Karmelo C. Iribarren: «Ya no soy ese al que le suceden las cosas, sino ese otro que observa»

El poeta Karmelo C. Iribarren, en la librería donostiarra Kaxilda./
El poeta Karmelo C. Iribarren, en la librería donostiarra Kaxilda.

El autor donostiarra publica un nuevo poemario y la edición revisada y ampliada de 'Diario de K' tras agotarse la primera edición

ALBERTO MOYANOSAN SEBASTIÁN.

Coincidiendo con la aparición de su último poemario, 'Haciendo planes' (Ed. Renacimiento), el escritor donostiarra Karmelo C. Iribarren publica la segunda edición, revisada y ampliada, de 'Diario de K', la miscelánea de textos con la que debutó como prosista hace un par de años. Iribarren, convertido cada vez más en eso que se conoce como un 'autor de culto', continúa inmerso en su proceso de simplificación, tanto formal como temática. Sus temas son los de siempre -la ciudad, el tiempo, los libros...-, pero sometidos a un instrumento, la distancia, que aumenta a cada título que publica.

- «Soy el peor aforista que conozco con diferencia», terminaba la primera edición del 'Diario de K'. Sin embargo, ahora reincide...

-Bueno, era una especie de ironía, no sé si para curarme en salud. De los mejores, no soy, pero aunque no sea un género al que me haya dedicado intensamente y sólo sea un visitante, creo que he escrito treinta que están bien.

-¿Qué le permitía expresar el aforismo que no podía hacerlo a través de la poesía?

-En realidad, mis poemas tienen una tendencia a la elipsis y a la brevedad. Son una píldora de intensidad que pretendo que sea emocional y el aforismo, o lo que yo hago, estaría más cerca de la greguería, un poco en la línea de Jules Renard. Hay frases coloquiales que sacadas de contexto de la conversación adquieren una dimensión literaria que habitualmente pasa desapercibida. Eso es lo que sí me ha interesado siempre, más que el aforismo.

-Los lectores de 'Diario de K', ¿son los mismos de los que su poesía?

-Yo creo que se han incorporado otros. Se han mantenido algunos de los de poesía, pero es verdad que al escribir prosa aparecen otros que luego han leído los poemas. Esto funciona así. Desde ese punto de vista, está bien porque la primera edición se ha agotado.

-En todo caso, resulta reconocible su voz en uno y otro género.

-Creo que sí. Al final, en toda mi literatura hay un personaje que se mantiene.

-¿Es una máscara?

-Bueno, siempre es una máscara. Cuando los escritores realistas hablan de 'máscara' están curándose en salud. En mi caso, en un 90% soy yo, aunque no exactamente.

-Y el personaje, ¿amenaza con devorar a la persona? Usted se ha creado una imagen en torno a tópicos: la bebida, el bar...

-No, a veces parece que hay que resaltar determinados asuntos porque son más mediáticos, pero yo creo que si alguien lee todo lo que he ido escribiendo no ve esa especie de tremendismo. Quizás al principio, pero luego se va diluyendo.

-¿No tiene tendencia a escribir cada vez sobre temas más nimios?

-Sí, sobre asuntos nada literarios. No sé si sobre la nada, pero sí.

-¿Qué tiene con la climatología, que está casi omnipresente en las entradas del 'Diario de K'?

-Soy un gran lector de Pla, que habla mucho de la climatología, pero hay otra historia. Los niños de mi generación hacíamos mucha vida en la calle. Recuerdo que era muy consciente del tiempo que hacía porque lo sentía. Ahora, incluso en invierno el frío es menor porque en los sitios hay calefacción, pero yo recuerdo que antes cuando hacía frío había que soportarlo. Y esa relación con el tiempo climatológico me ha dado una tendencia de la que soy muy consciente.

-¿Y los lunes? También aparecen mucho en sus escritos, aunque usted no tiene vida laboral porque no trabaja.

-El lunes es un día que da mucho juego porque se supone que es el día más difícil, pero si lo personalizas, casi da un poco pena. Cuando el lunes es fiesta todos pensamos que se lo merece.

-¿Y los paraguas? Se define como un hombre que pasea con un paraguas, les dedica poemas...

-Es un invento maravilloso. Como paseo mucho y en esta ciudad llueve mucho, tengo una relación muy personal con los paraguas. Son muy literarios y luego está la amnesia paragüística, que te hace dejártelos en cualquier lado.

-Pasea mucho, pero siempre por la zona burguesa de San Sebastián: Amara, el centro, el Londres, el río...

-Bueno, suelo ir al Londres a tomar un café, no sé si es burgués o no, pero es maravilloso. Mucha gente no va por ese complejo. Pero lo del Donostia burgués... no sé, aquí te vive todo tipo de gente en el centro. En cualquier caso, es la zona más paseable.

-En 'Diario de K' no se define ideológicamente de forma muy clara. De izquierdas no es, de derechas tampoco y de anarquista duró un mes. Quizás se ceba más con los 'revolucionarios' y la izquierda, ¿no?

-Bueno, es que son los que me han decepcionado, los otros ya sé lo que son. ¿Cómo me defino? Como un hombre que pasea. Políticamente, ¿cómo te vas a definir? Diga lo que diga, se va a prestar a... Tampoco soy apolítico porque tengo mis opiniones respecto a lo que pasa, pero yo diría que no encuentro un lugar en el que pudiese encajar.

-También dedica algunas líneas a los que han hecho de ser vascos su profesión...

-Bueno, en un diario tienes que decir lo piensas, si no carece de sentido y cada uno cuenta aquí la fiesta como le va. Yo cuento la mía como me ha ido. No es más que constatar una realidad. Otro puede decir que lo que digo no es cierto. Pues que lo demuestre.

-Lo que sí ha conseguido es mantenerse 'virgen' de premios.

-Es que nunca me he presentado a uno, en la vida, tal vez, porque no lo he necesitado para publicar un libro. He tenido esa suerte. Y luego me parece que no consto en los premios que se dan aquí en Euskadi. En los de ámbito nacional, quién sabe, quizás el día de mañana.

-¿Se considera una especie de 'outsider' de las letras vascas?

-No porque no veo el hecho literario en esos términos. Escribo libros, los publico en las editoriales y el otro asunto no me interesa demasiado.

-Hablamos de los bares. Decía hace años que son el territorio natural de su poesía.

-Algo de verdad hay en eso. Siguen siéndolo en cierta medida. Yo antes era un sujeto activo en mis poemas, pero de un tiempo a esta parte me he transformado en un observador. Ya no soy ése al que le suceden o le pueden suceder las cosas. Soy ese otro que observa lo que está sucediendo y los bares siguen siendo una buena atalaya. La vida seguirá mereciendo la pena mientras haya bares y libros.

-Pero, ¿le gusta el típico bar donostiarra?

-No. Yo suelo tomar muchos cafés en hoteles, quizás porque he estado mucho en bares. Ahora busco tranquilidad, sentarme, ver, leer, escribir... Para eso el bar me sigue pareciendo un lugar excelente. En Donostia echo en falta bares en los que es posible la tertulia, la conversación, la presentación de libros... Aquí no existe.

-Muestra en el 'Diario de K' su gratitud hacia los libros, que le han salvado de la vida social, dice.

-No me imagino lo que hubiera sido mi vida sin libros.

-Lo que le han dado, ¿no lo ha encontrado en la música o en las películas?

-No, no. El cine me gusta y con la música tengo otro tipo de relación. Lo que más me interesa es la literatura. Veo películas, pero puedo estar sin ir al cine; no puedo estar un sólo día sin tocar un libro.

-¿Le cuesta cada vez más encontrar libros que le gusten?

-Aunque me mandan muchos libros gentes que empiezan a escribir, no estoy muy al tanto. Tengo unos cuantos autores que no se acaban nunca. No voy a tener problema con eso aunque viva mucho tiempo. A escribir correctamente se aprende, pero no me interesa tanto eso como la huella personal, la impronta. Me importan menos que técnicamente no sea un prodigio si tiene esa personalidad. Eso no se da tanto, curiosamente, aunque algunos hay, claro.

-Entre ellos, Raymond Carver, al que dedica unas elogiosas líneas.

-Me gustó mucho Raymond Carver. Lo leí mucho en el bar porque las primeras traducciones, las de Jesús Zulaika, aparecieron allá por 1986. Me quedé absolutamente deslumbrado por estos relatos sobre vidas estancadas. Era un prosista magnífico. Y como poeta, también me gusta. Es muy parecida a su prosa. No es retórico, sino narrativo, tiene mucho que ver con sus relatos. Lo que más me ha gustado e influido es lo que desprende su lectura: ese clima de los pueblos pequeños norteamericanos que dices: «Éste no va a salir de aquí» o ésos otros que lo intentan veinte veces y observas sus vidas y ves que así no lo va a conseguir. Eso me maravilló en Carver.

-Entiendo que el 'Diario de K' va a seguir aumentando en próximas ediciones.

-Ésa es la idea. La primera edición se agotó. Lo que hago es escribir, no lo dejo, ¿qué hago si no?

-¿Cree que podría escribir si tuviera un horario laboral que le ocupara el día?

-No lo sé, me he acostumbrado ya a esta especie de anarquía vital y no sé qué sería de mí en ese caso. Supongo que sí escribiría porque es casi una necesidad, no sé si física, pero no me imagino mi vida sin escribir.

-Confiesa que aunque suena pretencioso, su objetivo es meter la vida entera en un poema.

-Sí, lo que quiero decir es que siempre ha sido ese mi objetivo, meter la vida en la literatura. Pla decía que hay dos tipos de escritores: los de la vida y los de la imaginación. Borges sería del segundo grupo, pero Pla y yo preferimos los primeros. Hemingway o Scott Fitzgerald y esa dicotomía, yo estoy con los de ese grupo.

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