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Alicia Iturrioz, que pasa sus veranos en Zarautz, con el libro escrito en recuerdo a su marido.
Alicia Iturrioz, que pasa sus veranos en Zarautz, con el libro escrito en recuerdo a su marido. / ETXEBERRIA

Alicia Iturrioz (89 años, pintora y viuda de Ricardo Macarrón): «Con el libro he querido repasar los más de 60 años de matrimonio junto a mi marido»

Alicia Iturrioz acaba de salir del hospital y está muy agradecida al trato recibido en el Hospital Universitario Donostia. La viuda del pintor Ricardo Macarrón está encantada por haber recobrado la salud. «Me he salvado por la campana», señala. Fue operada de una peritonitis aguda y ya se encuentra en casa. Esta pintora eibarresa, de 89 años, veranea desde pequeña en Zarautz. Como lo hace cada verano, alargará su estancia entre nosotros hasta finales de septiembre. Mantiene una memoria privilegiada. Tiene recopilados todos sus recuerdos junto a su marido en el libro 'Mi vida con Ricardo Macarrón' que publicó hace un par de años, donde repasa los más de 60 años de matrimonio.

Aprovechando que ya se encuentra en casa y ha empezado poco a poco a salir a la calle, hemos tenido oportunidad de saludarla y hablar con ella de su operación y de su vida junto al pintor de la Familia Real, Ricardo Macarrón, fallecido hace doce años.

-La han operado recientemente, ¿se encuentra recuperada?

-Así es; estoy encantada del cariño y del trato recibido por el personal del Hospital Universitario Donostia. Ingresé de urgencia a las seis de la mañana y a las once de la noche ya estaba operada de peritonitis aguda. Todo salió muy bien. Me llevaron a la habitación de rehabilitación donde desperté a la mañana siguiente. Las enfermeras me mimaron de manera maravillosa. A los cinco días me dieron el alta médica y a mis 89 años estoy tan agradecida que pienso que benditos sean los impuestos que pagamos, que si llegan a donde deben permiten a nuestra sanidad conservar nuestro maravilloso hospital de San Sebastián.

-Usted reside en Madrid; la atención allí no será peor.

-No sé, no he pasado por esta situación en Madrid, pero la atención de aquí ha sido de sobresaliente, estoy muy agradecida.

-Nacida en Eibar, creo ha veraneado toda la vida en Zarautz.

-Soy una eibarresa de pura cepa; no tengo 8, sino por decirte algo, 48 apellidos vascos. Iturrioz, Arrizabalaga, Urrizar, Ibazeta ... El primer castellano que entró en mi casa fue mi marido. Vivo en Madrid, pero ésta es mi tierra. Me siento zarauztarra. Desde los 8 años veraneo en Zarautz, y con 14 me vine e vivir, en aquel entonces a la villa Otaola, al lado del Gran Hotel. Con 17 años me fui a Madrid a estudiar a la escuela de Bellas Artes.

-¿Cómo conoció a Ricardo Macarrón?

-En Madrid, en la escuela de Bellas Artes. Cuando yo ingresaba, él iba dos cursos por delante. Nos conocimos y tras seis años como novios nos casamos un 16 de mayo de 1951 en la la parroquia de Zarautz. Los comienzos no fueron fáciles, con 13.000 pesetas en el banco como capital, pero hemos tenido una vida muy intensa y divertida, viajando por todo el mundo.

-Se pusieron a vivir en Madrid, pero en la época estival no faltaban a Zarautz.

-A Ricardo también le encantaba esto, le relajaba mucho. Un verano estuvimos en Marbella, pero no nos gustó nada. Mantengo el piso del parque de Torre Luzea. Yo suelo venir a finales de junio y estoy aquí hasta el final de septiembre. Tres meses completos.

-¿Qué recuerdos guarda de aquellos año mozos?

-Unos recuerdos maravillosos, con mi hermana, mis primas, la pandilla... Conocíamos todos los rincones, íbamos a comer, jugábamos a las cartas en los cafés de la playa...Éramos 12 en la cuadrilla de Zarautz y solo quedamos dos, Charo Zabala (la madre de Marian, del Euskalduna que tiene 93 años) y yo con 89.

-Pese a su edad, hace dos años publicó un libro sobre su vida junto a su marido.

-Mi marido era una gran persona, un fuera de serie, no solo como pintor, sino como persona. Falleció hace ahora 12 años y fue el pintor de la Casa Real. Con este libro 'Mi vida con Ricardo Macarrón', que publique a los 10 años de su fallecimiento hace dos años, con 87, he querido repasar los más de 60 años que pasé junto a mi marido, fallecido en 2004. Este libro es un homenaje a mi marido, el viaje a lo largo de nuestras vidas, con fotografías de sus retratos y mis pinturas, los lugares a los que fuimos y de la gente que conocimos.

-Su marido fue el pintor de la Familia Real, ¿verdad?

-Así es, inmortalizó 5 generaciones de la Familia Real, de los Borbones, comenzando con la reina Victoria Eugenia. Ese cuadro gustó tanto a la Familia Real, que tras el fallecimiento de Victoria Eugenia, hubo una pequeña disputa sobre quién se lo quedaba. En la actualidad, es Alfonso de Borbón, hijo del duque de Cádiz, el que lo tiene. Velázquez tiene pintados tres generaciones de la Familia Real, Goya dos, pero, como te digo, mi marido cinco.

-A raíz de este trabajo, llegaron los siguientes encargos.

-Así es. Años después, en 1974, mi marido recibió el primer encargo de retratar a don Juan Carlos y doña Sofía, entonces Príncipes. Siempre venían al estudio, menos una vez que fuimos al palacio debido a un accidente doméstico que sufrió el Rey. Don Juan Carlos era de lo más campechano, tanto es así que daban ganas de hablarle de tú. Por su parte, doña Sofía también era cordial y encantadora, pero algo más reservada.

-¿Tuvieron un feeling especial con don Juan Carlos?

-Ricardo retrató en 22 ocasiones a don Juan Carlos. El momento del café se convirtió en una costumbre durante sus visitas al estudio. La cafetera en la que se le servía fue bautizada como 'la cafetera del príncipe'. Como curiosidad, en una de las fotos del libro se me ve con un niño en brazos, es el actual Rey, Felipe VI.

-Trabajo no le falto a su marido.

-Ricardo trabajó mucho. Recuerdo como en 1977 pintó a Gracia de Mónaco. Yo tuve gran complicidad con ella, porque yo pintaba y ella hacía cuadros con flores secas. Posaba en el palacete que tenía en París y comíamos juntos todos los días. Solían venir sus hijas, Estefanía, que se pasaba todo el rato haciendo gimnasia, y Carolina, que estaba muy esquiva porque empezaba a salir con Philippe Junot. También fue toda una experiencia retratar, en 1982, a Isabel II en el Palacio de Buckingham, una mujer muy divertida. Mi marido también plasmó en sus lienzos a la reina Noor de Jordania. El retrato de la actual gran duquesa, María Teresa de Luxemburgo fue el último que realizó antes de fallecer. Mientras mi marido pintaba yo solía dibujar con bolígrafo los detalles de las habitaciones.

-Tendrá alguna anécdota de aquellos años para contar, ¿no?

-Nos hemos codeado con mucha gente. Con todos, aristocracia y no aristocracia. Reyes, principes, condes... una relación muy directa con todos ellos, pero también con gente más humilde. Me acuerdo que un año fuimos en moto, con nuestra Lambreta, desde Madrid hasta Oslo en Noruega, para cobrar seis cuadros que nos debían. Fíjate que viaje. Fueron años muy felices en los que recorríamos el mundo.

-Y en Madrid,¿ dónde vive?

-Vivo en Nuevos Ministerios, al lado de La Castellana. Vivo allí en las casas que construyó Zuazo, que también veraneaba en Zarautz y levantó aquí la casa roja de Lizardi kalea, a la altura del Hotel Zarautz.

-Y sus dos hijas, ¿dónde residen?

-Una de ellas vive en Estados Unidos, en California, y la otra en Madrid. Mira, mi nieto americano fue hace unos años campeón de Estados Unidos de banco móvil. Mi bisabuelo era pescador en Ondarroa y se ve que los genes habrán influido algo.

-Ahora todo el mundo conoce a Arguiñano, pero en aquellos años ¿quiénes eran los embajadores de Zarautz?

- Yo citaría a Teodoro Rochas, un año menor que yo. Eramos buenos amigos y un gran embajador de Zarautz, lo mismo que Juanita Bengoetxea y su marido en la carnicería. Todo el mundo se paraba con ellos. Ahora tenemos a Arguiñano.

-Para terminar, ¿cómo ve Zarautz en la actualidad?

-Está preciosa. Aunque ha cambiado mucho de nuestra juventud a hoy en día, Zarautz siempre es un sitio encantador al que quiero seguir viniendo.