Diario Vasco

«Nos ha tocado trabajar duro y moralmente sufrir mucho»

Ana Mari Azpiazu en la silla junto a su marido Kapero.
Ana Mari Azpiazu en la silla junto a su marido Kapero. / ETXEBERRIA

Ana Mari Azpiazu nació en Bidania en 1933; llegó a Zarautz a casa del médico Don Evaristo con 21 años a cuidar sus niños. Se caso con 24 años. Kapero, su marido, nos recuerda que «todos los días la veía pasar en bicicleta por delante de la sastrería y como era tan guapa me quedé prendado de ella. Recuerdo que el día de nuestra boda Don Evaristo nos puso su coche con chófer y nos llenó de flores».

Tras casarse, se pusieron a vivir con los padres y tuvieron cuatro hijos, tres de ellos (excepto el mayor, Iñaki) sordomudos. «Entre varios padres de San Sebastián, Errenteria, Zarautz... pusimos en marcha una escuela en San Sebastián para personas sordomudas. Empezamos con un sistema pionero que hoy ha quedado un poco antiguo», explica. «La sastrería no daba suficiente y nos hicimos con el trabajo de recadistas a San Sebastián mientras acompañábamos a nuestros hijos a la escuela», recuerda Ana Mari, quien reconoce que les ha tocado trabajar y moralmente sufrir mucho. «No teníamos mucho tiempo para pensar, y menos mal».

Ana Mari se congratula que sus cuatro hijos tienen su piso, sus trabajos y familia y «la verdad, es un orgullo verles, así como a los cinco nietos que tenemos». Cuenta que el hijo mayor ha cuidado desde pequeño a sus hermanos. «Es un hijo muy responsable; todavía recuerdo que para poder sacar dinero y mientras el padre iba a trabajar de guardaplayas, el chaval venía conmigo en la furgoneta; desde bien pequeño aprendió a sacarse la vida».

La única pena que tiene es no haber aprendido el lenguaje de signos. «Antes con el nuevo sistema de aprendizaje de la escuela nos prohibieron y luego te das cuenta de que es muy necesario para comunicarse bien».

Entre sus hobbys, el baile le ha gustado mucho, recuerda cuando iba donde Marisa Merino y lo bien que se lo pasaba. Tras una prótesis en la rodilla que le pusieron mal, se desplaza en una silla de ruedas con motor. «Hoy en día disfrutamos en familia de los pequeños momentos, como el sábado (por hoy) que tenemos una comida familiar con mis hermanos».

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