«Este viaje ha servido para remover conciencias sobre las enfermedades raras»

Sergio Gómez muestra el maillot con los logos de las empresas que han colaborado en el proyecto./E.A.
Sergio Gómez muestra el maillot con los logos de las empresas que han colaborado en el proyecto. / E.A.

Sergio Gómez ha realizado la ruta entre Azpeitia y el Vaticano para concienciar sobre la Enfermedad de Duchenne y lograr financiación para su investigación

ELI AIZPURUAZPEITIA.

Ya hace varios años que Sergio Gómez, argentino afincado en Azpeitia, inició su particular lucha para conseguir combatir la enfermedad de Duchenne, una enfermedad genética que hace que los músculos vayan perdiendo sus funciones de manera progresiva. Esta pérdida de funcionalidad merma considerablemente la calidad de vida de quienes la sufren, que principalmente son niños, a lo que se suma que la esperanza de vida de esta patología no supera los 30 años.

Dos de sus hijos varones padecen la enfermedad. «Para mí es una cuenta atrás», asegura Gómez. Además, «no lucho solo por ellos sino por todos los niños que tienen esta enfermedad para que se pueda investigar y algún día, pueda tener cura». Para ello creó la Asociación Solidaridad y Esperanza y en el camino «me he encontrado a muchas personas solidarias que creen el proyecto», dice.

Su último reto ha sido el de completar la ruta entre Azpeitia y el Vaticano en bicicleta. Han sido 2.000 kilómetros «muy duros», ha asegurado el propio Gómez. Acaba de regresar del viaje «algo desgastado», dice, con su peculiar acento argentino. Prueba de ello son los cerca de 10 kilos que ha bajado, «pero todavía me quedan», añade.

Ha estado acompañado por Pedro Higuera, un eibarrés que se ha sumado a la iniciativa y ha sido el apoyo -ha conducido la furgoneta junto a él-. «Es un hermano para mí. No nos conocíamos pero durante estos días ha sido el chef, el que ha calculado las rutas, en definitiva, mi apoyo. No hay palabras para definir lo agradecido que estoy».

Han sido 19 días de viaje más la vuelta, ya en coche. Salieron el pasado día 1 de marzo y llegaron al Vaticano el día 19, en un día significativo como es el Día del Padre. Allí fueron recibidos por los embajadores de España y de Argentina.

Sergio Gómez recuerda la llegada al Vaticano como «un día emocionante» ya que durante el trayecto han tenido sus dificultades y no ha sido todo de color de rosa. Además del esfuerzo físico importante -con 100-120 kilómetros diarios-, «era todo muy psicológico», ha relatado, pero «cuando decaía, pensaba en los niños. No podía darme el lujo de abandonar. Me apoyaba mucho en Dios. El cansancio físico era tremendo», recuerda.

Las anécdotas también son muchas. Han tenido multas, lluvias torrenciales, incluso una caída que les pudo hacer desistir del intento de llegar al Vaticano. «En el recorrido hacia Roma, nos metimos en una autovía sin darnos cuenta porque por algunos lugares no había más que autovías y autopistas. Un policía nos puso una multa. Por fortuna no fueron más de 26 euros».

La caída fue el mayor susto. «Tuvimos un altercado con un conductor que me salió al frente en Niza. Me hice daño en el pie y tuve una inflamación de tendón importante. Faltaba mucho recorrido aún y estuve con dolores. En un club deportivo me dijeron que no podían masajearme la zona por la inflamación que sufría por lo que continué con dolores durante varios kilómetros. Me masajeé con aceite de oliva y el ibuprofeno, por suerte, me aplacó el dolor».

Pese a las dificultades, la fortuna, también le ha acompañado en otros puntos del camino. «En la frontera entre Francia e Italia, en la costa, aprovechamos para sacar fotos y hablar con los gendarmes, que quisieron conocer nuestra causa. Nada más sacar la foto y salir, a unos ocho metros una gran ola alcanzó la furgoneta. Pedro salió asustado. Por suerte, no me había pillado pero el hombre se temió lo peor».

Solidaridad

Sergio Gómez se queda con la solidaridad de todas aquellas personas con las que se ha encontrado en el trayecto. «Los camioneros me cuidaban en la carretera, protegiéndome y pasando cuando podíamos ir a un costado. La gente nos paraba y nos pedía explicaciones, quedándose con el número de cuenta y correo que llevaba la furgoneta. Lo más emocionante eran los niños que se acercaban a animarme».

Para llevar a cabo el proyecto 'Ruta de la Esperanza', Gómez ha contado con la solidaridad de varias empresas, comercios y entidades de la zona que -con los recibos de las donaciones en la mano-, quiere continuar con su labor solidaria. Ha reunido 270 euros de donaciones particulares y el resto ha sido para poder llevar a cabo el proyecto (bicicletas, comida y gastos mínimos porque han dormido y comido en la furgoneta). El objetivo era «concienciar a la gente sobre la enfermedad, hacerlo visible», y ahora muchas más personas conocen sus esfuerzos para la investigación de las enfermedades raras.

Sergio Gómez no para. Tiene en mente un nuevo proyecto, «también en bicicleta» pero «ha llegado el momento para pedir ayuda, financiación, para los niños con esta enfermedad». De momento, «quiero realizar dentro de poco el trayecto hacia Ajuria Enea para pedir financiación al lehendakari», adelanta.

Luego, tiene en mente un nuevo reto que vendría a ser la Segunda Ruta a la Esperanza, todos por la vida, ya que «no voy a dormir en paz hasta que me toque algo. Nadie puede estar tranquilo mientras sus hijos estén enfermos. Lo daré todo por ellos y por los chicos que sufren enfermedades raras».

Gómez agradece la colaboración de todas las personas y entidades que han apoyado el proyecto y anima a otros muchos a que lo hagan. Desde estas líneas invita a la Federación Vasca de Enfermedades Raras para «que me acompañe en el siguiente proyecto». A su vez, solicita a las familias con niños con este tipo de patología «que se arrimen a la Asociación. Quiero que nos unamos para hacer fuerza entre todos». Asegura que «ahora es más fuerte» y seguirá entrenando, «por la sonrisa de los ñaños y sus familias».

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