Historias en primera persona

Lore Aldabaldetreku, rodeada de fotografías de la familia. / ETXEBERRIA

Cinco jubilados, vecinos de Zarautz, nos esbozan sus vidas, desde niños hasta hoy en día

ANTXON ETXEBERRIAZARAUTZ.

Hoy, domingo culmina la celebración de la semana del jubilado en Zarautz. Semana que ha estado repleta de un sinfín de interesantes actividades.

Según datos del Eustat, los jubilados de Zarautz de más de 65 años son un colectivo que representa el 19,28% de la población,siendo 23.040 los habitantes de la villa en 2016. Por lo tanto, estaríamos en cifras de 4.500 las personas residentes en la localidad en esta franja de edad. Colectivo que va creciendo en Euskadi por falta de un relevo generacional. Se trata de un grupo muy participativo en la sociedad, que ha contribuido en su mejoría ampliamente y, por lo tanto, merecedores de una etapa de descanso debiendo modificar por nuestra parte el enfoque negativo que se les ofrece como carga social. En las páginas de hoy presentamos a 5 zarauztarras muy conocidos en la villa y que han querido compartir con nosotros sus vidas recordando los episodios más importantes. Sorprende lo bien que están los de mayor edad.

Lore Aldabaldetreku (A punto de cumplir los 90 ) «Tengo una familia estupenda, 6 hijos, 18 nietos y 16 biznietos»

Lore Aldabaldetreku nos recibe en su céntrico domicilio con una imagen jovial como es costumbre verla siempre. No representa nada su edad, 89, a punto de cumplir los 90. Se puede decir que tiene un pacto con el diablo... ; nos narra su historia o más bien su odisea en la vida. «Éramos 7 hermanos y nos tocó separarnos muy pronto de la familia por la guerra civil. Inicialmente nos desplazamos toda la familia a Bilbao al ser nuestro padre acionalista, conviviendo varias familias juntas y pasando mucha hambre», recuerda .

En estas circunstancias, entre bombardeos, un barco llamado La Habana partió de Santurtzi, con capacidad de 400 personas, que trasladó a unos 3.000 niños vascos a Southampton, en Inglaterra. «Fuimos nosotros también. Allí se repartían los niños en familias y como éramos 3 no nos separaron y nos apuntaron por la edad. Mi hermana con 12 años -que se casó después en Inglaterra-, a mi hermano Pirmin de 7 -que luego fue bailarín- y a mí, con 9 años, nos llevaron al sur de Inglaterra, a Southampton, a unos campamentos igual que los sirios ahora. Allí nos cortaron el pelo, nos quitaron toda la ropa bonita que llevábamos y nos desinfectaron a todos. Recuerdo como a mi hermana le cortaron las trenzas. Siempre estuvimos los tres hermanos muy unidos».

Después recuerda como repartían a los niños en familias. «A nosotros nos recogió una sociedad llamada 'Cooperation Society' en Kent, una casa estupenda en la parte baja con un comedor y dos señoritas, una maestra y la otra que nos cuidaba, y en la parte de arriba las habitaciones. Cuando escuchábamos aviones nos escapábamos y las señoritas nos decían que no eran bombas, que no pasaba nada. Estuvimos allí hasta los 16 años. Cuando empezó la 2ª Guerra Mundial nos trasladaron a Canterbury».

Lore rememora como sus padres se fueron después a Francia y luego a México en busca de trabajo. En su juventud trabajó en una guardería de niños pobres, estudiando al mismo tiempo. «Mi padre murió en México con 45 años. Y es entonces cuando mi madre volvió a Zarautz, viuda con mis otros hermanos, visitándonos después en Inglaterra. Me vine con ella a Zarautz. Al principio me costó mucho adaptarme porque todo era muy diferente».

Ya aquí en Zarautz conoció a Esteban Berazadi y «nos enamoramos. Tuvimos 6 hijos y los tengo a todos alrededor. Tenemos una familia estupenda con 6 hijos, 18 nietos y 16 biznietos».

Lore ha trabajado dando clases de inglés. «Al principio tuve que aprender castellano en la academia Querejeta que había en Zarautz, porque se me había olvidado todo».

Ha enseñado inglés a mucha gente de Zarautz, al principio con clases particulares y después dando formación en los colegios. «Ahora no volvería a Inglaterra, aunque conservo las costumbres y tengo nietos allí también».

Indica que le gusta mucho leer la prensa y los libros en inglés que le trae su hija «y con los hijos me pongo al día. Sí me hubiera gustado estudiar más de lo que hice, pero las circunstancias fueron así».

La próxima celebración familiar que tiene es por su 90 cumpleaños «donde van a venir todos los nietos; ya les he dicho que 90 son muchos años».

Mertxe Subiñas Beristain (96 años) «Antes también cobrábamos menos las mujeres»

Mertxe Subiñas nos recibe en su domicilio que respira un ambiente muy acogedor rodeado de todas las fotografías familiares que nos ha ido presentando con cariño, en especial la de su marido Maximiliano Llamas. Mertxe presenta un aspecto físico y mental envidiables con 96 años, quizás sea con el secreto de haberse mantenido siempre muy activa. Así nos lo afirma.

«No pensaba que mi vida me llevara al destino que me llevó ya que inicialmente con mis padres vinimos desde Itziar a Zarautz. Fuimos 9 hermanos, yo la cuarta. En Itziar íbamos a la ikastola, todo en euskera». Ya en Zarautz, con 13 años empezó a trabajar en Pielhoff. «Siempre quisE trabajar y recuerdo que al igual que ahora las mujeres haciendo el mismo trabajo que los hombres, ganábamos menos. Eso me enfadaba mucho y solía comentarle a mi padre lo injusto que era».

En la guerra, al no haber trabajo, se marchó como 'personal de servicio' a través de una familia primero a Lérida y después a Palma de Mallorca y allí conoció a Maximiliano Llamas el que sería su marido y padre de sus 3 hijos. Donostiarra, estaba allí haciendo el servicio militar. Se casó con 24 años.

Vinieron a Zarautz y su marido se puso como aguacil y después trabajando en Muebles Alfa. Maximiliano, nos dice Mertxe, era una persona con una sensibilidad especial para ayudar a los demás. Y de hecho estuvo como concejal socialista durante 12 años en el Ayuntamiento de Zarautz. «Nunca se quedó con ninguna retribución porque las donaba todas».

Además de los tres hjos, una de las cuales vive en Palma de Mallorca, criaron a otros 3 hijos más de una familia gallega al quedarse huérfanos de madre. «Mis hijos aceptaron muy bien la circunstancia y siempre hemos sido como de familia manteniendo un trato excelente», explica Mertxe.

Maximiliano falleció con 78 años, pero «con la ayuda de los hijos hemos seguido para adelante. Mis amigas también han fallecido todas, solamente quedo yo».

Manoli Algaba y Luis Gallego (46 años de matrimonio ) «Hemos trabajado mucho; nunca hemos vivido como ahora»

Manoli Algaba llego a Zarautz siendo una niña de su Esparragosa de la Serena natal. «Mis padres y todos mis hermanos llegamos en 1959, el pequeño, Edu, con 2 años. Yo soy la quinta de los seis hermanos Algaba. Agustín, que falleció el pasado año, era el mayor. Todos vivimos en Zarautz. Soy extremeña de nacimiento, pero hija de adopción y con mucho cariño de Zarautz. No reniego de donde he nacido, pero a Zarautz le debo todo, nos sentimos muy integrados. Mis cuatro hijos y 5 nietos (el sexto en el camino), son de Zarautz, euskaldunes».

Manoli tiene 64 años y no ha hecho otra cosa que trabajar toda su vida. «Mis padres tenían ganadería en Extremadura, pero eran años difíciles y decidieron hacer las maletas. Estuvimos los seis primeros meses en Hiruerreketa, en una casa de una habitación con derecho a cocina. Imagínate el jaleo. Mi padre encontró trabajo de peón. Por aquel entonces se estaban construyendo las casas de la Sindical, en Salbide. Luego trabajó en el Náutico que también se levantó entonces. Nos bajamos a Azken Portu, al caserío Zalla, un caserío de dos plantas que mi madre alquilaba a la gente de fuera que venía a Zarautz a trabajar. Así conocí a mi marido, Luis Gallego, natural también de Badajoz, de Don Benito. Nos conocimos en el año 1966. Yo me puse de novia con 13 y me casé con 18 años; Luis tenía 23. Éramos muy jóvenes».

Manoli se jubiló hace 7 años tras ser operada de las dos caderas. «Vivimos en Itxasmendi y nos ha tocado trabajar mucho para pagar el piso y sacar adelante a los hijos. Ha sido una vida de esfuerzo y trabajo y te digo una cosa, yo como vivo ahora, de pensionista, no he vivido nunca». Manoli fue una de las nueve zarauztarras que pusieron en marcha, con la ayuda de Arantxa Zabalegi, Etxe Laguntza, la ayuda a domicilio. «Por mi trabajo he conocido y cuidado de muchas personas: a Manuel Roteta, al médido Goñi y señora, a Basarri, con los Bastarrica... Antes de en Etxelaguntza trabajé en Textil Berazadi».

Pese a estar jubilada, a Manoli la falta tiempo. «El tiempo libre lo tengo muy bien empleado. Trato de ayudar a las monjas, durante años he leído en la iglesia de Santa Clara, colaboro con el bingo semanal, también he sido vocal durante tres años en Udaberri con Uxoa Ortiz de Zarautz de presidenta; formo parte de un grupo teatral que actuó el pasado lunes en el Udaberri ...».

Para mantenerse tantos años juntos dice no hay otro secreto que «el respeto hacia el otro, ponerse en el sitio del otro; y saber perdonar como clave de la convivencia».

Martin Gorrotxategi (A punto de cumplir 96 años) «Jugaba a diario al golf y recibía clases de inglés»

Martin Gorrotxategi Ipiñazar, a punto de cumplir 96 años, natural de la localidad vizcaína de Dima, lleva más de media vida en Zarautz. «Vine por vez primera vez creo era el año 1948 para abrir una sucursal de productos para la fábrica de muebles José de Ezpeleta S.A. En Bizkaia teníamos el almacén y abrimos varias sucursales, la primera de ellas en Zarautz, luego en Azpeitia, Vitoria, León, Madrid. Era un almacén bastante importante que se cerró hace años».

Martin se jubiló con 60 años. «Cuando murió mi mujer hace 35 años decidí jubilarme y desde entonces como todos los días, de lunes a viernes, en el Lagunak. Los fines de semana me las apaño y me hago mis comidas en casa, que está al lado». Martín tiene dos hijos, dos nietos y otros tantos biznietos.

A finales de le década de los 50, fue el presidente del C.D. Zarautz. «Estuve tres años como presidente, creo que desde el 57 al 60, pero el club no era como ahora. Hoy en día todo el mundo hace deporte, hay muchas secciones».

Martin ha sido muy viajero, ha conocido muchos países y hasta apenas seis meses ha jugado a diario al golf. «El put en el green se me daba bastante bien». También hasta hace bien poco, recibía clases de inglés, «hasta el fallecimiento de Joseba Arrieta hace año y medio». Persona inquieta y de carácter, se hace querer; la gente conocida le saluda en su paseo por las calles del centro. «Llevo una vida sencilla, a mi edad qué quieres», se ríe.

Lucio Azpiazu (84 años) «Guardo muchas historias de Zarautz»

Lucio Azpiazu muestra evidente interés por la historia de Zarautz. Guarda en su domicilio carpetas de recortes de periódico de acontecimientos acaecidos en la localidad. Nacido el 13 de diciembre de 1932, a sus 84 años recuerda con cariño el Zarautz de antes.

De estudiante destacaba por sus dotes para el dibujo. Lucio ha sido una persona que ha trabajado mucho, sobre todo en el taller que tenían los hermanos Azpiazu al lado de la 'Casa del Obispo', en lo que es hoy en día Lapurdi kalea, al lado de la comisaría de la Ertzaintza. «La gente joven no sabe, pero ahí había un camino que comunicaba un extremo del pueblo con el otro y nosotros teníamos ahí la fábrica, Muebles Azpiazu, hasta que se cerró por la construcción de las viviendas a mediados de la década de los 90. Me tocaba hacer de todo: barnizar los muebles, vender, entregar en las casas y traer dinero. Vendíamos en toda Gipuzkoa y también en Bizkaia. Como anécdota te diré que la mesa del despacho del lehendakari es de nuestra fábrica».

En aquellos años Zarautz contaba con muchas fábricas de muebles, la mayoría hoy desaparecidas. Lucio se jubiló al cerrarse la fábrica, aunque también ha tenido un negocio de churrería y venta de helados frente a la iglesia de lo Franciscanos -unos fantásticos helados por cierto-.

No ha salido mucho de Zarautz, pero recuerda con especial cariño un viaje a Guatemala, a visitar a gente de Zarautz que vivía allí. De chiquiteo diario, «el médico me dijo hace dos años que no debía seguir tomando vino; llevo dos años sin probar un vaso de vino y estupendamente. Ahora bebo champán, pero sin gas», dice.

Se entretiene escuchando música clásica y en su conversación siempre tiene cabida la historia. Nos enseña una foto de 1917, de la botadura del barco Larrabeiti en la playa. «El barco lo construyó la empresa Arrillaga en Zarautz pero en la botadura encalló en el canal. Vino el remolcador Aznar, el abuelo del que fuera presidente del gobierno y lo llevó hasta Bilbao».

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