Tarde de emoción y triunfos

Tarde de emoción y triunfos

El temple de Curro, el buen momento de Perera y la bisoñez de Roca Rey propiciaron una buena tarde de toros

MANOLO HARINA Azpeitia

Lívido, descompuesto, sin chaquetilla, con la camisa y el chaleco manchados de sangre Curro Díaz, buscó a ‘Laminado’, junto al tercio, para comenzar su faena de muleta. Hacía poco más de cinco minutos que había vuelto a la plaza, acompañado de sus hombres de confianza, desde la enfermería. Allí había llegado desvanecido por un fuerte golpe en la cabeza, recibido durante el inicio de faena del primer toro. Curro había estado más que prudente, vigilando la lidia por parte de su cuadrilla. Pero en ese momento ya estaba solo otra vez. ¿Qué puede pasar por la cabeza de un hombre, que ayer reaparecía después de una cornada y vuelve a tener que pasar por la enfermería? Nunca se sabrá; Lo que si pudimos apreciar, quienes estábamos en la plaza fue una faena de temple, despaciosidad, gusto, arte, Toreo con Mayúsculas. No fue larga, pero fue intensa... Ayudados por bajo para sacar al toro desde el tercio a los medios. El toreo al natural comenzó con una serie de tres pases, de una suavidad exquisita. Después de una segunda tanda por el mismo pitón rematada por un pase de pecho, tres pases ayudados por alto de categoría.. Después del remate con el de pecho muy ceñido, quién salió de la cara del toro, era otra vez un torero lleno de confianza y seguro de sí mismo. Una estocada casi entera sirvió para que paseara la oreja.

La papeleta de Miguel Ángel Perera no era fácil. Se encontró con un toro soso, descastado, que se colaba… que había mandado a su compañero a la enfermería. Después de una faena de aliño, mató con prontitud. En sus dos toros reglamentarios dio una muestra de su momento de su madurez torera; han pasado ya años, desde que debutó como novillero en el ruedo de Illumbe. Se ha convertido, sino en una figura imprescindible, si en un torero que puede ocupar un puesto muy digno en cualquier cartel de postín.

Grandes aptitudes

Tiene un toreo largo, cadencioso. Sabe conjugar plenamente el binomio del tiempo y del espacio. Igual cita de lejos y espera al toro para ligar en redondo, que une pases sueltos al natural, sabiendo crear una serie donde otro fracasaría. Ha logrado un toreo de personalidad propia. En sus dos toros compuso la faena de un modo similar, lo que pasa que el primero era blandito, tenía una embestida pegajosa y poca casta, y en cambio el quinto fue el bombón de la corrida; un toro noble y repetidor premiado con la vuelta al ruedo. Silencio en uno y dos orejas en el otro.

Andrés Roca Rey ha pasado de puntillas por Azpeitia. También recién reaparecido, toreó con excesivas precauciones, despegado y sin ese punto de encimismo y valentía que le da un sello personal. Sin eso se queda en uno más.

De los toros de Fuente Ymbro, poco que decir. Un gran toro el quinto, un toro noble el cuarto. El resto, blandos con poca casta y muy distraídos.

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