Piden 11 años para un acusado de violar a una joven en Azpeitia hace 20 años

Piden 11 años para un acusado de violar a una joven en Azpeitia hace 20 años

El procesado, de origen magrebí y que se encuentra huido en Francia, también será juzgado por intentar abusar de otra mujer en Bergara en 1998

Javier Peñalba
JAVIER PEÑALBASan Sebastián

La Justicia es a veces lenta; otras, muy lenta, y en ocasiones desesperadamente lenta. Pero no siempre la culpa es de los estamentos judiciales. Este caso puede que sea uno de ellos. El próximo mes de marzo, la Sección Tercera de la Audiencia tiene reservada la sala de vistas para un proceso que juzgará dos delitos contra la libertad sexual que se cometieron hace veinte años en Gipuzkoa. El procedimiento se ha demorado en exceso porque, entre otras razones, el acusado, un varón de origen magrebí, se hallaba en paradero desconocido desde hace varios lustros. Todavía lo está, aunque la Policía francesa habría detectado su presencia al otro lado de la frontera. Sobre el acusado recae una orden internacional de busca y captura. Lo que no se sabe es si la requisitoria surtirá efecto antes de la fecha del juicio, prevista para el día 6.

El caso estaba a punto de prescribir. Lo habría hecho dentro de unos meses. El acusado se enfrenta a dos imputaciones. Una por agresión sexual consumada y otra en grado de tentativa. Por la primera de ellas la Fiscalía Provincial reclama una pena de ocho años, mientras que demanda otros tres por la segunda. Además, le imputa un tercer delito de lesiones, por el que pide penas de fines de semana de arresto.

El delito más grave se remonta a noviembre de 1998. El día 12, el acusado recogió a la víctima cuando hacía autostop en Azpeitia y tras indicarle que se abrochara el cinturón de seguridad la trasladó hasta un polígono industrial de la vecina Azkoitia.

Allí, según el escrito de conclusiones provisionales redactado por el ministerio público, el acusado se abalanzó sobre la joven a la que agarró del cuello. En los instantes posteriores le despojó del jersey al tiempo que le obligó a desvestirse. Los gritos de la víctima hicieron que el acusado le instara repetidas veces a que se callara, a la vez que le manifestó que no se «trataba de una violación».

En aquellos momentos, el acusado llegó a colocar el jersey de la chica sobre la cabeza, para que no pudiera memorizar sus rasgos faciales y así impedir que facilitara una descripción física sobre su persona.

El acusado mantuvo a la víctima en esta situación hasta que finalmente consumó un delito de agresión sexual. Tras el ataque, el acusado instó a la joven a que no interpusiera denuncia alguna y la llevó hasta el casco urbano de la localidad, donde la dejó marchar, no sin antes advertirle de que no mirara hacia atrás mientras caminaba.

Abordada en la parada

El segundo de los hechos objeto del proceso se cometió tres días después de la agresión anterior. En esta ocasión, el acusado detuvo su coche delante de la parada del autobús en Bergara, donde la víctima aguardaba la llegada de un servicio para desplazarse hasta otra localidad cercana.

El procesado se aproximó con el coche hasta la chica y se interesó por la ruta que debía seguir para desplazarse hasta Eibar. Tras ser informado, el varón se ofreció a llevarla, si bien en un primer momento esta rehusó a subirse. Sin embargo, ante la insistencia, la joven finalmente accedió.

El acusado emprendió la marcha y al llegar a Soraluze tomó un desvío. Adujo que conocía un atajo y se dirigió por la carretera hacia el barrio de Sagar-Erreka. Tras recorrer una distancia, el acusado detuvo el turismo y sometió a la víctima a diversos tocamientos.

En aquellos instante se inició un forcejeo entre ambos en el transcurso del cual el acusado propinó a la mujer un golpe. El procesado amenazó también a la chica con un destornillador de unos diez centímetros de longitud. Ante aquella situación, la chica le dijo que cogiera el dinero y la dejara marchar.

En los momentos que siguieron, el acusado anotó datos personales de la víctima obtenidos de su documento nacional de identidad. Lo hizo con la finalidad de poder tomar cualquier represalia en el supuesto de que denunciara los hechos.

Junto a las penas privativas de libertad, la Fiscalía solicita que el acusado indemnice con 15.000 euros a la primera de las víctimas, y de 6.800 a la segunda. Esta última tardó 60 días en recuperarse de las lesiones que sufrió.

La presencia del acusado fue descubierta en Francia, después de que la Policía gala le investigara también por delitos similares cometido al otro lado de frontera. El acusado, al parecer, habría logrado burlar a los agentes que seguían su pasos.

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