Diario Vasco

Dentro del orfanato del doctor Korczak

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La directora Mireia Gabilondo, en el centro, y la productora Ana Pimenta, a la derecha, con todo el equipo de la obra en el orfanato recreado en Larratxo. / FOTOS: JOSÉ MARI LÓPEZ

  • La compañía Vaivén ensaya en Larratxo 'Último tren a Treblinka', la obra basada en la experiencia vivida por 200 niños judíos en el gueto de Varsovia

  • El público vivirá desde las literas el montaje que se estrena en octubre de la mano de Donostia 2016

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«Más que una obra de teatro es una experiencia», dice Ana Pimenta, de la compañía Vaivén, productora del montaje. «Intentamos que el espectador entre literalmente en aquel orfanato de Varsovia y viva desde dentro lo que sufrieron aquellos niños judíos del gueto de Varsovia», añade Mireia Gabilondo, directora de la obra. Y a tenor de lo visto en el ensayo de ayer, lo consiguen.

El equipo de 'Último tren a Treblinka', el montaje que se estrena en octubre y está promovido por el programa 'Conversaciones' de Donostia 2016, abrió ayer uno de los ensayos en el centro cultural de Larratxo a los medios de comunicación. «Queremos que los periodistas viváis un primer avance de lo que va a experimentar el público», advertía Ana Pimenta. La humanidad del doctor y pedagogo Janusz Janusz Korczak, el miedo de los chavales o la sombra brutal de los nazis son vistos por los espectadores entre los propios actores, sentados en las literas o en las mesas del orfanato real. El ensayo permite augurar que el resultado será tan ilustrador como emocionante.

«La historia del doctor y pedagogo Janusz Korczak y de su inseparable colaboradora Stefania Wilczynska me cautivó desde que la conocí», explicaba ayer Ana Pimenta. Los dos montaron una especie de 'república infantil' en un orfanato del gueto de Varsovia que desarrolló su propio reglamento y hasta su código penal, gobernado por los chavales. Así fue hasta que llegó la orden de abandonar el orfanato y viajar en tren al campo de concentración de Treblinka.

La obra se desarrolla precisamente el 5 de agosto de 1942, justo antes de partir hacia el campo. «Buscamos el máximo de documentación sobre aquel caso y pedimos a Patxo Telleria que escribiera el texto», continúa Pimenta. «Planteamos el proyecto a Donostia 2016 y la Capitalidad se implicó a fondo», agrega. El estreno de la obra, en octubre, se plantea como una de las citas más interesantes en lo que queda de este 'año europeo' en San Sebastián.

Encerrados en la sala

Se trata de una producción ambiciosa que une a destacados creadores del teatro vasco. Mireia Gabilondo es la directora, Fernando Bernués ha ideado la escenografía, Ana Turrillas se ocupa del vestuario, Julia Gysling de la producción y atrezzo e Iñaki Salvador de la música.

En el reparto figuran también actores de primera línea. Jose Ramon Soroiz hace el papel del doctor en la versión en euskera y Alfonso Torregrosa en castellano. El resto del elenco es común en las dos versiones: Maiken Beitia, Eneko Sagardoy, Gorka Martín, Tania Martín, Nerea Elizalde, Jon Casamayor, Mikel Laskurain y Kepa Errasti.

Todos ellos se encerraron en junio en el centro cultural de Larratxo para levantar el montaje. «Buscábamos un espacio amplio en el que pudiéramos poner en pie la producción, ensayar y ofrecer al público las primeras funciones», explica Ana Pimenta. «Ha sido un lujo disponer de un local así, gracias a Donostia 2016, donde hemos podido crear una escenografía tan particular», remata la responsable de Vaivén.

Un aforo de 200 personas

Los creadores de la función insisten en la importancia de 'romper' las barreras entre el escenario y el público e incorporar al espectador dentro del orfanato. «Es una de nuestras grandes apuestas, integrar al público para que experimente de verdad las sensaciones», apunta Mireia Gabilondo. Un centenar de literas, las mesas centrales y otras ubicaciones dentro del orfanato acogerán a los espectadores. El aforo de cada función se limita a doscientas personas.

Pero el deseo de «meter al espectador» dentro de la acción no siempre podrá cumplirse, aunque sí, al menos, en el momento del estreno. Desde el 1 de octubre hasta el día 22 de ese mes el propio centro cultural de Larratxo acogerá las funciones. Seis serán abiertas al público en general (cuatro en castellano y dos en euskera) y habrá unas cuantas más destinadas a escolares de toda Gipuzkoa.

«Hemos cuidado especialmente el aspecto didáctico», afirma Ana Pimenta. «De la mano de Ikertze contactamos con ikastolas y centros escolares, y chavales de 14 a 18 años podrán ver la función dentro de un programa pedagógico más amplio, con estudios previos y una charla posterior con los protagonistas de la función en el mismo escenario de la obra».

Tras esa primera tanda de funciones en Larratxo llegará el turno de una versión más convencional en el Victoria Eugenia, el 29 de diciembre. «Hemos tenido que pensar un formato para teatros para que la obra pueda girar», dice Mireia Gabilondo. En algunos lugares, como la sala Cuarta Pared de Madrid, podrá mantenerse la propuesta original con los espectadores «dentro» del orfanato, y así se hará en los espacios donde técnicamente sea factible, según explican los promotores.

El entusiasmo del equipo era visible en el ensayo abierto de ayer, con una energía que contagiaron a los periodistas. Siempre es un privilegio asistir al nacimiento de una obra teatral, pero resulta mayor aún cuando se trata de un montaje diferente. Mireia Gabilondo indicaba a los fotógrafos y cámaras cuál podía ser la mejor ubicación para recoger la acción. «No es fácil, porque los actores se mueven por todo el espacio y ocurren varias cosas a la vez, con la voluntad de envolver al espectador». Los redactores nos sentamos en las literas o mesas, como hará el público, y en las escenas pudimos sentir la intensidad de las reacciones que vivirán los asistentes. «Yo termino llorando en todos los ensayos», advertía una de las encargadas de la producción.

En agosto los trabajos se detienen para que el texto «repose» en los actores y en septiembre retornarán con fuerza ante el estreno de octubre. «Recordar historias de gente buena, de personas que saben estar a la altura cuando las dificultades crecen, siempre resulta oportuno», concluye Ana Pimenta. «Y más en esta Europa que vive entre los refugiados y el miedo».

Larratxo es estos meses Varsovia, y los actores Alfonso Torregrosa, en castellano, y Jose Ramon Soroiz, en euskera, se impregnan cada día de la energía del doctor Korczak. Hasta el punto, como ocurrió ayer a Torregrosa, de hacerse una pequeña herida en su representada pasión ante los nazis. Él también se había metido en el orfanato a fondo.