Zumeta en el apartado plástico, Benito Lertxundi y Oskarbi en el musical; supervivientes de una época que se resisten a ser solo historia. En el caso de los músicos, no solo no han levantado el pie del acelerador, sino que lo han apretado a fondo para celebrar las bodas de oro como corresponde.

Oskarbi, por ejemplo, lleva meses haciéndolo con una serie de conciertos conmemorativos como los que ha dado en Errenteria y en Irun. Y seguirá celebrando con un nuevo disco, 'Mendira naiz', que verá la luz en octubre; un gran concierto en el teatro Victoria Eugenia de San Sebastián el 18 de diciembre y un libro cuya publicación todavía no tiene fecha.

Del coro a Ez Dok Amairu

El libro, que contará la historia de Oskarbi y, al mismo tiempo, será una crónica de las últimas décadas, lo ha escrito y lo está terminando de pulir José Luis Treku. Treku e Iñaki Maritxalar son los únicos miembros que siguen en activo de aquel primer Oskarbi que contaba con siete miembros, aunque en la formación actual, que este año ya ha subido al escenario en varias ocasiones, hay más veteranos de la primera etapa de la formación, que se extendió entre 1966 y 1983.

Oskarbi, que nació sin nombre, no surgió de la nada, pero sí del vacío. Del que dejó cuando fue disuelta la escolanía de la escuela de formación profesional Don Bosco, de Errenteria. Súmese a un grupo de chavales de 17 ó 18 años comprometidos con el euskera y aficionados al canto el impulso de un personaje tan destacado en la vida musical de Pasaialdea como Luis Romero (1918-2006), y el resultado es un grupo que acabó llamándose Oskarbi ('cielo despejado' en términos meteorológicos).

La formación contó inicialmente con cuatro voces masculinas (Maritxalar y Treku más Karmelo Arren y Kepa Garbizu) y tres femeninas (Itziar Maritxalar, Mari Jose Fernandez y Maite Arizkorreta) que sin hacer ninguna concesión que pusiera en riesgo la calidad vocal y musical se lanzaron, en la línea de lo que venían haciendo en la escolanía, a actualizar el cancionero tradicional y a adaptar al euskera 'canciones modernas', preferentemente grandes éxitos anglosajones. Por ejemplo, aquellas 'marionetas en la cuerda' con las que la británica Sandie Shaw ganó -descalza, como se recordará-, Eurovisión en 1967.

«Durante los primeros años estuvimos muy marcados por Romero -recuerda Treku-, haciendo voces, cuidando mucho la armonía...». Ese cuidado, de hecho, es una característica que les define y les ha acompañado durante 50 años y diez discos. Con esas voces bien formadas, conjuntadas y empastadas, y un repertorio más bien folk, se sumaron a Ez Dok Amairu, aquella singular aventura musical y cultural que terminó, en su dimensión colectiva, a finales del 72.

Oskarbi, cuyos integrantes eran bastante más jóvenes de Labéguerie, Laboa, Lertxundi o Lete, nunca estuvo en el 'núcleo duro' de EDA, pero compartieron inquietudes y escenario. «El hecho de ser nosotros un grupo de siete y casi todos los demás solistas complicó un p oco nuestro encaje en Ez Dok Amairu, pero teníamos muy buena relación con todos y compartimos muchos conciertos. Nosotros, normalmente, abríamos y cerrábamos», afirma Treku.

Conciertos no les faltaban. «Hasta 1970 llegamos a hacer 60 ó 70 actuaciones al año». El fervor popular comenzó a decrecer en los 70, y con la llegada de los años 80 el panorama social, político, económico y cultural cambió profundamente. Cuanto más fuerte sonaban Barrikada, Hertzainak o Kortatu, menos espacio había para grupos como Oskarbi, que ya antes había tenido que pagar un peaje del que, en aquellos años de polarización extrema, pocos se libraron.

«Por el tipo de música que hacíamos nos llamaban folklóricos, pequeñoburgueses, tecnócratas...». Vamos, casi lo peor que se podía llamar a uno en los 70 en determinados ambientes. Como si algo bueno tiene el maniqueísmo es que reparte a diestra y siniestra, había etiquetas para todos. Si los cielos calmos y despejados de Oskarbi eran pequeñoburgueses, a los cielos rojos que presagian tormenta de Oskorri, surgido en 1971 y disuelto en 2015, también les tocó lo suyo. «A ellos les boicoteaban por considerarles comunistas y españolistas... Creo que solo tocamos juntos una vez, en Ondarroa, hacia 1975».

Oskarbi, en 1983, decidió hacer un alto en el camino, que finalmente se prolongó hasta bien entrados los 90. Pese a que sus compromisos musicales y su nivel de exigencia hayan sido siempre propios de profesionales, todos ellos tenían sus trabajos. Así, liberados de la presión que supone tener que ganarse la vida con la música, dejaron en barbecho la actividad pública de Oskarbi.

La privada se mantuvo mediante una fórmula que nunca les ha fallado: las cenas. «Solemos hacer tres o cuatro al año. Charlamos, cantamos, se nos ocurren cosas, vemos si hay algo... Yo siempre digo que las cenas nos han mantenido unidos, y el hecho de ser aficionados nos ha dado cohesión», asegura Joxelu Treku. La armonía, a saber, no solo se trabaja y se cuida en los ensayos y en el escenario.

Rejuvenecer a los 50

Porque ese 'tener algo entre manos' es lo que reactiva a un grupo por el que en cinco décadas han pasado una veintena de personas. Si hay 'algo entre manos' y ese algo despierta el gusanillo, vuelven a la disciplina de los ensayos, al estudio de grabación o a los escenarios. «Esa es nuestra principal motivación», dice Treku. ¿Y si no lo hay? La respuesta es previsible: «Quedan las cenas...».

En lo que llevamos de siglo la chispa ha saltado más de una vez, y se ha materializado en varios discos cada vez más alejados del cancionero tradicional y progresivamente liberados de sus 'grandes éxitos', como el 'Esperantzari leiho bat', con letra de Bitoriano Gandiaga, que junto con Xabier Lete es una de las principales referencias literarias de grupo.

Su hasta ahora último disco, 'Xirimiri', de 2012, contenía solo canciones inéditas; algunas populares, otras construidas sobre poemas de Lete y Gandiaga, alguna con letra del propio Treku. También será enteramente nuevo el repertorio que contendrá 'Mendira naiz', el disco de las bodas de oro que no solo no ha cedido a la tentación de mirar al pasado sino que, además, «va a tener una sonoridad distinta. Quienes lo han escuchado dicen que suena un poco americano, un poco country...». Se nota, asegura Treku, la aportación de los músicos que están rejuveneciendo una formación con miembros de edades que oscilan entre los 23 y los 75 años.

«Yo diría que entre los más jóvenes faltan voces, aunque ya tratamos de animarles a que canten, pero hay grandes músicos, muy bien formados y llenos de ideas». El que no se renueva tanto es el público. Joxelu Treku admite que es «un público adulto, que recuerda nuestras canciones, nuestros discos, que viene y nos cuenta anécdotas de las que nosotros ni nos acordamos. Algunos vendrán por nostalgia, y otros porque lo que hacemos les sigue gustando».

Ellos, desde luego, nostalgia poca. Como máximo, y ni eso, de «cuando vendíamos 5.000 discos». «Aunque hagamos lo que hagamos seguiremos con la etiqueta de grupo folk que hemos tenido siempre, ni nos importan las etiquetas, ni nos consideramos reliquias, ni vivimos pendientes del pasado. La verdad es que nos sentimos mejor que nunca». Mientras 'tengan algo entre manos', seguirán. Y si nada despierte su entusiasmo, «quedarán las cenas».