Diario Vasco

«No he tenido tiempo para aburrirme, siempre había cosas para hacer»

Emilia Sanz, viuda de Joxe Goicoechea, madre de seis hijos.
Emilia Sanz, viuda de Joxe Goicoechea, madre de seis hijos.

Emilia Sanz Hondar-tza nació en Soraluze el 18 de febrero de 1932, cuenta por tanto con 84 años. Su padre era de Burgos y la madre zarauztarra. En el 36 durante la guerra a su padre le enviaron a Asturias y «como en Soraluze no había nada, mi madre con una vecina, Ciriaca, a quien la guerra mató a un hijo, nos marchamos a Neguri. Estuvimos una temporada de okupas en un chalet. Ya después de un tiempo, al finalizar la guerra, regresamos a Soraluze», recuerda.

Emilia dice que encontraron Soraluze tal como la habían dejado a pesar de los rumores que hablaban de lo contrario. «Mi padre aprendió oficio de mecánico en la Escuela de Armería de Eibar, pero en Eibar había desaparecido el taller de mecánico donde trabajó. Es cuando pensaron mis padres venir a Zarautz. Era el año 1940 y bastantes oportunidades para buscar el pan de cada día. Tal es así que se colocó trabajando como mecánico en la empresa de los alemanes Pielhoff».

Con trabajo, toda la familia se vino de Soraluze a Zarautz a vivir. «Ya el primer día de llegada nos ayudó Don Evaristo con mi hermana pequeña de 20 meses; no podía respirar y la llevó al hospital donde no se pudo hacer nada y falleció».

En aquella época se alquilaban mucho las habitaciones con derecho a cocina y «alquilamos durante años a un matrimonio de Madrid. Luego con 17 años me llevaron una temporada a Madrid. Aquel matrimonio tenía comercio de mercería y me entró el gusanillo. Además, enfrente de nuestra casa había una modista, Ameli, y al terminar la escuela me fui a aprender a coser con ella. Después con 19 años empecé en la sastrería de José Mari Iceta. Como sabía coser, podía ayudarle y aprendí el corte allí. En un mes de marzo por ejemplo recuerdo que hicimos 29 trajes. Tenía mucho trabajo. Y a los 20 años me puse por mi cuenta cosiendo de día y de noche. Para todo lo que había en Zarautz, ahora está muy tranquilo. En aquellos años había muchas ganas de hacer cosas».

Cuenta Emilia cómo conoció a su marido Joxe Goicoechea, el más joven de los hermanos, tras pasar por el seminario. «Su familia tenía bar en Santa Marina. Bailábamos en la plaza todos los domingos. Y cuando sacó el carnet se dedicó al transporte a Bilbao. Les iba muy bien, así que mi suegro con tanto hijos casaderos compró un terreno y levantó una casa con varios pisos para todos en Zigordia».

Emilia y Joxe han tenido 7 hijos. «La primera se me murió en el parto con la vuelta del cordón. Luego vinieron 6 más y mientras criaba a mis hijos les hacia yo toda la ropa. Hace ya diez años me quedé viuda. Tenemos 10 nietos y un bisnieto», dice con orgullo.

«Y ahora me quedan las amigas y mi hermana mayor con las que salgo y quedamos en el Euskalduna, nos reímos y pasamos un buen rato. También me gusta mucho leer, más que ver la televisión. Ahora mismo estoy leyendo un libro de Revilla, el presidente de Cantabria; me gusta porque razona todo. Y así transcurre mi vida, una vida en el que nunca he tenido tiempo para aburrirme, siempre he tenido cosas para hacer».

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