«Dejamos el colegio en su mejor momento»

Gorrotxategi, junto a varios profesores y padres. / SARA UTRERA
Gorrotxategi, junto a varios profesores y padres. / SARA UTRERA

Las siete hermanas carmelitas de la Caridad-Vedruna se despiden de Zumaia

SARA UTRERA ZUMAIA.

«Una sensación agridulce». Así ha definido María Teresa Gorrotxategi la despedida, tras 146 años en el municipio, de la Comunidad de Hermanas Carmelitas de la Caridad-Vedruna de Zumaia.

María Teresa, junto a Begoña Alberdi, Frantziska Urrutia, María Nieves Gorostegi, María Luisa Unanue, Loli Lomillo y Begoña Gandiaga dejará esta semana el edificio de Maria eta Jose Ikastetxea, su casa en estos últimos años. «Ayer se marchó una monja, hoy otra (el pasado jueves)... nos genera una sensación de mucha tristeza en el corazón. También una sensación de alegría porque hemos estado aquí tantos años y hemos trabajado tan duro, que nos sentimos satisfechas», confiesa Gorrotxategi.

María Teresa (Bizakaia, 1969) llegó a Zumaia en 1969 con 26 años. «Realicé mis estudios de Bachillerato y Magisterio en Gasteiz y a los dieciocho me hice monja. En 1965 comencé a dar clases en Aramaio y en 1969, estando haciendo un cursillo en Barcelona, me destinaron a Zumaia. En aquel entonces pedían tener oposiciones y yo las tenía. Estuve un año en el antiguo edificio y entre el 70 y 71 viví el traslado del colegio al actual edificio. Mi primer sueldo lo recibí en el Ayuntamiento de Zumaia, me lo dio el entonces alcalde Eugenio Arrizabalaga», recuerda.

En esta primera etapa en Maria eta Jose, realizó las funciones de profesora y de directora. Fueron años muy difíciles políticamente y socialmente -últimos años del franquismo y período de Transición-. «Había muchos choques debido a los duros movimientos políticos que se vivieron, también entre nosotras. Nuestros objetivos eran claros: ofrecer valores cristianos y un servicio educativo vasco», recuerda.

Tras ocho años, en 1977 fue destinada a Bermeo, donde trabajó durante un año en otro centro escolar de Vedruna. Junto a otras dos compañeras, Amaia y Begoña, se planteó qué era lo que quería divulgar como congregación. «Planteamos otro proyecto. Queríamos llegar no solo a los colegios, sino también a los barrios, a los más necesitados... Acudimos a las Provinciales y le presentamos nuestra idea: queríamos que nuestro pueblo viviera en un pueblo euskaldun», señala la exdirectora de Maria eta Jose. «Después me destinaron a la ikastola de Ordizia, donde trabajé durante 30 años».

Segunda etapa

En esos años Maritere Gorrotxategi recibió una llamada especial. «En junio de 1997 me llamaron desde las Provinciales para proponerme el puesto de directora titular». En esta segunda etapa encontró el colegio totalmente diferente a como lo dejó en 1977. En ese momento el centro estaba bajo la dirección de Begoña Bustin y se había marcado una línea educativa, con el modelo D. «En mi primera etapa llegué a vivir en el Barnetegi de Foronda con las alumnas, pero en esta ocasión compaginaba mi trabajo en Maria eta Jose con el de Ordizia, por lo que pedi reducir la jornada laboral de la Ikastola en un tercio. Iba y venía todos los días. Por las mañanas daba clases en Ordizia y por las tardes estaba en Zumaia», explica. «En 1997 dejé la gestión del colegio en manos de Inma Eizagirre y Pilar Lazkano, aunque todos teníamos la última palabra: la dirección, el claustro y yo». De este modo, se nombró a Eizagirre como la primera directora pedagógica no religiosa en Maria eta Jose.

En 2005 se jubiló como docente (en Ordizia) y más tarde, la institución le asignó la Organización Interna de la Congregación. «Junto a otras dos monjas, coordino la organización de las diferentes instituciones de Vedruna del País Vasco, Aragón, Valencia, Alicante, Murcia, Italia y Albania. Después de seis años, en mayo de 2018 finalizará también mi labor ahí», señala.

En 2012, por primera vez, un empleado fue nombrado como director titular: Isaak Aranberri. «El colegio está totalmente diferente a como lo dejé. Ha ido progresando a la vez que ha ido evolucionando la sociedad. Dejamos el colegio en su mejor momento, en la cresta de la ola. Además, está involucrado de lleno con el proyecto basado en la Pedagogía de la Confianza», expresa Gorrotxategi.

«Estamos en un buen momento, con muchos retos personales. Además, contamos con Rafael Cristobal (psiquiatra, médico y profesor. Impulsor de la metodología de la Confianza) y su equipo de trabajo, quienes nos seleccionó como centro de referencia», ha explicado Aranberri, y ha añadido, «hay que renovarse constantemente. Existen datos empíricos que han cambiado la forma de trabajar en el colegio. Como es el caso de los patrones de sueño, por ejemplo. Está comprobado científicamente cuándo es la hora óptima para el sueño y cuál para el estudio. Por eso, estamos adecuando las clases y las infraestructuras a las nuevas necesidades».

«La metodología que se ha implantado en este colegio ha cambiado mucho. En su época también estudiábamos las distintas metodologías de los centros de los municipios vecinos para después implantar la mejor aquí. Siempre nos hemos adecuado a los nuevos tiempos y yo, personalmente, he trabajado muy bien con los docentes laicos», ha añadido Gorrotxategi.

Adiós después de 146 años

La Comunidad de Hermanas que, durante 146 años ha trabajado por la educación de la mujer y la cultura vasca en el municipio, se despidió de los vecinos de Zumaia el día 19, mediante una misa en la parroquia y un acto de agradecimiento en el salón de actos de Maria eta Jose.

En ese acto, las siete Hermanas hicieron entrega de «la llave que les abrió las puertas de Zumaia en 1871», para que ahora el pueblo y todas las personas que forman parte del colegio cojan las riendas y mantengan vivo el Proyecto Educativo.

«En estos 146 años han pasado muchas y muchas monjas por aquí, también el sacerdote y escritor Txomin Agirre. Un año llegamos a vivir hasta 30 monjas en el edificio. Cuando me instalé aquí de nuevo, en el 2007, éramos catorce monjas y ahora solo quedamos siete», señala.

María Teresa dejará Zumaia para instalarse en Donostia, mientras que las otras seis monjas irán a la residencia Santa Joakina de Gasteiz «para vivir en mejores condiciones. Se trata de gente mayor y ahí estarán más cómodas, con más espacio y con mejores cuidados». Confiesa que las Hermanas sienten mucha pena por marcharse, «una de ellas ha vivido aquí durante 43 años, ésta ha sido nuestra casa. Nosotras nos marchamos, pero dejamos el testigo al pueblo», concluye.

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